Una de cada cuatro personas en el mundo come diariamente alimentos picantes. Para conseguir ese picor pueden recurrir a diversos vegetales como la guindilla Capsicum, de la familia Solanaceae, conocida popularmente como chiles.

Pero, esto no siempre fue así en la historia de la humanidad. Antes de la llegada de Cristóbal Colón a América, en 1492, el resto del mundo desconocía la existencia de los chiles.

Según algunas teorías, los chiles se habrían originado en América del Sur, en algún área a lo largo de los Andes. En principio, estos chiles eran redondos y pequeños, más parecidos a la bayas.

Pero, cuando los humanos los domesticaron, fueron cambiando su forma. Actualmente existen cinco especies de chiles domesticados.

Los primeros indicios de domesticación datan de hace 6 mil años, y este proceso habría ocurrido en México o el norte de América Central. Mientas que la llegada de los chiles a Europa se produjo recién en el siglo XVI.

Entre las especies de chiles domesticadas se encuentran Capsicum annuum, C. chinense, C. frutescens, C. baccatum y C. pubescens. La especie con más variedades es la C. annuum, en la que se incluyen el pimiento morrón y el jalapeño de Nuevo México. Entre los C. chinense se hallan los habaneros y los scotch bonnets. En cuanto a los chiles de la especie C. frutescens, entre estos están los Tabasco.

Por otro lado, los ajíes sudamericanos están dentro de la especie C. baccatum, mientras que el rocoto peruano y el manzano mexicano son C. pubescens.

Vía Pixabay.

El secreto detrás de los alimentos picantes

Los chiles pican porque contienen capsaicina que es una sustancia que estimula los receptores en nuestra boca llamados receptores TRPV1, desencadenando una reacción. Los receptores TRPV1 tienen como objetivo la termorrecepción, que es la detección del calor. Por lo tanto, su misión es disuadirnos de consumir alimentos calientes.

Si los receptores TRPV1 se activan por la capsaicina, detectamos una sensación caliente, al punto de ebullición. Pero, no hay nada caliente allí, el dolor es solo un efecto secundario ilusorio de nuestros confusos receptores neuronales.

Estos receptores no solo estarían en el ser humano, sino también en ratones y ardillas. Por lo tanto, suele evitar los pimientos picantes como fuente de alimento.

En cuanto a por qué a algunos humanos les gusta el chile, una hipótesis sostiene que son buenos para nosotros. Tienen efectos beneficiosos en la salud humana, como la reducción de la presión arterial y también tendrían efectos antimicrobianos. Incluso, el picor del chile podría ayudar a controlar otros dolores.

Mientras tanto, existe otra hipótesis para explicar la preferencia por los alimentos picantes: el masoquismo benigno. Este podría describir como una emoción similar a la diversión de subirse a una montaña rusa.

Si eres de los que no disfruta del picante, pero sin querer lo has consumido, puedes probar con tomar un vaso de leche, unas cucharadas de yogur o un helado para calmar la sensación de ardor. La caseína, que es la principal proteína de la leche de vaca, atrae las moléculas de capsaicina. Las moléculas de caseína rodean a las moléculas de capsaicina y las eliminan.

Referencias:

Why some like it hot: The science of spiciness: https://theconversation.com/why-some-like-it-hot-the-science-of-spiciness-192291

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