Si alguna vez te preguntan acerca de cuáles son los inventos más útiles en la actualidad, probablemente el bolígrafo debería estar incluido en esa lista. Pero, ¿alguna vez te habías preguntado cómo se creó esta útil herramienta? Hoy te contamos la historia y la de su inventor, Ladislao José Biro.

Biro era un periodista húngaro nacionalizado argentino que en la década de 1920 simplemente se había cansado de la pluma, pues como era zurdo, siempre se manchaba la mano al escribir.

Biro también llevaba tiempo inventando nuevos artefactos, como una máquina para lavar la ropa, un sistema de cambio automático para los coches de la época y un vehículo impulsado electromagnéticamente. Por lo tanto, la idea de elaborar una nueva herramienta para escribir rápidamente se alojó en su cabeza.

Así, luego de ver a unos niños jugando con una pelota y notar que, a su vez, esta dibujaba sobre el suelo al traspasar un charco, logró obtener su inspiración.

Sin embargo, la verdad es que no fue el primero en pensar en este mecanismo.

Antes que él, un curtidor de pieles norteamericano llamado John Laud había ideado algo similar. Ocurrió en 1988 cuando puso una bolita en un tubo de tinta para marcar las líneas en las pieles.

Aún así, Biro desarrolló el primer prototipo de su invento para 1931, el cual presentó en una feria en Budapest como ‘esferográfica’.

Cambio de planes

Con el inminente inicio de la Segunda Guerra Mundial avecinándose, el inventor húngaro tuvo que abandonar su país junto con su hermano Gyorgy y su socio de ambos, Juan Jorge Meyne. Los tres se fueron a Argentina, y una vez en Buenos Aires, continuaron trabajando para mejorar su invento.

Poco tiempo después, en 1943, los tres fundaron la compañía Biro Meyne Biro y finalmente pudieron comercializar su producto, el cual pasó a llamarse Birome. Este ya se había perfeccionado, al punto que tenía una tinta de secado rápido, servía para escribir en papel carbón, y podía ser utilizado en los aviones, pues no se veía afectado por los cambios de temperatura ni de presión.

Fue tan exitoso que en esa década vendieron su primera licencia a Eversharp, y en la siguiente, se la vendieron a Bic. Esta última fue la responsable de popularizar este gran invento.

Otras compañías, como las fabricantes de plumas estilográficas, se dieron cuenta de este éxito y empezaron a desarrollar también sus propios bolígrafos de lujo, los cuales podemos disfrutar incluso hoy en día.

Posteriormente, Bic creó su propia estereográfica de cristal, la cual a lo largo de los años fue transformándose para ser cada vez más desechable. Con el auge artístico en los sesenta, esta herramienta terminó de consolidarse en el mercado gracias al artista plástico Andy Warhol y al artista coreano Il Lee.

Biro terminó convirtiéndose en una figura icónica en Argentina luego de nacionalizarse en el país, y su fecha de nacimiento se convirtió en el Día del Inventor en esta nación. Para el momento de su fallecimiento el 24 de octubre de 1985, su invento ya había sustituido a la pluma por completo y se convirtió en uno de los objetos más imprescindibles del día a día.

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