En los estudios arqueológicos, la datación por radiocarbono lo es todo. 

Desde que el químico Willard Libby desarrolló este método en 1946, se han hecho cientos de descubrimientos emblemáticos. Tales como quiénes fueron los primeros artistas prehistóricos, o cuándo se hizo el primer implante quirúrgico en humanos.

Sin embargo la datación por radiocarbono está lejos de ser perfecta, y los arqueólogos lo saben.

Muchos hallazgos emocionantes han sido fechados incorrectamente o directamente no han sido fechados por culpa de las limitaciones biológicas de los cadáveres. Si no hay suficiente material orgánico o está contaminado es imposible aplicar una datación por radiocarbono. Y tristemente, eso suele pasar muy a menudo.

De hecho, se estima que solo el 50% de los cadáveres pueden datarse con este método. Lo que significa que la mitad de las pistas sobre nuestro pasado están todavía ocultas en los esqueletos conocidos. 

La arqueología ha evolucionado mucho, y por supuesto se han incorporado otros métodos de datación, pero ninguno ha podido mejorar esa carencia. 

Aunque un equipo de arqueólogos de la Universidad de Lund en Reino Unido asegura que han encontrado finalmente la solución: fechar restos partiendo del ADN.

Datación por radiocarbono vs. datación por ADN

Créditos: Cosmomagazine

Quizás suenen similares estos dos conceptos, pero lo que proponen los arqueólogos es un método completamente diferente al que se venía trabajando hasta ahora. 

La datación por radiocarbono utiliza el material orgánico que queda en los restos para estimar la edad del cadáver. Esto midiendo las reacciones químicas que sufrieron sus isótopos de carbono.

El carbono es un elemento que podemos encontrar en todos los seres vivos, especialmente el carbono-12 y el carbono-14 que se usan para la datación de restos arqueológicos. Estos isótopos los absorbemos cuando comemos alimentos y los exhalamos a la atmósfera, por lo que son muy útiles para medir la descomposición de un cuerpo. Les ponemos un ejemplo. 

Cuando un animal está vivo, la proporción de carbono en sus tejidos es la misma que hay en la atmósfera. Pero cuando el animal muere, deja de absorber carbono. Por lo tanto, al descomponerse, este carbono también va disminuyendo. A partir de allí es que se puede estimar la edad del animal, comparando cuánto carbono-14 queda en sus restos y cuánto carbono-12 queda en la atmósfera. 

Aunque la datación por radiocarbono solo puede fechar hasta los 50.000 años, pues cada 5730 años la radiactividad del carbono-14 desciende a la mitad. De allí el problema de este método. 

Sin embargo, lo que proponen los arqueólogos ahora no es usar el carbono solamente, sino fechar también con el ADN. Es decir, hacerle una secuenciación de ADN a cada resto arqueológico para descubrir su edad a partir de las mutaciones presentes.

Hay miles de mutaciones que aparecen y desaparecen con el tiempo. Y la ventaja de las mutaciones es que no se contaminan, por lo que su idea podría potenciar la precisión de las fechas arrojadas por el método tradicional. 

¿Pero la datación por ADN en verdad funciona?

Vía Pixabay

Este método de datación apenas se ha probado, por lo que es difícil compararlo con el método por radiocarbono. Pero los resultados son bastante prometedores por ahora.

Para probar la utilidad de este algoritmo para secuenciar ADN llamado “TPS”, el equipo utilizó esqueletos humanos. Lo que hicieron fue datar primero los más de 5000 genomas antiguos y modernos conocidos de manera que pudieran estimar luego la fecha de cada uno de los restos. Y así fue, en poco más de una hora el equipo obtuvo una estimación 35 años más precisa que la datación por radiocarbono para los esqueletos.

El TPS utiliza un tipo de inteligencia artificial conocida como aprendizaje automático, por lo que puede comprobar con rapidez si las firmas temporales (mutaciones) coinciden con la fecha estimada o no. 

Una de las firmas que más utiliza es el gen LCT, la mutación que le permitió a nuestros antepasados procesar la lactosa en el Neolítico. Este gen apareció hace 9.000 años y evolucionó a partir de los 4.000, con lo cual los investigadores tienen con un solo gen tres estimaciones temporales importantes: antes de la lactosa, a comienzos y en auge. 

Pero es necesario aclarar algo. Aunque el TPS funcionó bien, no es un sustituto de la datación por radiocarbono. Los investigadores lo ven más como un “método complementario”, pues también tiene sus limitaciones. 

Por ejemplo, es necesario que los restos tengan una cantidad considerable de datos de ADN para poder estimar su edad. Además, necesitan otros cráneos y restos cercanos con los que comparar la pieza, de lo contrario la estimación no será tan precisa. 

En definitiva, el TPS podría potenciar la datación por radiocarbono, pero jamás reemplazarlo. Este método con 70 años de uso seguirá siendo el pilar de la arqueología por mucho tiempo. 

Referencias:

Radiocarbon dating only works half the time. We may have found the solution https://phys.org/news/2022-09-radiocarbon-dating-solution.html 

‘Perhaps the most important isotope’: how carbon-14 revolutionised science https://www.theguardian.com/science/2019/aug/10/most-important-isotope-how-carbon-14-revolutionised-science

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