Por lo general, la temporada de huracanes en el Océano Atlántico se torna más intensa a mediados de agosto. Sin embargo, este año la intensidad se hizo presente recién en septiembre. ¿Por qué?

A pesar de las predicciones, las semanas de agosto pasaron desapercibidas. Es la primera vez que sucede algo así desde 1997 luego que El Niño cortara la actividad de los huracanes.

Sin embargo, en este 2022 todo cambió para fines de septiembre. En un periodo de 9 días se formaron cuatro tormentas; dos de ellas, Fiona e Ian, se convirtieron en huracanes destructivos.

A principios de junio, las predicciones apuntaban que habría más actividad de tormentas en la temporada de este año. Existían dos factores que respaldaban estas estimaciones: abundante agua oceánica cálida en el Océano Atlántico y un evento de La Niña en el Pacífico.

Las aguas cálidas en el Pacífico tropical se desplazan hacia el oeste durante La Niña. Esto hace que los patrones de circulación en la atmósfera superior cambien, lo que a su vez tiene un efecto dominó en el resto del mundo.

Pero los cambios en el Atlántico son más significativos con La Niña, ya que la atmósfera se vuelve más inestable y hay menos cizalladura vertical del viento. Ambos factores favorecen la convección que genera un huracán.

Vía Pixabay.

Temporada de huracanes, de tranquila a intensa

A principios de junio de este año solo se había formado una tormenta, mientras que en julio, dos más.

La temporada se mantuvo tranquila por los meses restantes. El 1 de septiembre se formó la tormenta tropical Danielle, pero a fines de este mes todo cambió.

Los expertos sostienen que el largo periodo de inactividad está vinculado con algunos factores. Uno de los principales es el aire seco que fluye hacia los trópicos desde las latitudes más al norte y el desierto del Sahara. Este aire impide que los sistemas de baja presión, llamados «ondas tropicales», se conviertan en las semillas de muchas tormentas tropicales.

En la reciente temporada el aire seco del Sahara pudo haber sido empujado más al sur debido a todas estas ondulaciones. Además, el polvo del Sahara reduce la actividad porque absorbe la energía solar. De ese modo calienta las porciones más altas de la atmósfera, haciéndolas más estables. Por lo tanto, se vuelven menos propicias para las tormentas.

Dichas condiciones secas duraron hasta agosto. Sin embargo, fue retrocediendo para finales de mes y allí aparecieron las influencias de La Niña y el agua tibia del océano.

Entonces, poco a poco fueron apareciendo las tormentas tropicales como Danielle y Earl, que ganaron suficiente fuerza hasta convertirse en huracanes. Días más tarde se formó Fiona, haciendo estragos en Puerto Rico. Luego le siguieron Gaston, Hermine e Ian, este último rápidamente se convirtió en un gran huracán y azotó la costa del Golfo de Florida el miércoles.

Históricamente, septiembre es un mes donde la temporada de huracanes se vuelve más intensa. Pero, lo que resta saber es si esta temporada estará a la altura de los pronósticos y de anteriores temporadas como la de 2020, donde hubo más actividad en octubre y noviembre.

Referencias:

How Hurricane Season Went from Quiet to a ‘Powder Keg’: https://www.scientificamerican.com/article/how-hurricane-season-went-from-quiet-to-a-powder-keg/

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