Las adversidades de la vida ponen a prueba nuestra capacidad de resiliencia. Una de esas adversidades ha sido la pandemia, que nos ha obligado a poner en marcha todos los mecanismos de supervivencia para salir adelante. A esto hay que sumar los obstáculos y las malas experiencias que debemos superar diariamente para seguir en carrera. Algunas personas desarrollan la capacidad de resiliencia más que otras. Pero si crees que no eres una de ellas debes saber que la resiliencia se puede aprender y fortalecer.

Los seres humanos siempre hemos estado expuestos a adversidades, por lo que la resiliencia es una capacidad inherente a nosotros. Todos la tenemos, en menor o mayor medida.

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Las adversidades y malas experiencias en nuestra vida son pruebas que nos ponen en una situación de estrés para hacerle frente a situaciones inesperadas. Pero nuestro cerebro está preparado para soportar ese estrés y fortalecerse de cara al futuro.

Hay dos tipos de resiliencia y es importante saber diferenciarlas. Por un lado, está la resiliencia reactiva, que es aquella que surge para superar una adversidad y salir fortalecido.

Por el otro, la resiliencia proactiva es la que se desarrolla sin necesidad de pasar por cosas malas. Es decir, estás preparado con una mochila de recursos psicopositivos para cuando llegue la adversidad.

Por lo tanto, este es el tipo de resiliencia que se puede aprender, sin necesidad de esperar a las adversidades aparezcan. Esta resiliencia se puede fortalecer desde ya, todos los días.

De esta manera fortaleces tu resiliencia

Para desarrollar y entrenar nuestra resiliencia se necesita de las ‘4D’ del bienestar: dieta, descanso, deporte, y disfrute. Además, existen algunos recursos psicológicos que potencian e intensifican nuestra resiliencia. Por ejemplo, la autorregulación emocional, el cultivo de emociones positivas, el uso de las fortalezas del carácter, el desarrollo de las creencias de eficacia y optimismo, o generar una red de apoyo donde se da y se recibe.

Se puede fortalecer la resiliencia afrontando de forma positiva las situaciones negativas. Pero, es importante dar nombre a lo que sucede y hacer introspección para conocer nuestras fortalezas y ponerlas en práctica. Un ejemplo, ‘me levanto triste pero si voy a caminar mejora mi estado de ánimo’. De esta manera se reconoce lo que sucede, pero también se buscan situaciones que aporten buenas sensaciones, priorizando lo positivo.

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Pasando las adversidades es la forma clásica de generar resiliencia. Pero también puedes exponerte a amenazas, como, por ejemplo, meterte en una bañera con frío. Nuestro cerebro está preparado para afrontar esta amenaza y fortalecerse tras ella. Es la manera de entrenar al cerebro, como se entrenan los músculos en el gimnasio todos los días.

Sobre todo, ser una persona resiliente conlleva un cuerpo resiliente que descanse, tenga una alimentación adecuada y una nutrición correcta, aparte de practicar ejercicio físico. Pero, también, tienes que ver qué estrategias funcionan mejor para ti y ponerlas en práctica.

No importa el nivel de resiliencia que tengas, la puedes aprender y fortalecer.

Referencias:

Los más de 4 consejos para cultivar y fortalecer nuestra resiliencia: https://www.infosalus.com/salud-investigacion/noticia-mas-consejos-cultivar-fortalecer-resiliencia-20221207082153.html

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