¿Has hecho alguna vez algo vergonzoso en público? Si es así, de seguro sabrás que ese error social no desaparece. Da igual cuánto tiempo haya pasado desde el suceso, o qué tan grave fue, tu cerebro lo reproduce a diario: mientras caminas, en la ducha o cuando estás a punto de dormir. 

Recordar cosas vergonzosas es parte de la vida, por algo todos nos avergonzamos de esos recuerdos y preferimos dejar el pasado atrás. Ahora bien, ¿por qué ocurre esto?

Podríamos simplemente culpar a nuestra buena memoria y seguir tan tranquilos como siempre. Pero, realmente el mecanismo que nos hace revivir esos errores vergonzosos es mucho más complejo. 

¿Qué nos hace recordar las cosas vergonzosas?

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Nuestros recuerdos pasados pueden aparecer de forma intencional, cuando tratamos de recordar lo que hicimos ayer por ejemplo, o de forma espontánea, cuando solo aparecen sin una razón aparente. O al menos eso es lo que pensamos. 

Usualmente no tratamos de recordar las cosas vergonzosas que hicimos en bachillerato o durante la niñez. Esos recuerdos son espontáneos, pero sí aparecen por una razón: están conectados a un contexto, una experiencia, un tiempo y una temática determinada. 

Las neuronas que controlan nuestra memoria y recuerdos desarrollan conexiones físicas entre sí a través de la superposición de información. A esas neuronas no les importa si nos avergonzamos o no de ese recuerdo pasado, solo están ahorrando espacio en el cerebro. Por lo tanto, cada vez que un estímulo externo coincide con ese recuerdo que quisiéramos olvidar, las neuronas se activan y reviven el momento.

Si alguna vez quemaste una olla, por ejemplo, puede que el humo te recuerde ese pequeño error. Una experiencia poco agradable, ya que acabaremos avergonzándonos nuevamente.

Los recuerdos pasados están cargados de emociones (en especial los vergonzosos) 

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Todos los recuerdos nos evocan algún tipo de emoción, ya sea felicidad, desagrado, curiosidad o tristeza. Principalmente porque las neuronas están conectadas a nuestros sentidos, pensamientos, sentimientos y emociones internas. 

Sin embargo, los recuerdos negativos tienden a tener un tono emocional mucho más fuerte que los recuerdos positivos. Es por eso que no siempre sonreímos al recordar un gran día, pero sí lloramos cada vez que pensamos en un ser querido.

La vergüenza, para bien o para mal, es un sentimiento negativo. Nos produce lo mismo que un ataque de pánico: taquicardias, sudoración, temblores, dificultad para respirar, enrojecimiento y tristeza. Así que los recuerdos cargados de vergüenza son especialmente poderosos. 

Aunque, cabe aclarar, que no siempre nos avergonzamos con los recuerdos del pasado. Todo depende de nuestro estado de ánimo.

Si estás triste justo ahora, es más probable que un recuerdo vergonzoso de tu infancia aparezca y te ataque con lo mejor que tiene. Al igual que si eres una persona que sufre algún tipo de trastorno mental, como la depresión. 

Pero si ya has hecho las paces con tu pasado, y sobre todo con ese error social, no tendrías por qué sentirte apenado por ello.

Nuestro cerebro nos da pequeños recordatorios desagradables de vez en cuando, eso lo sabemos. Y seguirá haciéndolo por muchos años más porque así funciona la memoria. Pero tú eres quien decide la importancia que tiene ese error que cometiste hace 10 o 15 años.

Referencias:

Why do I remember embarrassing things I’ve said or done in the past and feel ashamed all over again? https://medicalxpress.com/news/2022-11-ive-ashamed.html 

 ¿Qué puedo hacer para que el pasado deje de atormentarme? https://www.bbc.com/mundo/noticias-49394998

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