Imagina que, en pleno 31 de diciembre, a punto de que empiecen las campanadas de año nuevo, un apagón te arruina las fiestas. Lamentablemente así ocurrió con el pueblo granadino de Bérchules, en donde decidieron tomar cartas en el asunto, pues habían asegurado que esta celebración interrumpida no se iba a quedar así.

Ocurrió en diciembre de 1994, cuando el apagón impidió que los habitantes de Bérchules pudieran recibir el año 1995 como se debe. El corte eléctrico duró varias horas, por lo que incluso los negocios de la localidad se vieron afectados.

En vista de esto, el alcalde y otros empresarios decidieron posponer la celebración para otro momento. Luego de muchos debates, la fecha elegida fue el 3 de agosto de 1995.

Año Nuevo a mitad de año

Pero, ¿por qué agosto? Pues simple, prevención: en agosto ya es verano, la época en la que hay más luz. Por lo tanto, sería más difícil cancelar de nuevo las celebraciones de Nochevieja debido a cortes de electricidad.

Así, el pueblo de Bérchules celebró la llegada de 1995 como si fuera diciembre, pero con la calidez de agosto: con música, bailes, comida y mucha fiesta. Además, incluyeron la celebración de la llegada de los Reyes Magos, se hicieron rutas de pinchos y también concursos de belenes. 

El evento fue tan bien recibido por los habitantes de Bérchules, que a partir de entonces se convirtió en una tradición. Ahora, el primer sábado de agosto de cada año, en esta localidad granadina celebran cada Año Nuevo… otra vez.

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