El labial rojo siempre ha sido un ícono en el mundo del maquillaje y la moda, pero hubo una época llegó a significar mucho más que eso: se convirtió en un arma política en contra de Adolf Hitler fomentada por el mismísimo Winston Churchill.

Era bien sabido en la década de 1940 que el dictador alemán odiaba el labial rojo.  La periodista Rachel Felder lo explica en su libro ‘Red Lipstick: An Ode to a Beauty Icon’: el rojo de labios era para el dictador indicador de mujeres políticamente activas y socialmente independientes.

Por lo tanto, el alemán le prohibió a las mujeres que se maquillaran durante las reuniones. De hecho, estas recibían una serie de recomendaciones cosméticas para reunirse con el Führer.

Sin embargo, por parte de los aliados, el discurso era completamente diferente.

Labiales rojos equivalen a poder

Una integrante de la patrulla de precauciones antiaéreas del Reino Unido usando labial rojo en 1940
Una integrante de la patrulla de precauciones antiaéreas del Reino Unido usando labial rojo en 1940

El Primer Ministro británico de la época, Winston Churchill, se había declarado fanático del labial rojo en las mujeres. Además de que lo consideraba un ícono de la belleza en la época, entendía lo que significaba en este contexto: empoderamiento femenino y rebelión en contra de la Alemania nazi.

Pero esto no era algo nuevo. De hecho, el labial rojo se convirtió en un símbolo de poder femenino desde el año 1912, cuando la canadiense Elizabeth Arden le dio labiales rojos a las sufragistas en la Quinta Avenida de Nueva York para que lo utilizaran como bandera feminista.

Sin embargo, en medio del conflicto bélico y en vista de las preferencias de Hitler, el labial rojo añadió un significado nuevo a su repertorio. Así lo explica Felder en su libro:

“El pintalabios sube la moral, pero es mucho más que eso: en tiempos de crisis, como hizo durante la Segunda Guerra Mundial, les aporta a las mujeres un sentido de normalidad. En estos días, en los que la gente está lidiando con el estrés, el confinamiento y la pérdida de sus seres queridos, mantener esos pequeños detalles diarios que te hacen sentir normal es muy importante. El pintarse los labios de rojo cada mañana empodera”

El labial rojo se había convertido, irremediablemente, en un arma política. En el Reino Unido, las empresas de cosméticos habían detenido su producción; productos básicos como gasolina, azúcar y huevos se racionalizaban; pero el labial rojo se repartía entre las mujeres en calidad de producto de primera necesidad.

Campañas para subir la moral

Publicidad de labiales rojos de Elizabeth Arden
Afiche de la campaña de Elizabeth Arden

Muchos personajes importantes se sumaron a la campaña del labial rojo. La propia Elizabeth Arden creó en 1943 el labial ‘Victory Red’, creado especialmente para las fuerzas armadas estadounidenses; la empresaria Helena Rubinstein creó tonos que llevaban nombres como ‘Rojo de regimiento’; y muchas otras marcas también aportaron su propia visión al movimiento del labial rojo.

Sin embargo, no se puede obviar el hecho de que muchas de estas campañas fomentaban, en cierta medida, el sexismo de la época. Por ejemplo, la marca Tangee, en su campaña ‘Guerra, mujeres y pintalabios’, defendía lo siguiente:

“Ningún labial –ni el de nuestra firma ni el de ninguna otra– va a ganar la guerra. Pero simboliza una de las razones por la que estamos peleando… el preciado derecho de las mujeres a lucir femeninas y hermosas, bajo cualquier circunstancia”.

Aún así, tal movimiento masivo generó un fenómeno económico que fue acuñado por el empresario Leonard Lauder en el 2001 como ‘el efecto pintalabios’. Este se convirtió en un indicador económico que hace referencia a la manera en la que la empresa de cosméticos se mantiene igual o incluso mejora sus ganancias, pues los consumidores le dan prioridad a los “lujos” más accesibles en tiempos de crisis. Esto se evidenció en Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre, pero fue un fenómeno que se observó también durante La Gran Depresión.

Si bien los labiales rojos no ganaron la guerra, no se puede negar que hicieron su trabajo al convertirse en un arma simbólica tan poderosa como para levantar los ánimos durante la guerra. En casos como este se evidencia que, a veces, lo que podría parecer superficial también puede convertirse en una demostración de rebeldía.

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