En 1917, a la sombra del virus de la gripe española, se desarrolló otra epidemia devastadora que mató a un millón de personas. Hablamos de “la pandemia de los durmientes”, un episodio histórico que marcó a la medicina moderna pues todavía hoy sigue siendo todo un misterio. 

Quienes contrajeron esta enfermedad tras la I Guerra Mundial, en su mayoría jóvenes entre los 10 y 30 años, vivían prácticamente como sonámbulos: si se dormían, ya no despertaban. Podían pasar días, meses e incluso años sumergidos en un profundo sueño, por lo que sus ojos, brazos y piernas perdían con el tiempo la capacidad de moverse. 

En definitiva, sufrían fantasías y delirios, así como una tremenda necesidad de dormir. Si llegaban a despertar, lo hacían con secuelas similares a las del Párkinson (temblores, rigidez muscular, pérdida del equilibrio y problemas para concentrarse). Y si no, seguían dormidos hasta que morían de inanición o por culpa de una dolencia no tratada.

No era coma, ni tampoco narcolepsia. Los “durmientes” se enteraban de todo

Las personas con esta enfermedad iban cerrando los ojos poco a poco / Créditos: Okdiario

Cuando todo empezó, en 1917, los médicos pensaron que esta enfermedad del sueño era algún tipo de variante de la narcolepsia. Sin embargo, al ver que los síntomas se propagaban por toda Europa como los de la influenza, esta posibilidad quedó descartada. 

Fue el psiquiatra y neurólogo austríaco, Constantin von Economo, quien identificó y bautizó a esta nueva pandemia como “epilepsia letárgica”, tras estudiar en mayo de 1917 a una joven de 26 años llamada Patricia Maguire. 

Esta mujer fue trasladada desde una comisaría de policía al hospital psiquiátrico de von Economo. A su llegada, se quejó de una somnolencia irresistible, pero nadie le dio importancia a su cansancio. Al mes siguiente, se le bajaron los párpados (ptosis) y comenzó a ver doble (diplopía). Parecía caminar dormida por los pasillos, pero su inteligencia y memoria estaban intactas. Podía incluso responder a las preguntas que le hacían, solo que no podía despertarse por completo. Así que, seis años después, falleció por un edema pulmonar.

Lo que este caso demostró fue que la pandemia de los durmientes debía ser una enfermedad viral, pues era muy diferente a todas las conocidas por los psiquiatras en esa época.  

Entonces, ¿qué virus causó esta pandemia del sueño?

Créditos: Cdn

Los neurocientíficos creen que el primer brote de encefalitis letárgica fue causado por el virus de la gripe española. Es decir, por ese síndrome respiratorio tan conocido, del que partió también el Covid-19.

Al parecer, la coincidencia temporal apunta en la misma dirección. Estudios recientes han revelado que los soldados franceses e ingleses que enfermaron de gripe también sufrieron encefalitis. De allí, posiblemente, su expansión tan acelerada por Europa.

“La pandemia de los durmientes comenzó en Austria, posiblemente entre las tropas militares de 1917, y llegó a Francia, Inglaterra y Alemania al año siguiente. Para 1919, ya había casos por toda Europa y había saltado a América. El pico de la pandemia se produjo en 1924. Pero a partir de 1933 desapareció”.

 Jesús Porta, vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología

Además, ambas enfermedades afectaban especialmente a los jóvenes, por lo que Von Economo, y otros colegas de su tiempo, afirmaron que la encefalitis letárgica pudo ser una secuela de la influenza. Lo que es bastante preocupante, pues significa que el Covid-19 también podría ocasionar otra pandemia de durmientes en el siglo XXI.

¿La pandemia de los durmientes podría repetirse?

Habia «durmientes» en las calles, en las escuelas y en los hospitales / Créditos: Okdiario

Las autopsias realizadas a los fallecidos por esta enfermedad del sueño han revelado serias lesiones cerebrales en la sustancia negra. Prácticamente, en la zona en la que se concentran las neuronas que generan dopamina. Lo que explica por qué los sobrevivientes tenían síntomas similares a la enfermedad de Parkinson. 

Un nuevo estudio del University College de Londres ha advertido esta misma semana sobre una disfunción cerebral similar en 43 pacientes que contrajeron el Covid-19. Por supuesto, ninguno se volvió un «durmiente», pero reportaron un serio deterioro cognitivo en las neuronas y tejidos que oxigenan al cerebro.

Por lo tanto, tal vez vivamos un brote de encefalitis letárgica en los próximos años.

“No es que necesariamente haya una conexión directa entre las dos pandemias, pero debemos estar atentos. Ya nos olvidamos una vez de lo que pasó en la década de 1920, y el COVID-19 podría conducirnos a otra amnesia histórica”. 

Edward Shorter, profesor de psiquiatría en la Universidad de Toronto, Canadá

En cualquier caso, todavía no sabemos cómo curar la enigmática pandemia de los durmientes. Hace medio siglo, este brote desapareció sin dejar rastro. Ningún científico ha logrado determinar el porqué, pero piensan que releyendo las historias perdidas de la encefalitis letárgica podrán descubrir la mejor forma de curarla. O al menos de prevenir sus efectos.

Así que esperamos que esta información sea de utilidad para evitar más pandemias en el futuro.

Referencias:

La pandemia de los durmientes que emergió con la “gripe española” https://elpais-com.cdn.ampproject.org/v/s/elpais.com/ciencia/2020-07-18

Encefalitis como manifestación neurológica del COVID-19 https://doi.org/10.1016%2Fj.medcli.2021.03.008 

La enigmática epidemia del sueño que el covid-19 puede despertar cien años después https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-07-09/efectos-neurologicos-coronavirus-despertares-sacks_2673811/

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