La teoría de la evolución propuesta por Charles Darwin sentó las bases de prácticamente toda la biología contemporánea. Por no mencionar que afectó por completo nuestra forma de entender el impacto que tiene el medioambiente en el organismo. Sin embargo, hace un par de décadas, hablar sobre especies que evolucionan de otras era algo ilegal en Estados Unidos. 

En 1925, un profesor de secundaria llamado John T. Scopes se atrevió a enseñarle a sus alumnos que el hombre descendía de un orden de animales inferiores, y como resultado, fue condenado en tribunales por blasfemia.

Por supuesto, esto atrajo la atención de la prensa y se convirtió en uno de los procesos legales icónicos de la cultura occidental. Pero más allá de la opinión pública, el juicio del mono o juicio Scopes es también el ejemplo más insólito de los alcances del creacionismo.

¿Qué originó el juicio del mono?

John Scopes antes del juicio del mono | Créditos: Vox

En aquel entonces, la legislatura estadounidense tenía una disposición legal bastante moralista que dictaba las enseñanzas en universidades y escuelas de Tennessee: la Butler Act.

Lo que prohibía esta normativa no eran las discusiones sobre la evolución, pero sí toda enseñanza que negara la historia de la Divina Creación del hombre. Es decir, las ideas bíblicas que consideran que el ser humano fue hecho a imagen y semejanza de Dios.

Esto debido a que la Iglesia tenía una gran influencia en el sur de Estados Unidos durante el siglo XX. Específicamente, en la Cámara de Representantes de Tennessee, por la participación del feligrés John Butler.

Darwin sostenía que el ser humano y los primates tenían un antepasado común a partir del cual evolucionaron. Con lo cual la teoría evolucionista no tenía cabida dentro de los centros educativos religiosos.

Aún así John Scopes, un profesor sustituto de biología, creía que los jóvenes debían tener una visión crítica de la naturaleza, por lo que les enseño un texto del libro de Charles Darwin: el origen de las especies.

Como resultado, fue acusado el 5 de mayo de 1925 por desacato a la Butler Act y blasfemia. Incluso estuvo a un paso de ser sentenciado a prisión, pero la ayuda de su abogado defensor logró reducir la condena del juicio del mono a solo 100 dólares de multa.

Una pelea ideológica que pasó a la historia como litigio judicial

Al juicio del mono acudieron más de 1000 personas | créditos: Liberty

La batalla en tribunales del profesor siguió el debido proceso de cualquier otro juicio. Hubo una audiencia preliminar el 9 de mayo para presentar los cargos y las primeras evidencias, y varias sesiones posteriores para desvirtuar esta teoría y dar un veredicto. 

Scopes afirmaba que no había enseñado el tema con precisión, pero había usado materiales que incluían imágenes de la teoría de la evolución. Con lo cual su sentencia dependía únicamente de qué tan bueno fuera el argumento de su abogado: Clarence Seward Darrow. 

Por fortuna, este letrado estaba también en contra del cristianismo fundamentalista que sostenía la ley de Tennessee y el abogado acusador William Jennings Bryan. Así que desarrolló una estrategia legal infalible para exculpar a Scopes en el juicio del mono. 

Lo que hizo fue reunir a varios testigos, entre ellos al zoólogo Maynard M. Metcalf, para argumentar por qué la evolución era una ciencia. Esto mientras le pedía al abogado acusador que se subiera al estrado y le ayudara a interpretar literalmente la Biblia, en lugar de usar los discursos radicales de los creacionistas. 

Después de arrinconarlo por dos horas, William Jennings Bryan admitió que no sabía mucho sobre ciencia ya que la Biblia no proporcionaba ninguna respuesta. Por lo tanto, no había forma de medir la “blasfemia” que había cometido Scopes. 

En consecuencia, el jurado declaró que el profesor podía retirarse tras pagar 100 dólares de compensación. Lo que era el precio mínimo para esta clase de multa que establecía entre 100 y 500 dólares en caso de una infracción leve al Butler Act.

¿Qué nos dejó el juicio del mono?

Después del juicio del mono, a Scopes se le ofreció un nuevo contrato de enseñanza. Sin embargo, este decidió dejar de ser profesor y convertirse en ingeniero petrolero. No por miedo a que la ley volviera a acusarlo, sino porque la experiencia en tribunales había sido completamente absurda. 

Tanto fuera como dentro del juzgado reinaba una atmósfera de circo. Había música, risas y aplausos que distraían a los testigos. El juicio del mono parecía más una película de Hollywood que un litigio, pues solo se discutía si la Biblia estaba equivocada o si Darwin decía tonterías. 

En conclusión, era un proceso judicial que no tenía ni pies ni cabeza. 

Por fortuna, esta ley fue derogada en 1967, y ahora los profesores de Tennessee pueden enseñar la teoría darwinista. Pero el miedo a que surjan leyes parecidas que prohiban la investigación científica aún está presente en Occidente.

Referencias:

Scopes Trial https://www.history.com/topics/roaring-twenties/scopes-trial 

El insólito juicio del mono https://comercioyjusticia.info/opinion/el-insolito-juicio-mono/ 

¿En qué consistió el juicio del mono?  https://www.muyhistoria.es/curiosidades/preguntas-respuestas/

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