¿Te imaginas una Navidad sin luces de colores? Nosotros no, porque las luces navideñas son uno de los adornos más indispensables en esta época. Cientos de familias salen de casa solo para reponer el arsenal con el que adornan sus salas, árboles y fachadas. Pero, ¿conoces la historia de las luces navideñas?

Estas pequeñas bombillas no llegaron a nuestras vidas por casualidad. A menudo pensamos que las tradiciones navideñas son antiguas, y como tal, se heredan sin más. Pero, en ocasiones, esas costumbres aparecen y “se venden” como tal.

Así pasó con el árbol de Navidad, que se popularizó en 1841 gracias a la reina Victoria de Inglaterra, o con la historia de Santa Claus, nacida en el siglo XIX. Aunque la mejor muestra de ello son las luces navideñas, te explicamos por qué.

De la bombilla a las luces navideñas

Bombillas / Vía Pexels

La historia de las luces navideñas inicia, como no podía ser de otra forma, con Thomas Edison. El famoso creador de la bombilla eléctrica abrió un mundo de posibilidades para la iluminación navideña, aunque él no inventó los adornos. 

Para entender su papel en este relato, tenemos que hablar de su colega Edward Hibberd Johnson. Este hombre en parte ingeniero, en parte hombre de negocios, y profundamente ingenioso, contrató a Edison en 1871 para que le ayudara con su empresa Telegraph Company.

Johnson quedó tan impresionado con el trabajo de Edison que, en 1877, cuando el inventor se fue para iniciar una nueva empresa, él lo siguió y rápidamente se volvió su socio. Juntos, lograron vender la idea del fonógrafo y, por supuesto, el uso de la bombilla en el año 1880.

Mientras Edison creaba, Johnson ideaba la forma de vender estas creaciones por miles de millones de dólares en Edison Lamp Company. En esta parte de la historia es donde entran las luces navideñas.

La historia de las luces en los árboles navideños

En 1882, en una casa adosada en 136 East 36th Street, Nueva York, Edward Hibberd Johnson tuvo una idea que lo convertiría en el decorador anónimo de la Navidad. Con ello nos referimos al hecho de iluminar un árbol navideño con electricidad.

Por esa época, los árboles ya eran populares en Estados Unidos. Muchas familias cortaban pinos frescos y los adornaban en sus casas. 

Lo que realmente convertía a un árbol común y corriente en un verdadero árbol de Navidad eran las velas que a menudo colocaban en cápsulas. Sin embargo, tener un árbol navideño era riesgoso en el siglo XVIII, pues las llamas parpadeantes en cualquier momento podían causar un incendio. 

Johnson se dio cuenta de esto y vio una oportunidad para vender cientos de bombillas. Esta es la verdadera historia de las luces navideñas:

  • Un buen día, el erudito colocó un árbol junto a su ventana, apuntando a la calle.
  • Luego, conectó 80 bombillas rojas, blancas y azules y las enrolló alrededor del árbol.
  • Para llamar la atención de los transeúntes, colocó el árbol sobre un pedestal giratorio, todo alimentado por un generador.
  • Y finalmente, llamó a un reportero para que su árbol apareciera en los titulares al día siguiente. 

Esto fue lo que escribió el reportero de la época al ver tal despliegue de luces en una noche fría de invierno:

“En la parte trasera de los hermosos salones, había un gran árbol de Navidad que presentaba un aspecto muy pintoresco y misterioso. Estaba brillantemente iluminado con ochenta luces en total encerradas en estos delicados huevos de cristal… Difícilmente se puede imaginar algo más bonito”.

W.A. Croffut, un veterano escritor del Detroit Post and Tribune

Una idea que se volvió tradición

Fachada con luces navideñas / Créditos: Europapress

Como era de esperarse, las luces atrajeron a una multitud. El truco de Johnson fue todo un éxito en una época en la que la electricidad aún no era barata. Una cadena de 16 bombillas vagamente costaba alrededor de 350 dólares.

Las bombillas que usó este erudito todavía se conservan en el museo. No solo porque cambiaron la historia de la Navidad tal como la conocían, sino porque son el origen de lo que hoy llamamos “luces navideñas”.

Así que a Johnson le debemos la alegría contagiosa que provocan estas luces cada vez que alguien en casa las enciende, o cuando aparecen en una película navideña. Y también le debemos a él la fiebre por los adornos navideños.

Johnson solo quería vender bombillas, pero su ambición se volvió algo positivo para todos. Es por eso que hoy en día no podemos imaginar una Navidad sin luces de colores.

Referencias:

Untangling the Hystory of Christmas Lights https://www.smithsonianmag.com/history/untangling-history-christmas-lights-180961140/

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