El SARS-CoV-2 también puede infectar el cerebro y causar efectos duraderos. Un estudio reciente ha encontrado anomalías cerebrales asociadas al Covid-19 en pacientes que habían superado la infección hace seis meses. 

Usando resonancias magnéticas, los investigadores de la Sociedad Radiológica de América del Norte (RSNA) descubrieron ocho cambios neurológicos persistentes después del Covid-19: 

  • Cefaleas o dolores de cabeza.
  • Insomnio.
  • Déficit de atención.
  • Aturdimiento o niebla mental.
  • Cambios en el olfato y gusto.
  • Y problemas de memoria.

Los 46 pacientes estudiados por la RSNA habían dado negativo en las pruebas PCR. No tenían ningún síntoma respiratorio o inflamatorio persistente, como suele pasar con los pacientes que tras la primera infección desarrollan Covid prolongado. Sin embargo, todos ellos presentaban anomalías significativas en el cerebro. 

Por lo tanto, el equipo concluyó que el síndrome respiratorio realmente produce cambios a largo plazo en ciertas regiones del cerebro. 

¿Cómo el Covid-19 genera anomalías cerebrales duraderas?

Para determinar una afección neurológica, los científicos calculan la susceptibilidad magnética del cerebro. Es decir, la forma en que circulan ciertos materiales, como la sangre, el hierro y el calcio, a través de nuestra corteza cerebral. 

Los cambios en los valores de susceptibilidad de ciertas regiones pueden ser indicativos de cambios en la composición del cerebro en sí mismo. Por ejemplo, una menor susceptibilidad en una región podría deberse a una calcificación de la materia gris o a una malformación vascular. 

Entonces, siguiendo esta premisa, los investigadores del RSNA analizaron la susceptibilidad que producía el Covid-19 en el cerebro. 

Las resonancias mostraron que el SARS-CoV-2 aumentaba la susceptibilidad del lóbulo frontal y el tronco encefálico. Estas regiones del cerebro están relacionadas con la fatiga, el insomnio, la ansiedad, la depresión, los dolores de cabeza y los problemas cognitivos. 

Curiosamente, esas son todas las anomalías cerebrales que persisten todavía en los pacientes recuperados del Covid-19. Así que el equipo considera que el virus daña gravemente la sustancia blanca que se encarga de regular el lóbulo frontal. Es por eso que los síntomas persisten durante un período de tiempo más largo: hasta seis meses después de la recuperación. 

¿Cambios temporales o permanentes en el cerebro?

Actividad cerebral de los sobrevivientes del Covid-19 (en la parte superior) vs. la actividad cerebral de las personas sanas (parte inferior) / Créditos: RSNA

Este estudio revela las complicaciones a largo plazo que puede causar el coronavirus, sin embargo, no aclara si estos cambios son permanentes para las personas que se contagiaron, o simplemente son un efecto secundario pasajero. 

Todos los pacientes estudiados habían superado la infección seis meses antes, por lo que este límite es solo una estimación. 

Los investigadores están realizando justo ahora un estudio longitudinal para aclarar qué tan graves son las anomalías cerebrales causadas por el Covid-19. Pero es posible que alguno de estos ocho efectos sea permanente, como el insomnio. Esto debido a que también encontraron una diferencia significativa en la región del diencéfalo ventral derecho, asociada con muchas funciones corporales cruciales como la regulación de los ritmos circadianos de sueño y vigilia.

Además, puede que los daños encontrados en los lóbulos frontales provoquen a su vez otros efectos secundarios duraderos.

“Algunos pacientes también perdieron materia blanca en la circunvolución frontal orbital inferior izquierda (una región clave para la comprensión y producción del lenguaje) y la circunvolución frontal orbital inferior derecha (asociada con la inhibición motora y la imaginación)”.

Rakibul Hafiz, científico de la RNSA

Por lo tanto, si bien el Covid-19 es una enfermedad respiratoria, el daño sistémico que genera en el cerebro puede ser incluso peor que el de muchas enfermedades neurodegenerativas

Referencias:

Assessing functional connectivity differences and work-related fatigue in surviving COVID-negative patients https://doi.org/10.1101/2022.02.01.478677

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