Dentro de la amplia gama de abusos sexuales que podemos sufrir hay un problema frecuente del que nadie habla: la pornografía de venganza. Conocida también como “el abuso basado en imágenes”.

El intercambio voluntario de contenido íntimo es una práctica común y casi universal. A muchas parejas les gusta, de hecho, enviarse imágenes de este tipo a través de las redes sociales. Sin embargo, cuando estas imágenes son robadas o tomadas sin previo consentimiento, esta práctica deja de ser tan amena y empiezan los verdaderos problemas.

La pornografía de venganza consiste justamente en eso: la difusión de imágenes o videos íntimos de otra persona sin su consentimiento. Esto con la finalidad de chantajear a dicha persona o de arruinar su reputación. 

De más está decir que este tipo de abuso sexual afecta enormemente a las víctimas. 

Las consecuencias psicológicas de la pornografía de venganza pueden ser tan graves como para provocar crisis de ansiedad, trastorno de estrés postraumático (TEPT), depresión, insomino y pensamientos suicidas. Todo esto por culpa de una expareja o una persona cercana que quiere cobrar “venganza”. 

Sin embargo, pasa algo curioso con este abuso que no vemos normalmente en casos de violencia doméstica o acoso: tanto víctimas como espectadores prefieren ignorar la situación.

¿Por qué? Siendo sinceros no existe una razón universal, pero la Universidad de Monash en Australia ha encontrado varios motivos. 

Nadie se responsabiliza de la pornografía de venganza

Vía Pixabay

Durante el estudio, el equipo exploró la actitud de los australianos de 18 a 71 años hacia el abuso basado en imágenes, y su disposición a intervenir. En total, reunieron a más 6.000 personas entre espectadores y víctimas de la pornografía de venganza.

Su hipótesis inicial era que nadie intervenía en estos casos porque era un tipo de abuso poco conocido. Pero para su sorpresa, alrededor de dos tercios (64 %) de los encuestados informaron que habían sido testigos de un abuso basado en imágenes. En su mayoría, en los que un perpetrador masculino chantajeaba a una víctima femenina. 

Sin embargo, solo el 46 % de los que habían presenciado esos abusos indicaron haber dicho o hecho algo para apoyar a la víctima. Y esto bajo estrictas condiciones como que la persona afectada fuera un amigo cercano. Si no, realmente no habrían pensado en ayudar.

De hecho, solo el 10% de los encuestados dijeron que habían denunciado al perpetrador, ya que no sentían que era su responsabilidad decir o hacer algo.

Nadie habla sobre este tipo de abuso (ni siquiera las víctimas)

Por otro lado, algunos participantes dijeron que preferían no hablar del tema aunque sintieran lástima por las víctimas. Básicamente porque no se sentían cómodos con el tema de las imágenes íntimas.

Una opinión que compartían con las víctimas, pues les apenaba que alguien pudiera ver ese material íntimo. Es justamente de eso de lo que se valen los abusadores para chantajear a las personas durante meses o incluso años.

Nadie desea ser la siguiente víctima de “venganza”

Créditos: Telemundo

Finalmente, el equipo descubrió que la seguridad personal también fue una barrera clave para la intervención. 

Ninguno de los espectadores de este tipo de abusos quiere ponerse en riesgo por defender a otra persona, en especial a una que no conoce. Si el perpetrador logra identificarlos, entonces su vida también puede estar en riesgo. 

Es por eso que la pornografía de venganza ha pasado desapercibida por tantos años. Y es posible, por como van las cosas, que todos sigan desviando la mirada ante este abuso para evitar ser las próximas víctimas. 

Referencias:

Turning a blind eye to image-based abuse https://phys.org/news/2022-09-eye-image-based-abuse.html 

Preventing image-based abuse in Australia: The role of bystanders https://www.aic.gov.au/crg/reports/crg-0218-19

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