En muchos lugares del mundo la muerte sigue siendo un tabú. La elección sobre vivir o morir es una decisión que va desde lo moral hasta lo legal. En los países más avanzados la eutanasia, el suicidio asistido o el acto de provocar intencionadamente la muerte de una persona que padece una enfermedad, continúa generando debate pero también comienza a ser más aceptado por la sociedad. Un nuevo invento promete llevar esta discusión al siguiente nivel.

Sarco es el nombre de la denominada “cápsula suicida”, un invento suizo que tiene la aprobación legal del Gobierno. Esto permitiría a la persona controlar y activar el sistema que permite la muerte indolora del paciente por la inhalación de nitrógeno. Según Exit International, organización que aboga por la legalización de la eutanasia voluntaria, el invento no infringía ninguna reglamentación que rija los productos médicos, narcóticos, productos químicos peligrosos o armas.

Philip Nitschke, creador de la cápsula, comentó a Euronews Next que el objetivo del invento era permitir que cualquiera pueda descargar el diseño para imprimirlo. Esperan que la inteligencia artificial ayude a “desmedicalizar” el proceso de muerte eliminando la necesidad de que los profesionales médicos se involucren.

Philip Nitschke, creador de Sarco y fundador de Exit International. Foto cortesía

¿Cómo funciona la cápsula?

El proceso para operar Sarco es sencillo según su creador. La cápsula se opera desde su interior, esto ocurre cuento el paciente utiliza el botón, parpadea o hacer un gesto para liberar gas nitrógeno que induce un estado de hipoxia para luego morir. Este proceso toma alrededor de 5 a 10 minutos en donde el nivel de oxígeno se reduce del 21% al 1% en apenas 30 segundos.

El invento también cuenta con un botón de parada de emergencia y una rejilla de escape, según su diseñador Alexander Bannink. Nitschke afirmó que el sistema permite que la persona muera apaciblemente, sin sufrir pánico ni sensación a ahogo. La organización espera añadir una cámara que permita comunicación con personas en el exterior y que grabe el consentimiento informado de ese suicidio asistido.

La relación de Sarco con la historia del suicidio asistido

En 1996, Nitschke se convirtió en el primer médico en administrar legalmente una inyección letal voluntaria. En ese momento creó una máquina que le permitió a un paciente de cáncer de prostata presionar un botón para que comenzara el proceso.

El fundador de la organización comenzó su carrera en Australia, donde se legalizó brevemente la muerte asistida de 1996 a 1997. Según Nitschke el principal problema de este método es el control, y puso como ejemplo las parejas que han estado juntas toda la vida, cuando una enferma y desea morir comienzan los debates entre la familia.

A pesar de sus 35 años en la lucha de legalizar el suicidio asistido, los pensamientos de la ONG siguen generando conflicto. En Suiza, país donde se legalizó Sarco, dudan del éxito de la cápsula. Las organizaciones instan al Gobierno del país que se realicen más investigaciones para determinar la seguridad del proceso.

Otra crítica hacía Sarco es que puede estar fuera del alcance de muchos necesitados. El costo promedio de una muerte asistida en Suiza para un residente del Reino Unido es de casi 12.000 euros.

¿Cuál es el futuro del suicidio asistido?

En la actualidad los países en los que el suicidio asistido es legal son Austria, Bélgica, Canadá, España, Luxemburgo, Nueva Zelanda, Países Bajos, Suiza y algunos estados de Estados Unidos y Australia. En Suiza, donde se encuentran las principales organizaciones que defienden esta práctica, murieron 1.300 personas por suicidio asistido en 2020.

Antes de Sarco, el método que se utiliza en estos países es la ingestión de pentobarbital sódico líquido tras el dictamen favorable de varios médicos. Luego el individuo dormirá entre dos a cinco minutos antes de caer en un coma profundo, seguido poco después por la muerte.

En el futuro se espera que la inteligencia artificial haga que el proceso se simplifique. Exit Internacional ya cuenta con dos prototipos en Suiza, mientras que en Países Bajos se está construyendo el tercero.

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