Resulta cada vez más común escuchar acerca del uso adictivo de los teléfonos móviles y de las nuevas tecnologías por parte de las nuevas generaciones, especialmente con la llegada de la pandemia. 

Pero lo que muchos desconocen es que este tema ha sido motivo de debate para muchos especialistas en neurociencia quienes han buscado explicar esta adicción partiendo de los componentes químicos que se relacionan con la satisfacción de estímulos y la realización de tareas, como es el caso de la dopamina.

¿Qué es la dopamina y por qué se relacionada con la adicción?

Ante todo, debemos aclarar que las dopaminas son neurotransmisores químicos producidos por nuestro cerebro, que permiten a las neuronas comunicarse entre sí y realizar toda clase de tareas. 

En la neurociencia es común referirse a esta sustancia como la hormona del placer o de la felicidad. ya que nos motiva a realizar tareas que nos traigan esa sensación mediante la expulsión de pequeñas dosis durante la ejecución de la  actividad, y en algunos casos, previo a esta.  

Esto hace que el cerebro experimente una sensación de éxtasis que, según Anna Lembke, psiquiatra y profesor en la Universidad de Stanford, es similar a la que experimentan las personas dependientes de la cocaína. 

Pero lo curioso de la dopamina es que es  segregada en la misma parte del cerebro que el dolor, por lo cual una vez que se culmina la tarea y los niveles de dopamina se reducen, experimentamos una sensación similar a la los síntomas propios de la abstinencia: ansiedad, irritabilidad, insomnio y déficit de concentración; proceso que denominan los científicos como homeostasis. 

“Si podemos esperar lo suficiente, ese sentimiento pasa y se restaura la neutralidad. Pero hay una tendencia natural a contrarrestarlo volviendo a la fuente del placer para tomar otra dosis”, explica Lembke.

Según Simon Parkin, el hecho de liberar dopaminas es algo completamente natural y necesario para mantener la motivación, pero deja de ser así en el momento en el que buscamos convertirlo en un hábito y obtener gratificaciones inmediatas. 

La tecnología y la gratificación instantánea

En el  libro Dopamine Nation, se hace énfasis en que todos somos adictos en cierto aspecto a las tecnologías debido a que, a diferencia de otras actividades sociales, los medios digitales son mucho más eficaces en lo que se refiere a distracción. 

Esto no resulta extraño debido a que las aplicaciones digitales han sido desarrolladas por ingenieros desde el punto de vista neurocientífico con el enfoque de crear hábitos a través del sistema de recompensas de las dopaminas, según Dopamine Labs. Por ejemplo cuando recibimos un like en Tiktok por un video que publicamos, recibimos una validación social y ello nos genera una sensación de placer que nos motiva a repetir la acción.

Nuestra obsesión con la gratificación instantánea significa que vivimos constantemente en nuestro cerebro límbico, que procesa las emociones, en lugar de en nuestra corteza prefrontal, que se ocupa de la planificación futura y la resolución de problemas y es importante para el desarrollo de la personalidad. Cuando nos enfrentamos a un problema complejo o inquietante en nuestra vida laboral o social, nuestros compañeros digitales siempre están ahí para ayudarnos a escapar de la pegajosidad de la vida con una distracción fácil”

Anna Lembke

En este sentido no resulta absurdo hablar de que la adicción a las tecnologías guarda una estrecha relación con hormonas como la dopamina, ya que buscamos motivarnos a través de la gratificación inmediata. Sin embargo, cuanto mayor es la gratificación mayor es el aumento del dolor a causa de la homeostasis.  

Prueba de ello son los resultados arrojados por el Informe Mundial de la Felicidad, el cual determinó que las personas en 2018 se describen como mucho más infelices que en 2008 cuando plataformas como las redes sociales no habían alcanzado su auge. 

¿Podríamos controlar la adicción a la tecnología controlando la dopamina?

Psicólogos, como el Dr. Cameron Sepah, recomiendan que lo mejor en estos casos es un “ayuno”, es decir, limitar el uso de las tecnologías; de tal manera que los niveles de dopamina puedan retornar a la normalidad. Como por ejemplo podría ser el desactivar las notificaciones, remover teléfonos, computadores y todos aquellos dispositivos que nos causan tentación a otro lugar y encontrar otros pasatiempos no relacionados con la tecnología. 

En otros artículos hemos hablado ya de lo que representa este  ayuno de las dopaminas, como una práctica positiva que no representa ningún peligro mortal, pero  de igual forma es importante destacar que por “ayuno” no nos referimos a una abstinencia total, ya que se ha comprobado que en estudios que la prohibicón total ha generado en adolescentes un aumento de la depresión y de los intentos de suicidio. 

A lo que nos referimos con ayuno de dopamina es al control de los estímulos que nos generan adicción, ya que cada persona tiene un tipo de adicción diferente a la tecnología. Algunos hacia las redes sociales, otros hacia las plataformas de entretenimiento como Netflix; y otros incluso a las aplicaciones de mensajería instantánea, como  refiere Anna Lembke.

Con esto no pretendemos decir con esto que es malo disfrutar de las bondades de la tecnología, ni entretenernos en las redes si es lo que nos gusta. Pero sí debemos ser conscientes que nuestro cerebro no es una máquina que puede  soportar el ritmo continuo de las redes sociales, las notificaciones y los mensajes instantáneos.

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