El embarazo ectópico es un tipo de embarazo que se produce cuando el óvulo fecundado se implanta fuera del útero. Generalmente, al nivel de las trompas de falopio, lo cual hace que sea un embarazo no viable. En raras ocasiones el óvulo fecundado también se puede implantar al nivel del ovario o al nivel del abdomen, incluso a nivel del cuello uterino. Al no ser viables, ponen en riesgo la vida de las mujeres. Debido a esta situación, unos científicos idearon nanopartículas para detectar y terminar con los embarazos ectópicos.

El embarazo ectópico produce una serie de características, como son el sangrado genital, el dolor abdominal intenso e incluso puede generar situaciones clínicas graves para la mujer que lo tiene. Por eso, el diagnóstico de un embarazo ectópico obliga a establecer un tratamiento de manera inmediata.

Cuando este embarazo ocurre en las trompas de falopio (alrededor del 98% de los embarazos ectópicos) pone en riesgo de hemorragia y muerte a la mujer que transcurre por él. Además, hay una alta frecuencia de diagnósitcos erróneos. A esto se le suma el fracaso del metotrexato en el 10% de los casos. El metotextato es un fármaco que se usa para interrumpir el embarazo ectópico.

En cuanto a cifras, el 2% de los embarazos en Estados Unidos, y entre el 1% y el 2% en todo el mundo. En total, serían alrededor de 100 000 embarazos ectópicos al año en Estados Unidos. Mientras que 70 mujeres en los Estados Unidos mueren cada año a causa de embarazos ectópicos.

Uso de nanopartículas para el diagnóstico de los embarazos ectópicos

Debido a este panorama, el diagnósitico de los embarazos ectópicos es de suma importancia para salvar la vida de las mujeres que transitan ellos. Actualmente existen varias técnicas de diagnóstico y tratamiento para el embarazo ectópico. Entre ellas se hallan el ultrasonido transvaginal, el tratamiento con metotrexato y la cirugía, en caso de ser necesario. Pero, estas técnicas pueden causar ruptura de trompas, reducción de la fertilidad y mayor riesgo de otro embarazo ectópico. Tal es así que si una mujer ha tenido un embarazo ectópico, tiene un 10 % más de probabilidades de tener un segundo.

Mientras que con el uso de metotrexato pueden aparecer efectos secundarios como náuseas, vómitos, diarrea, enzimas hepáticas elevadas, daño renal y enfermedad pulmonar.

Un embarazo ectópico puede causar dolor abdominal, náuseas, etc. Vía iStock.

Para cambiar este panorama, unos investigadores de la Facultad de Farmacia de OSU desarrollaron nanopartículas sensibles a la luz para detectar embarazos ectópicos. Estas nanopartículas fueron probadas en ratones preñados. Los científicos administraron a los roedores las nanopartículas por vía intravenosa y estas son capaces de llegar hasta la placenta. Cuando llegan hasta allí, es posible determinar si se trata de un embarazo normal o un ectópico.

Las nanopartículas, una vez en la placenta, pueden hacer que esta se vea por medio de imágenes fluorescentes y fotoacústicas. Entonces, es posible saber si la placenta está donde debe estar. Si no es un embarazo ectópico, las partículas no dañan al feto. Pero si la placenta está en una de las trompas, el embarazo podría interrumpirse mediante la exposición a la luz infrarroja cercana,. Esto hace que la temperatura de las nanopartículas aumente por encima de los 43 grados centígrados e interrumpa irreparablemente la función placentaria a través del calor.

Referencias:

Nano-Theranostic Modality for Visualization of the Placenta and Photo-Hyperthermia for Potential Management of Ectopic Pregnancy: https://doi.org/10.1002/smll.202202343

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