Llega la Navidad y con ella el intercambio de presentes. Por estas fechas, nuestro cerebro se pone a trabajar a su máxima capacidad para dar con los regalos que traerán más de una sonrisa después de la cena. Desde ese videojuego favorito de tu sobrino hasta el electrodoméstico perfecto para tus padres. 

A todos nos gusta dar regalos en ocasiones especiales, ya sean cumpleaños, navidades o aniversarios. Pero, ¿alguna vez te has preguntado por qué?

La respuesta está en nuestro cerebro. Cada vez que damos algún regalo desinteresado, experimentamos una sensación de bienestar que puede ser tan gratificante como lo que sentimos al recibir o comprar un regalo. 

A nuestro cerebro le gusta dar regalos

Dar regalos / Vía Pixabay

Una nueva investigación en neurociencia y psicología sugiere que dar regalos es algo esencial para nuestra supervivencia como especie. Esto debido a que somos seres sociales, y como tal, obtenemos placer al comer, tener relaciones o compartir con otras personas. 

“Hemos evolucionado para experimentar realmente la alegría de dar a los demás».

Elizabeth Dunn, profesora de psicología en la Universidad de Columbia Británica

Para demostrarlo, los investigadores realizaron dos experimentos centrados en la generosidad. Es decir, en el hábito de dar o repartir sin recibir nada a cambio.

En el primero, reunieron a 12 participantes y les preguntaron sobre el tipo de gasto que les hacía más felices. Curiosamente, los que gastaron más en los demás que en sí mismos fueron los que afirmaron sentirse más felices con su compra.

En el segundo experimento, los investigadores le dieron a cada participante entre 5 y 20 dólares para que los gastaran en ellos o en sus seres queridos respectivamente. Los resultados mostraron que las personas a las que se les dijo que gastaran en los demás eran más felices que las que gastaron el dinero en sí mismas. 

A raíz de estos resultados, el equipo concluyó que gastar en otros genera un mayor bienestar emocional. En otras palabras, para nuestro cerebro, dar regalos es más gratificante que recibirlos. Eso sí, siempre que sean desinteresados y cumplan ciertas condiciones.

Dar regalos perfectos para ser más felices

Regalos / Vía Pixabay

Al estudiar los mecanismos en el cerebro que se activan al dar o recibir, el equipo notó que no todos los regalos resultan gratificantes. Al parecer, existen tres factores principales que determinan si obtenemos beneficios al dar a los demás o no. Estos serían:

  • El componente relacional, es decir, la forma en la que ese regalo nos ayuda a reforzar un vínculo familiar o una amistad. Por ejemplo, es probable que la persona que regala obtenga más beneficios si lleva a alguien a cenar que si le da una tarjeta de regalo para que disfrute solo.
  • Luego está el valor de ese regalo. Esto no tiene nada que ver con el precio, sino con el impacto que tendrá ese regalo en la otra persona: mientras más lo necesite, más felices nos sentiremos al regalárselo. Por ejemplo, el acto de regalar juguetes o donar a una ONG puede hacernos mucho más felices de lo que pensamos. También el hecho de buscar lo que desea un ser querido en lugar de obsequiar dinero o tarjetas de regalo.  
  • Y finalmente, lo desinteresado del gesto. Si te sientes obligado a dar, especialmente algo específico, no obtendrás nada positivo de ello. Esto debido a que sientes que es algo que debes hacer, y como tal, realmente no te importa. 

El cerebro toma en cuenta estos tres factores al momento de pensar, hacer y dar regalos. Los resultados de los investigadores sugieren que las áreas involucradas en la empatía y la toma de decisiones sociales juegan un papel esencial en este proceso. Todas ellas se activan cuando regalamos algo de forma desinteresada y todas ellas generan una sensación de recompensa al ver la felicidad de otros. 

«Cuando las personas pueden dar de una manera en la que realmente entienden cómo su generosidad está marcando una gran diferencia, ahí es donde observamos beneficios mucho más sustanciales en términos de felicidad».

Elizabeth Dunn

¿Por qué regalar durante las festividades?

Aunque la neurociencia todavía está trabajando para comprender el papel de estas áreas del cerebro en el comportamiento generoso, parece que ellas nos permiten vincular nuestros propios sentimientos a los de otra persona. Es por eso que nos esforzamos por hacer el “regalo perfecto”.

Esencialmente, al regalar, estamos usando la misma maquinaria que usamos cuando pensamos en nosotros mismos. Esa simulación en el cerebro de cómo se sentirá nuestro amigo o familiar cuando le podamos dar su regalo es lo que desencadena los mismos procesos de recompensa que experimentamos con un regalo propio.

Así que ten en cuenta todo esto en Navidad. En lugar de gastar todo tu dinero en un autoregalo, intenta hacer algo para los demás. Te aseguramos que el destinatario se sorprenderá muy gratamente, y tú recibirás a cambio una inmensa felicidad. 

Referencias:

The Emotional Rewards of Prosocial Spending Are Robust and Replicable in Large Samples https://doi.org/10.1177/09637214221121100

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