Si tienes un reptil en casa, seguramente sabrás que estos animales mudan la piel en momentos específicos del año. Pero obviando a las serpientes, las tortugas o los lagartos, existen otras criaturas que renuevan su cuerpo en puntos específicos de sus ciclos de vida. Como por ejemplo, los camarones, las moscas, las arañas y algunos crustáceos.

En la naturaleza podemos encontrar varias mudas de animales pero, curiosamente, esta habilidad no es tan común como parece. ¿Por qué? Los investigadores del laboratorio de Helge Grosshans nos lo explican en un nuevo estudio.

Resulta que existe un “reloj de muda molecular” que regula este proceso en algunas criaturas, y en otras solo se encarga de la reparación de la piel. 

La genética de los animales que mudan su piel

Para dar con este mecanismo, los investigadores analizaron uno de los gusanos más estudiados en el laboratorio: el C. elegans. Este nemátodo se desarrolla a través de cuatro etapas larvales que terminan rítmicamente con mudas, es decir, con el desprendimiento de su exoesqueleto. 

Larva de C. elegans mudando su piel / Créditos: EMBO press

El equipo analizó la genética de este gusano en busca de algún factor de transcripción rítmica y, como resultado, encontraron una proteína clave para las mudas de piel. Se trata de la GRH-1, que controla la reparación de diferentes tejidos epiteliales en animales. 

Cuando esta proteína faltaba, la larva de gusano no podía desprender de la cubierta exterior de su cuerpo, por lo que moría durante el desarrollo. 

Los investigadores probaron activando y desactivando esta proteína en momentos específicos del ciclo de vida. Así notaron que el GRH-1 funciona como un reloj molecular: se activa periódicamente para facilitar el desprendimiento de la piel y sincronizar los diversos procesos que abarcan la ecdisis. Como por ejemplo el letargo, un estado similar al sueño que se produce después de la muda y ayuda a regenerar los tejidos.

“Aquí hemos demostrado que la transcripción rítmica del GRH-1 impulsa la formación de una muda. Por lo tanto, es una proteína esencial para regenerarse parcial o completamente”.

Milou Meeuse, investigador en el FMI

El “reloj de muda” en otros animales 

Curiosamente, el GRH-1 y otras cinco proteínas clave en los nemátodos tienen contrapartes en los mamíferos. Sin embargo, en nuestro caso, ninguna de esas proteínas produce una muda completa de la piel. Solo se encargan de regular el desarrollo de la epidermis y cicatrizar heridas en los párpados. 

Manos humanas / Vía Pixabay

No existe, al menos por ahora, una explicación para este cambio de función entre unos animales y otros. Los investigadores creen que puede deberse al tipo de transcripción que se lleva a cabo, pero se necesitan más estudios para determinar el funcionamiento del “GRH-1 humano”.

Tal vez nuestro cuerpo no esté diseñado para mudar de piel como ocurre con los reptiles, pero podríamos ser capaces de regenerar quemaduras severas, desgarros o lesiones que parecen fatales. 

“Estamos particularmente intrigados por los aparentes paralelismos entre la muda de C. elegans y el ciclo del folículo piloso de los mamíferos. Este proceso de regeneración rítmica de la piel también está controlado por un «reloj», y puede promover el crecimiento del vello”.

Milou Meeuse 

Así que todo parece indicar que tendremos que entender este reloj antes de pensar en proyectos más ambiciosos, como la regeneración de la piel o de ciertas partes del cuerpo perdidas.

Referencias:

C. elegans molting requires rhythmic accumulation of the Grainyhead/ LSF transcription factor GRH ‐1 https://dx.doi.org/10.15252/embj.2022111895

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