Un día como hoy hace 143 años nació Albert Einstein, quizás el científico más popular en el medio. Reconocido por sacar la lengua en cada fotografía que se le hacía, y desarrollar la Teoría de la Relatividad que revolucionó la ciencia del siglo XX, entre muchas otras investigaciones de renombre. 

Sin duda una mente prodigiosa que despertó la curiosidad de muchos científicos tras anunciar que «nada beneficiará tanto la salud humana ni aumentará las posibilidades de supervivencia como la evolución hacia una dieta vegetariana».

Una afirmación que si bien no dice nada que no sepamos, podría aclarar el secreto detrás de su gran cerebro. 

Albert Einstein, un «vegetariano» particular 

En la última carta que envió el científico a su amigo Hans Meuhsan en 1954, éste le comunicaba que tenía una dieta libre de grasas, carne y pescado, lo que nosotros entenderíamos como una “dieta vegetariana”. Sin embargo, al analizar los platillos que le describió a su amigo, podemos ver que tenía una dieta más bien omnívora, pero con ciertas limitaciones. 

El desayuno era pesado

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Para Albert Einstein el desayuno era la comida más importante del día, ya que el cerebro necesitaba recargar el combustible después de más de 7 horas de inanición. De allí que fuera su comida más pesada. 

Todos los días comía dos huevos fritos, junto con una ración de champiñones con miel y pan. Una mezcla que según él era exquisita, pero muy difícil de conseguir debido a que los huevos, la mantequilla y el pan que le gustaban eran escasos durante la Primera Guerra Mundial. 

Los huevos son ricos en proteínas y minerales como hierro, selenio y fósforo. Mientras que los champiñones con miel tienen un alto contenido de vitaminas B y antioxidantes. Por tanto, si bien eran pesados y difíciles de conseguir, seguramente le aportaban a la dieta de Albert Einstein más de la mitad de las proteínas que necesitaba para llevar a cabo sus funciones cognitivas. 

El almuerzo era escaso

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Por el contrario, el almuerzo era la parte de la dieta que menos le importaba a Albert Einstein. A tal punto que muchas veces se olvidaba de almorzar. 

Debido a esto, no tenía un platillo específico que comentarle a su amigo Hans Meuhsan. Sin embargo Walter Isaacson, un periodista británico y conocido de Einstein, aseguró en su libro que una vez lo invitó a almorzar una lata de frijoles que calentó en una estufa Sterno.

“Uno por uno, metió una cuchara en cada uno y ese fue nuestro almuerzo. No nos dio nada de beber’”.

Walter Isaacson

Suponiendo que este fuera su almuerzo cada día, entonces es muy posible que el científico obtuviera una buena fuente de carbohidratos y proteínas de allí. Los frijoles son ricos en antioxidantes, minerales y fibra. Por tanto, su consumo frecuente puede ayudar a mejorar la flora intestinal y vascular que se necesita el cerebro para agilizar sus procesos orgánicos. 

La cena era ligera y saludable

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La dieta de Albert Einstein terminaba con la cena, la cual solía ser bastante ligera. En su mayoría consistía en refrigerios frutales con salchichas, queso Gruyère y té.

Solo ocasionalmente salía de esa dieta para consumir los regalos que le ofrecían sus amigos matemáticos: Maurice Solovine y Conrad Habicht, que eran por lo general frutos secos, arroz o macarrones. Aunque para su cumpleaños 38, lo sorprendieron con caviar.

“Einstein estaba absorto analizando el principio de inercia de Galileo, y mientras hablaba tomaba bocado tras bocado de su caviar sin darse cuenta. Habicht y yo intercambiamos miradas furtivas y le preguntamos «¿Te das cuenta de lo que has estado comiendo?», a lo que él exclamó  “¡Así que ese era el famoso caviar! Si ofreces comida gourmet a campesinos como yo, sabes que no la apreciarán».

Maurice Solovine

Los alcances de la dieta de Albert Einstein

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Es imposible saber a ciencia cierta si la dieta de Einstein contribuyó a su enorme capacidad intelectual, pero muchos científicos creen que es posible. Principalmente porque la dieta de Einstein se sustentaba en tres pilares básicos de la dieta alimentaria actual: las frutas, verduras y proteínas no grasas, que está demostrado que ayudan a mejorar procesos cognitivos como la memoria, el aprendizaje y la agilidad mental. 

Además de que le huía a dos grupos alimenticios que, en exceso, pueden ser perjudiciales para la salud, como son las grasas y los azúcares. Ambos capaces de obstaculizar el flujo sanguíneo y reducir la oxigenación del cerebro.

Sin embargo, para los nutricionistas está más que claro que la dieta de Albert Eistein no debe imitarse, por más útil que pueda ser para el IQ.

El precio de la inteligencia

Albert Einstein sufrió durante toda su vida problemas gastrointestinales crónicos, entre úlceras estomacales como ictericia. Esto debido al tipo de dieta que seguía que, además de inconsecuente, era muy ligera para un adulto promedio; lo que ocasionaba que su estómago se alimentara de sus propios jugos gástricos para sobrevivir. Al menos hasta 1955, cuando finalmente falleció.

Por tanto, puede que la dieta de Albert Einstein le hubiera ayudado a obtener energías, pero definitivamente no la mente prodigiosa y saludable por la que todos lo reconocen después de más de un siglo.

Referencias:

What did Einstein eat? Inside the diet of the famed physicist https://www.inverse.com/mind-body/einstein-diet-brain-food-health

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