Los recientes descubrimientos de restos óseos pintados se encuentran entre las ruinas de la antigua ciudad turca de Çatalhöyük. En su momento de apogeo, fue un vasto y antiguo asentamiento humano. Este posee características similares a las ciudades modernas, en especial en su organización. 

Çatalhöyük está dentro del grupo de las ciudades más antiguas del mundo. Sus asentamientos fueron el hogar de más de 8 mil personas después de su fundación aproximadamente en el 7100 a. C.

Los pingmentos estaban casi siempre en la zona del cráneo de los difuntos. Créditos: Marco Milella.

Una civilización que tenía como costumbre colorear los cadáveres de sus muertos

Çatalhöyük fue una ciudad que tuvo su esplendor durante el Neolítico. Algunas particularidades de esta ciudad antigua turca tienen que ver con la manera en que estaba organizada. Por ejemplo, se trató de una ciudad que no tenía calles. Las viviendas se construyeron una al lado de la otra y el único modo de ingresar a los edificios era descendiendo desde la azotea.

En el interior de las casas, no solo había personas vivas, sino que también estaban enterrados los familiares que ya fallecieron. Según pudieron comprobar los antropólogos de esta investigación, los adultos eran enterrados de forma flexionada. Siempre debajo de las plataformas norte y este de la sala central. Mientras que los recién nacidos y los bebés eran enterrados en lugares más variables dentro de la casa.

La manera tan particular de entierro no fue lo único llamativo de esta ciudad. Lo que más captó la atención de los antropólogos fue la costumbre inusual en que estaban pintados los restos óseos de los muertos. La gente de Çatalhöyük pintaba los cadáveres antes del entierro, a modo de ritual funerario. Los antropólogos desconocen los detalles de los pigmentos utilizados y el simbolismo de sus colores.

Estudios antropológicos en Turquía

El nuevo estudio antropológico en Turquía analiza las prácticas funerarias de la antigua Çatalhöyük. Los investigadores examinaron los restos óseos de antiguos individuos de esta antigua ciudad turca. La cifra examinada ronda los 800 cadáveres que los antropológos vienen desenterrando desde principios de la década de 1990.

El equipo no solo investigó la manera única en que los restos óseos fueron pintados. El equipo también analizó los pigmentos que utilizaron los antiguos pobladores de Çatalhöyük. Los investigadores lo hicieron con un espectrómetro de fluorescencia de rayos X.

Gracias a este análisis, los antropólogos comprobaron que alrededor del 6 por ciento de los individuos que estudiaron tenían pigmentos en los huesos. Un 11 por ciento presentaba pigmentos en artículos de tumbas enterrados con los difuntos, como conchas, cuencos, cestas y objetos de hueso.

Los pigmentos que aplicaban a los restos óseos siempre fueron de color rojo (generalmente en el cráneo), siendo el ocre rojo el pigmento más utilizado. La cifra más alta se dio en hombres, que recibieron tratamiento directo con pigmentos. Además, este ritual de pintar los huesos se daba más que en niños.

Los antropólogos pudieron observar que los pigmentos menos comunes delataban la identidad social de los difuntos. El cinabrio, una forma roja de sulfuro de mercurio, lo usaban únicamente para los hombres. Este pigmento se aplicaba directamente sobre el hueso o en las cintas rojas que colocaban en la cabeza de esos hombres, estando en vida o en el momento del entierro.

Mientras tanto, los pigmentos azules y verdes en los artículos funerarios se limitaron únicamente a mujeres y niños.

Restos óseos pintados
Créditos: Proyecto de investigación Jason Quinlan/Çatalhöyük.

Cada vez que alguien fallecía, también pintaban las paredes de las casas

De acuerdo con lo que pudieron comprobar los investigadores, estos colores estaban asociados con conceptos de crecimiento, fertilidad y madurez. Sin embargo, esa es solo una suposición puesto que el tamaño de muestra es limitado. Por este motivo, la capacidad para interpretar los descubrimientos también posee límites.

Sin embargo, lo que está claro es que existe algún tipo de vínculo entre la cantidad de entierros dentro de una vivienda y las capas de pintura que se encuentran en las paredes sobre la tumba. Conforme a lo que suponen los antropólogos, cuando enterraban a alguien, también pintaban las paredes de la casa.

Algo más que descubrió el equipo de investigación fue la manera variable de los entierros. No todos los muertos pasaron por un entierro similar. Algunos nunca han sido perturbados desde el Neolítico, mientras que otros sí pasaron por una perturbación por parte de una actividad neolítica posterior. Los antrólogos piensan que cumplían algún tipo de función simbólica en la comunidad, antes de que los volvieran a enterrar.

En cuanto a qué propósito sirvió esto, los investigadores dicen que el entierro de humanos dentro de la comunidad podría haber sido una forma de mantener viva la memoria de esas personas. Este tipo de entierros pudo haber sido parte de los procesos de retención de la memoria. Con cada entierro, la memoria comunitaria mantenía al difunto cerca del ritmo diario de las actividades domésticas rutinarias.

Referencias:

New insights on commemoration of the dead through mortuary and architectural use of pigments at Neolithic Çatalhöyük, Turkey: https://www.nature.com/articles/s41598-022-07284-3

People in One of World’s Oldest Cities Colored The Bones of Their Dead: https://www.sciencealert.com/ancient-city-from-9-000-years-ago-buried-their-dead-in-very-mysterious-ways

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