En estos momentos el mundo de la tecnología está viviendo una situación que suele llegar muy poco a los oídos de los usuarios comunes y es la escasez de chips y procesadores. Durante nuestros días, todo se mueve con microchips, desde los computadores y smartphones, hasta los electrodomésticos inteligentes. El año 2021 fue parte fundamental de esta recesión y ahora, la firma de servicios profesionales Deloitte, habla de como la próxima escasez de chips puede ser más larga.

La falta de chips que vivimos en estos momentos y que se ha producido en el pasado obedece a factores que vale la pena revisar para entender, por qué hay escasez en estos momentos.

Los factores involucrados en la escasez de chips

La verdad es que la fabricación de chips, procesadores o semiconductores son un asunto bastante complejo. Para explicarlo del modo más básico, los fabricantes toman círculos de silicio y es lo que acaban convirtiendo en miles de transistores, conectores y todas las capas que conforman el procesador. De esta manera, pudiéramos pensar que uno de los problemas que genera escasez de chips es la falta de silicio y en efecto, es solo una de las tantas variables.

De acuerdo con la firma Deloitte, esta industria tuvo pérdidas de más de 500 mil millones de dólares con la recesión generada por la pandemia. Pero además, en este tema están involucrados desde los aspectos climáticos cada vez más difíciles por los problemas ambientales, hasta aquel atasco de la embarcación en el Canal de Suez.

De modo que, se trata de una industria que depende no solo de obtener materia prima y fabricarla, sino que la cadena de suministro también es un factor decisivo. Además, debemos tomar en cuenta que los chips son elementos altamente demandados para la fabricación de todo en la industria tecnológica. Todo esto, genera un caldo de cultivo que podría generar que la próxima escasez de chips sea aún más larga.

Sin embargo, Deloitte también apunta a que la industria necesita hacer algunos cambios urgentes para combatir este problema de escasez. Pese a ello, estos implican modificaciones estructurales que si bien pueden impactar en el futuro de la industria, son complicadas de aplicar en un escenario con mucha demanda y retrasos en la producción.

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