Ya sea que seamos conscientes de ello o no, siempre estamos formando expectativas. Por lo general, estas posibilidades nos permiten anticiparnos mentalmente a lo que pueda ocurrir y, así, motivarnos a lograr cualquier cosa. Sin embargo, las expectativas también tienen un lado oscuro: pueden aumentar nuestra ansiedad. 

La forma en que desarrollamos expectativas difiere de persona a persona. Mientras que algunos ven el futuro con optimismo, otros adoptan una perspectiva más pesimista hacia la vida. Si bien ninguna de estas posturas es “errónea”, los investigadores de la Universidad de Miami han demostrado que aquellos con una emocionalidad negativa son más propensos a desarrollar ansiedad. 

En su estudio, explican que esto es debido a que sus expectativas suelen estar alejadas de la realidad. Por lo tanto, nunca llegan a cumplirse.

Las expectativas erróneas y el aprendizaje

Gran parte de los conocimientos que adquirimos a lo largo de nuestra vida provienen de las expectativas. Cuando estas no se cumplen, se convierten en una señal de aprendizaje que usamos para formar mejores expectativas en el futuro.

Una incógnita negativa o una exclamación positiva / Vía Pixabay

Sin embargo, los seres humanos por naturaleza suelen aprender más de las expectativas positivas que de las negativas. Los expertos llaman a esto «sesgo de aprendizaje optimista», y es mucho más frecuente de lo que imaginamos. 

Para demostrarlo, el equipo analizó los altibajos en las expectativas utilizando lo que más les importa a los estudiantes universitarios: sus calificaciones.

Los estudiantes de química de la Universidad de Miami fueron los principales participantes. Ellos compartieron las calificaciones de cuatro exámenes realizados a lo largo del semestre, y una predicción de la calificación que esperaban obtener (de cero a 100). 

Durante el estudio, los investigadores identificaron dos grupos. Por un lado, los estudiantes optimistas, y por otro, los pesimistas. 

Cuando los estudiantes más optimistas recibieron una puntuación más baja de lo que esperaban, sus expectativas no cambiaron de cara al siguiente examen: se mantenían igual de motivados. Pero los estudiantes pesimistas, que tendían a predecir que obtendrían una puntuación más baja, eran otra historia. Incluso cuando su última calificación fue un poco más alta de lo que predijeron, ellos seguían ansiosos porque creían que la siguiente sería más baja.

¿Qué podemos aprender de estas expectativas?

Hombre saltando / Vía Pixabay

Al ver esta forma de abordar las expectativas, el equipo concluyó que había una pequeña diferencia en cada grupo.

  • Los estudiantes optimistas mostraron un sesgo de aprendizaje: asimilaron más cuando lo hicieron mejor de lo que esperaban que cuando lo hicieron peor.
  • Por el contrario, los estudiantes pesimistas, con expectativas más inexactas, nunca llegaron a aprender. Siempre esperaban el mismo resultado, lo que les causaba ansiedad.

En pocas palabras, este estudio demuestra que las emociones positivas o negativas de los individuos no solo fueron impulsadas por las calificaciones que recibieron en los exámenes, sino por lo que esperaban recibir. 

Por lo tanto, puede que ayudar a las personas a tener expectativas más precisas sea un tratamiento importante para la ansiedad o la depresión.

«Las expectativas inexactas predijeron si los estudiantes desarrollarían síntomas de ansiedad más adelante en la vida».

Aaron Heller, autor principal del estudio

En cualquier caso, es evidente que las predicciones y las expectativas no solo pueden afectar el estado de ánimo, también revelan cómo aumenta nuestra ansiedad. 

Referencias:

Individual differences in naturalistic learning link negative emotionality to the development of anxiety https://dx.doi.org/10.1126/sciadv.add2976 

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