Todos conocemos bien las corrientes de pensamiento que nos alientan a esforzarnos al máximo en lo que queremos lograr para alcanzar nuestras metas. Pero, en el 2008, incluso surgió una teoría que ponía un número concreto de tiempo que deberíamos dedicar a una tarea para volvernos “expertos” en ella. A ella se la conoció como “teoría de las 10 mil horas” y se ha presentado como una meta inspiracional por años.

Ahora… ¿qué tan real es dicho planteamiento? Para poder saberlo, es necesario analizar lo que ha dicho la ciencia al respecto y qué evidencias de su efectividad se han podido recopilar con el paso de los años.

El camino al éxito

Antes de comenzar a hablar sobre la teoría de las 10 mil horas, valdría la pena comprender de dónde ha salido. Tal como nos recuerda Marta Guerri en su escrito para el blog Psicoactiva.com, todo inició con la publicación ‘Outliers: The history of success’ (o ‘Fuera de serie’, en español) hecha por el escritor Malcolm Gladwell.

Malcom Gladwell, creador de la teoría de las 10 mil horas.

En ella, Gladwell revisita las biografías de grandes nombres de la historia antigua y actual como Mozart, Bill Gates, Paco de Lucía, Los Beatles y afines para demostrar qué características los pusieron en camino al éxito. Dentro de dicho recuento, el autor toca diversos temas como su educación, su cultura, su familia y demás.

Sin embargo, el elemento que sin duda se destaca más (y que se desarrolla a profundidad en el libro) es la llamada teoría de las 10 mil horas. De acuerdo a lo propuesto por Gladwell, todos esos nombres conocidos comenzaron a ser exitosos en sus áreas luego de haber dedicado al menos 10 mil horas a formarse y desarrollarse en ellas.

El “secreto” de las 10 mil horas

De forma general, la teoría de las mil horas señala que, para volvernos expertos o maestros de algo, debemos dedicarle al menos ese periodo de tiempo a su práctica. Con eso en mente, se plantean periodos de entrenamiento que van desde los 5 a los 20 años.

En el primer caso, serían prácticas intensivas de hasta 40 horas a la semana. En el último sería un paso más pausado, a 10 horas semanales. Finalmente, existe un intermedio de unas 20 horas semanales, espaciadas en una década.

Bill Gates.

En cualquiera de los casos, la meta es la misma, cosechar 10 mil horas de experiencia en un área. Eso debido a que, según Gladwell, a partir de allí es que podemos desarrollar las habilidades para considerarnos verdaderamente expertos en algo y destacar en ello.

Por ejemplo, se dice que una hora basta para saber lo básico, mientras que 10 ayudan a profundizar un poco más en las bases. Subiendo más la vara, con 100 horas se desarrolla un cierto nivel (medio) de destreza.

El llegar a las 1 mil horas nos presenta la posibilidad de considerarnos profesionales de un área, pero aún no seremos maestros de ella. De hecho, para Gladwell, ese estatus de “genios” en un campo solo se consigue luego de las 10 mil horas.

¿Qué tan real es la teoría de las 10 mil horas?

En general, la teoría de las 10 mil horas presenta un concepto particularmente simple: “dedica el tiempo suficiente a algo, y te volverás un maestro”. Sin embargo, los análisis de la ciencia nos han revelado que la situación está lejos de ser tan sencilla o lineal.

De hecho, tal como reportó Ivan De Luce para Business Insider, existen estudios que han demostrado que las 10 mil horas de práctica no son una garantía de éxito. De hecho, según también recalcó Guerri, el estudio mostró que la práctica intensiva solo llegaba a explicar el 12% del rendimiento de una persona ante una tarea específica.

En otras palabras, incluso aunque sigamos al pie de la letra la teoría de las 10 mil horas, no siempre llegaremos a ser maestros o genios de nuestra área. De hecho, hace falta toda otra congregación de factores, entre los que se encuentra el inimitable talento natural.

La pizca de verdad dentro del mito

Vía Wikimedia Commons.

Ahora, no absolutamente todo de la teoría de las 10 mil horas es una farsa. El postulado por sí solo recalca un detalle importante, y es que la práctica sí es vital para alcanzar la excelencia en algo.

Claramente, individuos como Mozart tenían una inclinación natural para la música, pero si no hubiera practicado desde los 7 años, no habría llegado al nivel de destreza por el que lo conocemos. Debido a eso, sí se puede ver que (en ciertos casos) la práctica sí puede hacer al maestro.

De allí que sea tan importante para nosotros buscar áreas que no solo sean de nuestro interés, sino para las que también tengamos aptitudes. Solo así podremos aprovechar nuestro talento natural para pulirlo a través de la práctica y ser la mejor versión de nosotros mismos en el campo que hayamos seleccionado.

Referencia:

The role of deliberate practice in expert performance: revisiting Ericsson, Krampe & Tesch-Römer (1993): https://doi.org/10.1098/rsos.190327

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