Millones de personas que padecen de depresión toman medicamentos para tratarla. Pero, en muchas de ellas estos tratamientos no funcionan. Como alternativa, surge la estimulación magnética transcraneal para tratar la depresión resistente a los tratamientos.

Este tratamiento no es nuevo, surgió en 1995. En el año 2008, la FDA autorizó el uso de esta estimulación cerebral para adultos con depresión resistente al tratamiento no psicótico. Mientras que en 2018, la misma institución aprobó su uso para pacientes con trastorno obsesivo-compulsivo y para dejar de fumar.

A pesar de que hace años existe este tratamiento, aún sigue siendo muy costoso. Pero, por fortuna, esta terapia está cubierta por el seguro en los Estados Unidos. Debido al reconocimiento de la estimulación magnética transcraneal, es probable que el acceso se amplíe considerablemente.

Actualmente, esta terapia es cara pero en un futuro puede que eso cambie. Vía Depositphotos.

La estimulación magnética transcraneana es un procedimiento no invasivo e indoloro que tiene efectos secundarios mínimos o nulos y, a menudo, funciona. Para realizarla, tanto el psiquiatra como el operador del equipo deben estar certificados.

Las investigaciones muestran que el 58% de los pacientes con depresión resistente al tratamiento experimentan una reducción significativa de los síntomas después de cuatro a seis rondas de la terapia. Mientras que otros ensayos demuestran que la estimulación magnética transcraneal es eficaz para tratar la depresión mayor resistente.

Algunos de los pacientes incluso ven disminuidos los síntomas después de las dos primeras semanas de tratamiento. Además, los efectos continúan hasta seis meses después de concluida la terapia.

Uso de la estimulación magnética transcraneal para la depresión

El procedimiento es muy sencillo. El paciente se debe sentar en una silla cómoda que mantiene la cabeza en su lugar. Es importante que el paciente esté relajado, para ello debe colocarse unos tapones de oídos y posteriormente disfrutar de un programa de televisión o de una lectura, e incluso mirar su celular.

Luego, sobre su cabeza se coloca una bobina en forma de 8. Mediante un estimulador, se envía una corriente eléctrica a la bobina, que transforma la corriente en un campo magnético.

El campo magnético se centra concretamente en una parte de la corteza prefrontal, el área del cerebro responsable de la regulación del estado de ánimo. Las personas con depresión tienen un flujo sanguíneo reducido en esa área del cerebro. Por lo tanto, la estimulación magnética transcraneal sirve para aumentar el flujo sanguíneo. Pero, también, para aumentar los niveles de dopamina y glutamato, dos neurotransmisores responsables de funciones cerebrales como la concentración, la memoria y el sueño. Al estimular repetidamente esta área, se produce un efecto antidepresivo.

La bobina se coloca sobre la cabeza del paciente para estimular magnéticamente al cerebro. Vía Depositphotos.

Este tipo de terapia no requiere de anestesia y tampoco afecta la memoria, como otros procedimientos como el electroshock. El paciente que se somete a una estimulación magnética transcraneal puede reanudar tranquilamente sus actividades cotidianas después del tratamiento.

Algunos pacientes pueden experimentar leves efectos secundarios como contracciones faciales y molestias en el cuero cabelludo durante el tratamiento. Pero, estos desaparecen al terminar la sesión.

¿Quiénes no califican para esta terapia?

Un punto a tener en cuenta es que esta terapia no es apta para todo el mundo. Por ejemplo, las personas con epilepsia o antecedentes de lesiones en la cabeza pueden no calificar. Tampoco serían aptas las personas con dispositivos metálicos implantados no extraíbles en o alrededor de la cabeza.

Aquellos con marcapasos, desfibriladores y estimuladores del nervio vago tampoco pueden calificar, porque la fuerza magnética de la bobina de tratamiento puede desalojar estos dispositivos y causar dolor o lesiones graves.

Referencias:

Efficacy of repetitive transcranial magnetic stimulation in treatment-resistant depression: the evidence thus far: https://gpsych.bmj.com/content/32/4/e100074

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