Alrededor de 280 millones de personas en todo el mundo sufren depresión, un trastorno mental que produce tristeza, desapego y frustración. Para la mayoría esta condición es el resultado de problemas familiares o personales, pero para la ciencia podría ser también el fruto de una mala dieta. 

Hay una conexión íntima entre lo que comemos y lo que sentimos, más allá de lo saludable que puedan ser esos alimentos. Dependiendo de la dieta que sigamos, podemos ser más propensos a sufrir cambios en nuestro estado de ánimo. Ya sean olas de felicidad repentinas, alucinaciones o ataques de ansiedad. 

Es por eso que los nutricionistas son cuidadosos al momento de planificar una dieta, pues cualquier deficiencia nutricional puede influir en nuestro cerebro para bien o para mal. Y si lo pensamos, tiene bastante sentido.

La dieta nos hacer ser quienes somos, no es cuestión de actitud

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Todas nuestras acciones diarias están guiadas por el cerebro y las múltiples conexiones nerviosas que mandan estímulos al cuerpo. Pero para que estas estructuras funcionen correctamente hay que alimentarlas primero con minerales, vitaminas, azúcares y proteínas. 

Si no le damos al cuerpo todo lo que necesita, este no funcionará de la manera que esperamos. Les ponemos un ejemplo. 

Cuando se produjo el descubrimiento de América, muchos marineros sufrieron alucinaciones durante los largos viajes marítimos. En su mayoría, sobre campos verdes y comidas suculentas que les hacían sentir nostalgia. 

Al llegar a puerto, un equipo de médicos analizó a cada marinero por miedo a que estuvieran intoxicados. Sin embargo, lo que descubrieron era que tenían escorbuto, una enfermedad causada por la deficiencia de vitamina C. 

En consecuencia, los médicos le dieron a beber jugo de limón, y al cabo de un par de semanas todos dejaron de sufrir alucinaciones. Por el contrario, estaban mucho más centrados y alegres.

Durante los viajes marítimos las frutas y las verduras eran escasas, por lo que los marineros tenían una dieta exclusiva de carbohidratos y proteínas. Lo que hoy se consideraría una «mala dieta» pues no ayuda a liberar neurotransmisores, los mensajeros químicos que le dan instrucciones al cerebro.

Como este caso, existen muchos otros ejemplos. Pero ahora vayamos a las dietas más modernas, pues también afectan nuestro estado de ánimo.

Dieta cetogénica y los estados de ánimo

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La carne nos da energía. Las células obtienen combustible al descomponer las grasas en compuestos llamados cetonas. Por lo tanto, una dieta rica en grasa y carne puede ayudar a mejorar nuestro metabolismo y nuestra actitud. 

De hecho, varios estudios han demostrado que las dietas keto pueden prevenir el cáncer y calmar las convulsiones epilépticas. 

Aunque cabe aclarar que, si bien esta dieta puede mejorar nuestro estado de ánimo, no es adecuada para las personas que sufren de hipertensión o problemas hepáticos.

Dietas veganas

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Las personas que buscan cuidar el medioambiente a menudo se alimentan con proteínas de origen vegetal en lugar de consumir carne, huevos, leche o miel. Esto puede ser un riesgo sin los suplementos vitamínicos adecuados, pues las plantas no tienen niacina: una vitamina que ayuda a prevenir la demencia.

La niacina normalmente se encuentra en la carne y el pescado, y es esencial para convertir los alimentos en energía. Sin ella, la muerte de las neuronas se acelera por lo que la persona se sentirá cansada, triste y olvidadiza. 

Por el contrario, se ha demostrado que aumentar los niveles de niacina mitiga los efectos de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, Huntington y Parkinson.

Así que si queremos seguir con esta dieta deberíamos consultar con un profesional para evitar esos estados de ánimo.

La dieta pescetariana

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Siguiendo esta misma línea, están las personas que siguen una dieta vegetariana pero incorporan mariscos y pescado.

Los productos del mar son los que más yodo tienen. Una sustancia que, al igual que la niacina, es esencial para las hormonas tiroideas. Este mineral ayuda en muchos aspectos de la biología humana, incluidos el desarrollo, el metabolismo, el apetito y el sueño. Por lo que su consumo mejora, al parecer, el coeficiente intelectual. 

En este sentido, las personas que siguen dietas pescetarianas suelen tener un buen estado de ánimo.

Dietas ricas en azúcares

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El consumo elevado de azúcares refinados es malo para el cerebro. Da igual si lo que comemos son galletas horneadas en casa o bollos ultraprocesados.

Aunque estos alimentos nos aportan muchos nutrientes, una dieta rica en azúcares también insensibiliza nuestros sentidos. Por lo tanto, viviremos en un carrusel de emociones. Desde ataques de hiperactividad a crisis de ansiedad por no poder consumir más azúcar.

De hecho, algunos investigadores creen que esta disminución sensorial es la razón por la que preferimos los alimentos azucarados. 

En definitiva, nuestro estado de ánimo va de la mano con la dieta

Por supuesto, comer ocasionalmente azúcar no nos hará daño. Para que una dieta pueda afectar nuestro estado de ánimo es necesario seguirla por varias semanas.

Es por eso que lo más importante a la hora de decidir entre una dieta u otra no es pensar en el producto, sino en los nutrientes. Asegurarnos de que tenemos tanto minerales como vitaminas, proteínas, sales, azúcares y grasas. 

El equilibrio nutricional es clave para que enfrentemos al mundo con la mejor actitud.

Referencias:

Diet can influence mood, behavior and more—a neuroscientist explains https://medicalxpress.com/news/2022-08-diet-mood-behavior-morea-neuroscientist.html 

Does What You Eat Affect Your Mood? https://health.clevelandclinic.org/bad-mood-look-to-your-food/

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