El océano es inmenso, pero algunos peces saben exactamente a dónde tienen que ir. Como es el caso de los peces cebra que, aunque parecen perdidos la mayor parte del tiempo, en realidad están siendo guiados a casa por sus cerebros. 

Los investigadores del Instituto Médico Howard Hughes, en Estados Unidos, han descubierto que el rombencéfalo de los peces funciona como un radar. Esta región, evolutivamente conservada en la parte posterior del cerebro, les ayuda a calcular su ubicación y a utilizar esa información para reorientarse. 

Por lo tanto, en el océano no hay tantos “nemos” como pensábamos. 

El cerebro antiguo de los peces perdidos

Pez cebra / Vía Pixabay

Después del ratón, el pez cebra (Danio rerio) se ha convertido en uno de los animales más utilizados en experimentos científicos. Esto debido a que es una pequeña especie de agua dulce, fácil de cuidar, con una gran vista y un poderoso olfato. Cualidades interesantes tanto para el estudio de enfermedades humanas como para mejorar en acuicultura. 

Sin embargo, los investigadores no esperaban que estos peces perdidos tuvieran algo tan complejo como un “mapa cognitivo” en sus cerebros. 

El hallazgo fue toda una sorpresa. Mientras un pez cebra nadaba en el entorno de realidad virtual (VR), los autores utilizaron una técnica de imagen para medir lo que ocurría en su cerebro. Esto con la finalidad de entender su forma de nadar, aunque lo que descubrieron fue que los peces eran capaces de corregir su rumbo cada vez que las corrientes cambiaban.

Cuando eran empujados por el agua, una región del cerebro de estos animales se activaba para recordarles su ubicación original. Nos referimos al rombencéfalo, también llamado oliva bulbar. 

Cómo funciona el rombencéfalo

Esta zona en el tronco encefálico le envía señales al pez basándose en sus ubicaciones actuales y pasadas. 

Según los investigadores, estas señales son como “alertas”. Se activan cuando el curso cambia, para que el pez perdido reaccione y coordine un movimiento de regreso con ayuda del cerebelo, la región encargada de la locomoción en el cerebro.

“Descubrimos que el pez intenta calcular la diferencia entre su ubicación actual y su ubicación preferida, y utiliza esta diferencia para generar una señal de error”.

En Yang, científico en el Instituto Médico Howard Hughes

Para confirmarlo, los investigadores bloquearon estas vías de navegación con ayuda de algunos medicamentos. Como resultado, el pez cebra fue incapaz de volver a casa otra vez.

Así que, todo parece indicar que estos peces usan sus cerebros para seguir el rumbo después de haber sido movidos por una corriente. 

¿Los humanos perdidos podrían aprender algo de los peces?

Persona sosteniendo brújula / Vía Pexels

Esta nueva investigación demuestra que los peces “perdidos” poseen un cerebro capaz de reorientarlos. Sin embargo, las regiones ancestrales descubiertas en estos animales podrían estar presentes en otros vertebrados, incluyendo al ser humano. 

Los investigadores planean comprobarlo muy pronto en sus laboratorios, estudiando el rombencéfalo de los mamíferos. 

Para ellos, esta red es fundamental para la supervivencia. No solo porque permite la navegación exitosa por entornos tan vastos como el océano, también porque podría explicar cuando un animal va hacia un lugar específico para refugiarse. Después de todo, se trata de una región que almacena recuerdos y genera alertas basándose en ellos. 

“Este es un circuito muy desconocido para esta forma de navegación. Creemos que podría explicar la exploración y la navegación basada en puntos de referencia”.

Misha Ahrens, coautor del trabajo.

Por lo tanto, algunos peces y animales en la naturaleza podrían no estar tan perdidos como pensamos, gracias a su cerebro ancestral.

Referencias:

A brainstem integrator for self-location memory and positional homeostasis in zebrafish https://doi.org/10.1016/j.cell.2022.11.022 

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