La utilización de diferentes imágenes diagnósticas como los exámenes radiológicos durante el embarazo y la lactancia podrían contribuir al desarrollo de problemas en el bebé si no se siguen ciertos protocolos para cuidar su integridad.

Generalmente, la principal recomendación de los médicos es no realizarse una placa radiográfica durante el embarazo. Es un estudio que, durante el primero y el segundo trimestre de gestación, pueden afectar al bebé.

Los exámenes que utilicen radiación ionizante se desaconsejan cuando el motivo no está justificado. Pero, si la mujer embarazada debe someterse a exámenes radiológicos, primero tiene que pasar por los tres principios de la protección radiológica.

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3 principios de protección radiológica

  1. Justificación de la práctica. Es decir, el estudio radiológico tiene que brindar un mayor beneficio que el detrimento de la salud de la paciente embarazada. Si se pudiera reemplazar el examen radiológico por otro menos invasivo, el profesional lo hará para cuidar la integridad del bebé.
  2. Optimización de los equipos. Además, en los protocolos se tiene que considerar la optimización de los equipos técnicos que los profesionales usarán para realizar el examen. Por lo tanto, los especialistas deberán chequear que los equipos funcionen adecuadamente y que los parámetros técnicos sean los más adecuados. Para realizar las pruebas, se debe colocar una protección especial en el nivel abdominal de la paciente para cuidar al feto de la exposición a los rayos X. De esta manera, la radiografía se puede realizar sin ningún problema si la paciente lo necesita. Por lo general, se utiliza un dispositivo en la región donde estaría el bebé. De esta manera se reducen las radiaciones dispersas que podrían llegar hasta esa región. Todos estos cuidados se deben seguir, siempre y cuando la zona a analizar no sea el área abdominal.
  3. Límites de dosis. Otro aspecto fundamental son los límites de dosis. Los especialistas utilizan unos niveles de referencia que se consideran seguros para realizar o no un estudio radiológico. En el caso de las mujeres embarazadas, el límite seguro es de 100 mSv. Por lo tanto, si se siguen correctamente los protocolos de protección a la paciente y el feto, no se corren riesgos ni para la madre ni para el bebé.
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Problemas que pueden surgir en el bebé

La radiación es un riesgo real y obliga a los profesionales a aplicar estos protocolos, en los que se requiere un consentimiento informado antes de realizar la exploración en el caso de un embarazo. Asimismo se necesita determinar la dosis-útero, evaluar y comunicar los riesgos.

Cuando las dosis son mayores de 100 mSv y no se siguen los cuidados pertinentes durante la 3ª a la 8ª semana de gestación, se puede producir un retraso mental, malformaciones u otras anomalías en el feto.

Cuando las dosis son superiores a 150 mSv hay riesgo epidemiológico potencial probabilístico de inducción al cáncer.

Si el feto se encuentra entre la semana 8 a la 25 y se utiliza una dosis superior a 100 mSv, puede haber cierto riesgo de retraso mental y de carcinogénesis.

Durante la lactancia, no están desaconsejadas las exploraciones, siempre y cuando estén justificadas.

Si la paciente necesita usar contraste yodado, este se eliminará a las pocas horas y no conlleva mayores inconvenientes al lactante. Por tanto, se puede lactar sin problemas. Pero, hay que actuar con precaución en los bebés prematuros e hipotiroideos.

Por otra parte, si se usan pruebas de medicina nuclear, el radioisótopo se puede eliminar por la leche y pasar al lactante. Por esa razón, los profesionales desaconsejan lactar en un periodo de 24 horas. Pasado ese periodo, se puede volver a hacerlo.

Referencias:

Embarazo, lactancia, y exámenes radiológicos: ¿son posibles? ¿hay peligro para el bebé?: https://www.infosalus.com/asistencia/noticia-embarazo-lactancia-examenes-radiologicos-son-posibles-hay-peligro-bebe-20221128081748.html

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