Cada día se habla más sobre la libertad de expresión en las redes sociales, y eso en parte se lo debemos a Elon Musk. El nuevo dueño de Twitter, la plataforma que a menudo es criticada por permitir ciertas discusiones polémicas, quiere promover definitivamente la libertad de expresión en internet. Es decir, dejar que cualquier persona diga y haga lo que quiera. 

De hecho, esa es la razón por la que el multimillonario adquirió Twitter este año, alegando que “es importante para el futuro de la civilización tener una plaza digital común”. En especial, para favorecer el periodismo ciudadano y debatir de forma saludable. 

Muchas personas consideran que sus acciones son irresponsables, pero la libertad de expresión nos parece uno de los derechos fundamentales del ser humano, y como tal, creemos que debería existir también en el mundo digital. 

Aunque, ciertamente todo gran poder conlleva una gran responsabilidad: ejercerlo es fácil, pero asumir sus consecuencias no lo es tanto. Lo que nos lleva a preguntarnos, ¿hasta qué punto la libertad de expresión tendrá cabida en las redes sociales? 

Por ahora solo pensamos en que una libertad absoluta fomentará los discursos de odio, el bullying, la violencia y la censura social. Pero puede que la propuesta de Musk cambie nuestra visión de lo que es la libertad de expresión en el mundo digital. 

¿La libertad de expresión puede ser un problema en Twitter y otras redes sociales?

Créditos: Cdn

Vivimos en un mundo menos tolerante, esa es la realidad. Los usuarios ya no solo se molestan por los comentarios acosadores o agresivos, también atacan las posturas opuestas o las respuestas sarcásticas. Esto, en parte, es culpa de las redes sociales. 

La “dictadura de los algoritmos” está cambiando nuestra forma de pensar. Nos mantiene en una burbuja creada en función de nuestros intereses y nos aleja de aquello que nos desagrada. Así que acabamos rechazando todo, o incluso lo censuramos. Por algo han surgido palabras como “funar” para denunciar a una persona o entidad que ha cometido una mala acción.

¿Pero eso está bien? Si prohibimos que alguien se exprese libremente dejamos de potenciar espacios para el debate y solo reina el radicalismo. En lugar de crear un entorno agradable, parece que las políticas para controlar la libertad de expresión en redes sociales están fomentando más discursos de odio y actos poco éticos.

Si hacemos un repaso por los hitos históricos de censura en las plataformas digitales, puede que nos demos cuenta de que algo no va bien. 

La ética en las redes sociales

Créditos: Marcaunidad

En 2021, por ejemplo, Donald Trump fue bloqueado en muchas redes sociales, incluyendo Twitter. Este bloqueo es permanente, al menos por ahora, por lo que el magnate no ha podido volver a usar la red social. 

Un caso similar lo vivió Meghan Murphy un par de años antes. La periodista fue censurada en Twitter por infringir las políticas sobre conductas de odio al calificar a varias mujeres transgénero como «hombres».

Y como ellos, hay millones de usuarios menos conocidos que son vetados a diario por dar su opinión o apoyar una causa.

¿Es ético sacar a un usuario de una plataforma solo por lo que expresa? Estos actos de censura crearon polémica en las redes sociales y en los tribunales, ya que ambos personajes demandaron a la compañía para anular la prohibición. Algo que quizás no habría ocurrido si, en lugar de un castigo, las redes sociales le hubieran dado espacio a los usuarios para que se formen su propia opinión al respecto.

En este sentido, es evidente que la libertad de expresión y la censura que se está manejando en las redes sociales necesita algunos ajustes.

Las medidas de Twitter para fomentar la libertad de expresión 

Vía Pexels

En los últimos tres años, Twitter ha puesto en marcha un abanico de medidas para la moderación del contenido. Por ejemplo, en 2020, la plataforma amplió su definición de lo que es “comentario dañino”, con la finalidad de poder promover información sobre el Covid-19 y otros temas delicados. 

Podríamos decir que la plataforma aflojó el lazo y le dio más libertad a los usuarios para decir lo que quisiera. Una apuesta riesgosa que, en comparación con años anteriores más restringidos, realmente no provocó ninguna polémica. Por el contrario, dio lugar a debates interesantes sobre el origen del coronavirus.

Ahora, con la llegada de Elon Musk, se han planteado varios cambios para promover aún más la libertad de expresión. Tales como:

  • O un cambio en los bloqueos de cuentas, para establecer suspensiones temporales en lugar de permanentes. Básicamente, para darle una segunda oportunidad a los usuarios y no un castigo.

Estas medidas no dan una libertad de expresión absoluta, pero creemos que son un buen primer paso para fomentar espacios de discusión seguros en la red. Sin embargo, todavía no se han puesto en práctica. Probablemente porque Elon Musk apenas lleva dos semanas a cargo de Twitter. 

Aunque no todo son buenas noticias

Tweet de Elon Musk tras la compra de Twitter

Uno de los cambios recientes que anunció el multimillonario fue que los usuarios tendrían que pagar para legitimar su cuenta en Twitter y obtener una marca azul.

Esta medida poco convencional busca darle credibilidad a la opinión de todos los ciudadanos, no solo a la de las élites mediáticas y figuras públicas que usan la plataforma. Sin embargo, pagar por un verificación parece ser un riesgo en sí mismo para la libertad de expresión. Principalmente porque, si bien cualquier persona puede verificar su cuenta ahora, no todos los “ciudadanos” pueden permitirse pagar mensualmente 8$ para legitimar su opinión. 

Como vemos, esto va en contra de lo que dice Elon Musk: más allá de estimular el periodismo ciudadano, está propiciando que los medios y grupos de poder con agendas poco amigables tengan el control sobre la verdad en las redes sociales, o mejor dicho, sobre “su verdad”. Basta con ver cómo esta medida ha ocasionado la aparición de cuentas falsas, que suplantan la identidad de conocidas marcas o figuras públicas, para entender cuán peligrosa es.  

Bajo este panorama, quien tenga el dinero tiene la verdad, ya sean políticos, marcas o grupos comerciales. Y como tal, pueden utilizar estos recursos para generar una buena impresión o terminar de destruir la verdad de los otros usuarios.

¿Eso es libertad de expresión? Sinceramente no lo creemos. La llegada de Elon Musk ha cambiado el rumbo que estaba tomando Twitter en este aspecto, y todavía es muy pronto para asegurar si sus medidas son irresponsables o no. Pero hay algo que podemos decir: la libertad de expresión en las redes sociales no sigue el mismo patrón que en el mundo real. 

Hay una línea muy delgada entre lo que se considera una opinión y una incitación a la violencia en internet. Y quién define esa línea son los usuarios, al censurar o admitir una opinión; los algoritmos, al analizar los comentarios; y los altos mandos gubernamentales, al decidir si quieren fomentar la libertad de expresión y todos los riesgos que eso conlleva. 

Si de verdad queremos espacios virtuales más agradables, necesitaremos ponernos de acuerdo con una política para la libertad de expresión en redes sociales porque nadie tiene todavía la verdad absoluta. 

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