En el cerebro hay una pequeña población de células sensibles al estrés que, al activarse, originan los famosos “traumas sociales pasados”. Esos episodios de vergüenza o pánico extremos que se quedan grabados en nuestra memoria. 

Los investigadores del Mount Sinai dieron con estas células hiperactivas mientras estudiaban el comportamiento de varios ratones jóvenes. Pero eso no fue lo más impactante de su estudio. 

Sus hallazgos sugieren que estas células cerebrales también promueven la evitación social. Básicamente, esa inseguridad que nos motiva a huir de los demás porque sentimos que no encajamos en ninguna parte. 

Diversos estudios ya habían demostrado que un trauma social pasado afecta las interacciones sociales futuras de una persona, lo que lleva a una evitación social severa. Sin embargo, esta es la primera investigación que explica qué motiva este comportamiento: un par de células hiperactivas.

¿Qué hacen estas células con nuestros traumas sociales pasados?

Cuando vivimos un episodio social traumático, como una humillación, nuestra memoria registra los hechos. Pero son estas células las que determinan si ese suceso altamente estresante será un trauma social o no pasados algunos años. Esto debido a que, cuando se vuelve a vivir una experiencia similar, las células se vuelven hiperactivas y convierten los objetivos sociales que antes eran gratificantes en amenazas sociales. 

En pocas palabras, estas células no solo codifican nuestros traumas sociales, sino que también cambian nuestra percepción de las recompensas sociales. Eso es lo que hace que vayamos perdiendo poco a poco la capacidad de interactuar con los demás. 

Para comprender mejor este proceso, los investigadores llevaron a cabo un experimento con ratones del mismo sexo. Reunieron a varios machos jóvenes y los sometieron a una derrota social. En esencia, colocaron a los ratones del experimento en una jaula con un ratón agresivo más grande detrás de una barrera. 

Los investigadores repitieron esta interacción durante varios días y, al cabo de unos días, introdujeron otro ratón juvenil dentro de la jaula, esta vez sin barreras, para que pudieran interactuar libremente. Sin embargo, los ratones del experimento evitaban las interacciones sociales con estos nuevos visitantes que no representaban ninguna amenaza. 

Al analizar sus cerebros, el equipo descubrió que en esos ratones catalogados como “susceptibles” había más células de neurotensina en el tabique lateral (NTLS). Así que concluyeron que estas células eran las responsables de codificar los traumas sociales pasados y revivirlos durante las nuevas interacciones. 

Experimentos posteriores con las células NTLS

El origen de nuestros traumas está en un par de neuronas hiperactivas / Vía Pixabay

Los investigadores del Mount Sinai están planeando estudios en humanos para comprobar si estas células manejan de forma similar nuestros traumas sociales pasados. Aunque ellos ya están convencidos de eso, ya que nosotros también tenemos neuronas NTLS. 

«Creemos que cuando se experimenta un trauma social, estas células bloquean la capacidad para experimentar una recompensa social».

Scott Russo, profesor en el Mount Sinai

Así que estos hallazgos en ratones proporcionan una base importante para comprender nuestros propios mecanismos sociales y cómo se ven afectados por los traumas.

Referencias:

Social trauma engages lateral septum circuitry to occlude social reward http://dx.doi.org/10.1038/s41586-022-05484-5 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *