Los experimentos horribles son parte lamentable de nuestra historia, así como lo es la homofobia. La homosexualidad se incluía en los manuales de psicología como un trastorno mental hasta los años 70, y esto pareció darle derecho a muchos a buscar curas milagrosas contra esta “condición”. Pero de ahí a que las descargas eléctricas se convirtieran en ese tratamiento hay una historia muy cruel.

La idea fue del psiquiatra Robert Galbraith Heath, quien en la década de 1940 era la cabeza del departamento de Psiquiatría y Neurología de la Universidad de Tulane, Nueva Orleans, y se destacaba por sus “novedosos” tratamientos: implante de electrodos en el cerebro para que sus pacientes recibieran descargas eléctricas que los “curaran”.

Este terrible tratamiento estaba destinado para diversas enfermedades como la esquizofrenia, pero se destacaba principalmente como una opción viable para curar la homosexualidad.

¿Cómo llegó a esta conclusión?

El distinguido doctor consideraba que estas enfermedades eran como alergias en el cerebro que podían ser solucionadas, así que decidió experimentar con humanos sus nuevas teorías.

Tomó a un grupo de pacientes afroamericanos y empezó a aplicarles las descargas eléctricas sin su consentimiento. Con esto, llegó a la conclusión que la esquizofrenia era causada por una sustancia llamada taraxenía. Para probarlo, este “distinguido” doctor le inyectó sustancias a pacientes sanos para provocarles los mismos síntomas de un esquizofrénico. Actualmente sabemos que la taraxenia no existe.

“Curando” a los homosexuales

Robert Galbraith Heath, el que "curaba" homosexuales aplicándoles descargas eléctricas
Robert Galbraith Heath

El hombre continuó con sus experimentos incluyendo esta vez a homosexuales. Uno de ellos, el paciente B-19, fue su “caso exitoso”, pues el doctor le había asegurado a la revista científica Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry que este había sido curado de su homosexualidad gracias a su tratamiento con descargas eléctricas.

Este consistía en que los pacientes vieran películas pornográficas de heterosexuales mientras recibían las descargas en la zona septum del cerebro, la cual está relacionada con el placer. 

El método de descargas se basaba en el experimento que habían hecho los psicólogos canadienses James Olds y Peter Milner en 1945 con ratones. En ellos, los ratones presionaban la palanca para recibir las descargas que estimulaban ciertas zonas cerebrales, pero lo hacían constantemente, hasta 2000 veces por hora, incluso dejando de comer.

Así que en el experimento de Robert Galbraith Heath, le permitió a su paciente B-19 que tocara la palanca para recibir la estimulación. Este lo hizo hasta 1.500 veces en una sesión de tres horas y tuvo que ser desconectado debido al estado de shock y excitación en el que se encontraba.

Pero el doctor necesitaba comprobar que el paciente de 24 años había sido curado. ¿Cómo? En vista de todo lo que has leído de este personaje, probablemente no te sorprenda la respuesta: contrató a una prostituta y ambos tuvieron relaciones.

El éxito que el doctor describía en su estudio se basaba en que el paciente había eyaculado con éxito.

El paciente posteriormente se casó con una mujer, pero se sabe que tuvo encuentros con otros hombres a lo largo de su vida. De acuerdo al doctor, estos encuentros no invalidaban el éxito de su tratamiento.

El caso de Robert Galbraith Heath pasó a la historia como uno de los ejemplos de mal manejo de la ética en la medicina con la esperanza de que algo como eso no se vuelva a repetir.

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