El EBV es un patógeno que permanece latente en la mayoría de nosotros. Pero, recientemente se ha descubierto que este virus estaría relacionado con varios tipos de cáncer.

Este vínculo fue el gran hallazgo del virólogo Hank Balfour en la década de los 70. En ese entonces, el profesional estaba estudiando las perspectivas de supervivencia a largo plazo de los pacientes con trasplante de riñón. Durante este estudio notó que una pequeña proporción de ellos desarrollaba una forma rara de cáncer conocida como post trastorno proliferativo del trasplante.

La intriga aumentó cuando descubrió que casi todos estos pacientes habían sido infectados con un virus llamado Epstein-Barr o EBV. Un curioso patógeno que ha desconcertado a los cazadores de virus durante décadas.

El virus silencioso Epstein-Barr

De acuerdo a los expertos, el EBV puede mantener la latencia dentro de las células humanas. A diferencia de los virus como el Ébola o el Sars-CoV-2, que causan estragos antes de abandonar el cuerpo, el EBV es un virus de ataque y permanencia.

Infecciones como el Epstein-Barr se asimilan silenciosamente dentro de los tejidos del cuerpo, que hace imposible que el sistema inmunitario se deshaga de ellas. Incluso permanecen con nosotros por el resto de nuestras vidas. 

Lo que los científicos han intentado responder es cómo estas infecciones pueden llegar a afectar nuestra salud. En los últimos 40 años, ha habido una creciente evidencia de que el EBV no es tan benigno como parece.

El EBV ha evolucionado y se ha vuelto experto en esconderse en un tipo de célula inmune llamada células B, donde permanece durante décadas. La mayoría de nosotros contraemos el EBV en la infancia. Tal es así que ni siquiera nos damos cuenta de que lo tenemos. 

El único momento en el que el EBV hace su aparición es cuando los adolescentes o adultos desarrollan mononucleosis o fiebre glandular. Esta enfermedad se asocia con la fatiga extrema e inflamación de las glándulas.

Además, la presencia del virus en nuestro organismo también se ha asociado con unos 200 mil casos de cáncer en todo el mundo cada año, que se desarrollan años después de la infección. Algunos de estos cánceres son de cabeza, cuello y estómago.

El EBV también se ha asociado con una variedad de trastornos autoinmunes, como el lupus. No solo eso, un estudio descubrió que el EBV está implicado en la esclerosis múltiple (EM), una enfermedad autoinmune incurable que afecta el sistema nervioso central.

Hank Balfour junto a sus colegas. Créditos: Annandale Advocate

¿Por qué la mayoría de nosotros puede coexistir con este virus y nunca desarrollar cáncer o esclerosis múltiple?

El mundo médico no sabe qué hacer con el EBV. Es un virus omnipresente y está dentro del 95% de la población mundial. Por lo general, los médicos no quieren lidiar con él debido a su complejidad.

Sin embargo, la mayoría de las personas no logran desarrollar ninguna de las enfermedades mencionadas. Según los expertos, esto podría deberse al delicado equilibrio entre el virus y el sistema inmunitario del organismo.

El virus Epstein-Barr se esconde en las células B del cuerpo, y emerge de vez en cuando para replicarse y evitar que los defensores inmunitarios llamados células T lo erradiquen por completo. Cuando logra replicarse más de la cuenta, el virus puede moverse a otros tejidos y causar daños.

Los especialistas han comprobado que los factores que hacen que las personas infectadas con EBV desarrollen diversas formas de cáncer son una mezcla compleja de genética y disfunción inmunológica. Conforme a lo que observaron los científicos, el EBV puede suprimir el proceso de muerte normal de las células infectadas. En caso de que estas células además posean otras mutaciones, pueden crecer y convertirse en un tumor.

Las posibilidades de que esto suceda pueden aumentar debido a ciertos factores del estilo de vida. Por ejemplo, los productos químicos como el humo del tabaco, los pesticidas y los aditivos alimentarios podrían interactuar con el EBV y amplificar su genoma dentro de las células B. O, en todo caso, alterar la forma en que interactúa con el sistema inmunitario de alguna manera maligna.

La solución podría estar en una vacuna

Balfour se centró en desarrollar una vacuna para evitar que las personas se infectaran con el virus. Sin embargo, todos sus esfuerzos se han visto frustrados debido a que las compañías farmacéuticas se estancaban y reflexionaban sobre si tal golpe sería económico.

El advenimiento de la tecnología de vacunas de ARN mensajero (ARNm) y el descubrimiento de que el EBV parece ser la causa principal de la EM, ha agregado un nuevo impulso para llevar una vacuna de este tipo al mercado. 

En la actualidad, hay tres vacunas contra el virus del Epstein-Barr en desarrollo. La compañía que está detrás de la preparación de estas vacunas es Moderna. Por el momento, los ensayos clínicos están en fase 1.

El ensayo clínico de Moderna está dirigido a personas en el rango de edad de 18 a 30 años, pero el objetivo final es administrar la vacuna a los bebés. Esto se debe a que el virus puede manifestarse en la juventud.

Los expertos creen que se necesitará un estudio muy grande y de larga duración para demostrar que una vacuna contra el VEB previene la EM. Además, deberán tener en cuenta si la inmunidad será completa y podrá prevenir el cáncer.

Sin embargo, para Balfour este es un gran progreso en un área que ha sido muy descuidada durante tanto tiempo.

Referencias:

Can we vaccinate against Epstein-Barr, the virus you didn’t know you had?: https://www.theguardian.com/science/2022/mar/20/can-we-vaccinate-against-epstein-barr-virus-multiple-sclerosis-cancer

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