En la naturaleza, el más rápido siempre es el que sobrevive. Podemos ver esto a diario cuando ratones, moscas o cucarachas se enfrentan a un depredador poderoso. Su “instinto de supervivencia” los hace saltar, correr y ocultarse instantáneamente en un lugar seguro. Por mucho tiempo se pensó que esta reacción era espontánea, sin embargo, parece que el cerebro planea con antelación cuándo los animales pequeños deben escapar de una amenaza. 

Así lo sugieren los investigadores del Sainsbury Wellcome Centre, quienes estudiaron cómo las presas ejecutan sus exitosas estrategias de escape.

En su estudio, confirman que dos áreas del cerebro se activan cuando aparece una amenaza, y trabajan conjuntamente para encontrar un refugio lo más rápido posible. Nos referimos al córtex retroesplenial, encargado de la navegación y memoria episódica, y el tubérculo cuadrigémino superior, que controla los reflejos.

Un cerebro rápido puede ser mejor que pies rápidos

Gato cazando un ratón / Vía Wikimedia

Para evadir a un atacante y evitar ser devorado, se necesita cierto grado de inteligencia. Con esto no nos referimos a la capacidad de resolver problemas matemáticos, sino al hecho de poder recordar lugares seguros y decidir cuándo es momento de correr, congelarse o atacar. 

Este tipo de inteligencia subyace en el cerebro, que controla todos nuestros estímulos a través del sistema nervioso. Y todo parece indicar que ha estado presente desde el momento en que hubo vida, hubo especies que se depredaban entre sí y, por ende, una fuerte presión evolutiva por sobrevivir. 

Sin embargo, nunca antes se había estudiado qué motiva esta reacción en el cerebro de los animales que deciden escapar. 

Para dar con el mecanismo, los investigadores usaron electrodos diminutos para medir la actividad neuronal de los ratones, los cangrejos, las moscas de la fruta y las cucarachas. En esencia, las presas más comunes en la naturaleza. 

Al hacerlo, el equipo notó que cada animal tenía una estrategia de escape diferente. 

Cómo los animales pequeños logran escapar de las amenazas

Así planifica la huída el cerebro / Créditos: Nature

La estrategia de escape comienza con la detección de la posible presencia de un depredador. Una vez percibida la amenaza, es que el cerebro decide qué instrucciones darle a los músculos tomando en cuenta dos aspectos clave: la proximidad de la amenaza o la propia condición de la presa. 

Si el depredador está cerca, el cerebro de los animales pequeños decide escapar lo más rápido posible. 

Esta es la reacción más veloz, en la que crece una imagen borrosa en la retina para evitar distracciones, y aquellos que la ejecutan son animales simples. Es decir, las moscas de la fruta, cuando ajustan la posición de sus patas para alejarse, y las cucarachas, que se escabullen rápidamente en zig zag.

“No importa si es un búho, un automóvil o un objeto. Si viene rápido en tu dirección, realmente quieres salir de allí y pensar en lo que podría ser después».

Tiago Branco, neurocientíficos del University College London

En animales más complejos, el cerebro es capaz de reconocer al depredador y decidir una estrategia más precisa. Todo ello gracias al córtex retroesplenial, que calcula la dirección del refugio y envía esa información al tubérculo cuadrigémino superior, que luego la utiliza para guiar los movimientos de la presa. 

Podemos ver este tipo de escape en los ratones, quienes no encuentran un refugio buscándolo, sino recordando dónde se supone que debe estar. 

¿Qué significa todo esto?

El tiempo de reacción del cerebro / Vía Pixabay

Los hallazgos de estos investigadores demuestran que los animales poseen, básicamente, dos técnicas de escape:

  • Una inmediata, que es relativamente simple y mucho más rápida.
  • Y una prolongada, que se basa en procesos como predecir el movimiento de un depredador o realizar una navegación basada en la memoria.

En pocas palabras, el cerebro de los animales pequeños es el que decide cuándo deben escapar y cómo deben hacerlo. Sin embargo, las señales neuronales pueden incluso inhibir este comportamiento.  

Un ratón hambriento, por ejemplo, puede recibir un mensaje del hipotálamo que sugiere un retraso en la reacción para obtener un poco más de comida primero.

Es justo por eso que algunos ratones se quedan paralizados ante una amenaza. Y esto mismo ocurre con otras presas como los cangrejos hambrientos, que responden en función de la rapidez con la que cambia el tamaño de la imagen que se avecina. En consecuencia, es más probable que no detecten la amenaza a tiempo. 

Así que, escapar es solo uno de los muchos comportamientos que controla el cerebro para asegurar su supervivencia.

Referencias:

A cortico-collicular circuit for orienting to shelter during escape https://doi.org/10.1038/s41586-022-05553-9

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