Los seres humanos y la mayoría de animales le tienen pánico a las alturas porque saben que, si llegan a caerse, la muerte los espera al final del camino. Sin embargo, una hormiga no tiene esos complejos pues, sin importar la altura, ella no muere al caer.

Resulta difícil de creer, mas es completamente real. Para estos pequeños insectos, que en conjunto superan a la población humana en la Tierra, caer de un rascacielos o una montaña no es muy distinto a caer desde dos o tres metros de altura. 

¿Te gustaría saber por qué? Entonces sigue leyendo en lugar de usar a una pobre hormiga para comprobarlo. Te contaremos tres razones por las que estos insectos no le temen a las alturas. 

Las hormigas tienen un gran escudo

Anatomía de una hormiga / Vía Pixabay

Al igual que muchos otros invertebrados, las hormigas poseen un exoesqueleto que las protege desde afuera. Esta coraza está hecha de quitina, un polímero resistente que puede compararse con el caparazón de un crustáceo. Además, en el caso particular de las hormigas, su exoesqueleto consta de varias capas superpuestas. 

Esta mezcla las cubre ante cualquier daño al caer o cuando las pisan. Incluso les ayuda a defenderse de las mordidas de los depredadores. Es uno de los mejores escudos biológicos que podrías encontrar en el reino animal.

Por no mencionar que las hormigas tienen patas diseñadas para adherirse a varios tipos de superficies, por lo que no mueren al caer o tocar el piso. Justo al final de sus patas, estos insectos cuentan con una cosa llamada «tarso», estructuras parecidas a uñas o garras que les ayudan a sujetarse. 

Su tamaño es una virtud, no una desventaja

Todos los objetos tienen una velocidad terminal al caer, incluyendo a los humanos y las hormigas. Cuánto mayor sea esa velocidad, más dura será la caída.  

Los humanos tenemos en promedio una velocidad terminal que ronda los 200 km/h, mientras que las hormigas apenas alcanzan los 6,4 km/h a partir de los dos metros. Por lo tanto, su resistencia a la caída es diez veces mayor que la nuestra, ya que se dice que una velocidad terminal fatal es superior a los 60 km/h. 

Esta virtud no es exclusiva de las hormigas, cualquier animal pequeño la posee por lo que no muere al caer desde grandes alturas. Por ejemplo, puedes dejar caer un ratón por el pozo de una mina y, al llegar al fondo, verás que se aleja como si nada hubiera pasado.

Cabe destacar que eso no significa que los animales pequeños sean inmunes a las caídas, claro que se resienten. Pero la fuerza de gravedad no tiene tanto impacto en ellos como lo tendría en otras especies más grandes, así que es una práctica menos peligrosa.

Las hormigas controlan su gravedad

Más hormihas / Vía Pixabay

Y hablando de gravedad, las hormigas son capaces de controlar su centro de gravedad. O siendo precisos, de mantenerse estables en el aire mientras van cayendo. 

Gracias a esto, pueden voltearse en el aire o incluso caer de pie. De hecho, existe un tipo de hormiga que es capaz de acercarse a las ramas de los árboles en el aire, y deslizarse por ellas como si fueran un tobogán. 

Esto lo deja todo muy claro: una hormiga no solo no muere al caer, sino que cae con estilo. 

Referencias:

Climbing, falling, and jamming during ant locomotion in confined environments https://doi.org/10.1073/pnas.1302428110

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