En las últimas semanas, se ha abierto un nuevo frente en la batalla por las patentes de la vacuna COVID-19: una pelea entre Moderna y los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) sobre quién merece exactamente el crédito por inventar la vacuna Moderna.

La disputa surge porque Moderna argumenta que sus investigadores desarrollaron de forma independiente la secuencia de ARNm de la vacuna; mientras que los investigadores de los NIH, afirman que desarrollaron la secuencia genética que impulsa a la vacuna a producir una respuesta inmune y la compartieron con la empresa, por lo tanto, deben figurar en la “solicitud de patente principal”.

Más que reputación profesional

El reclamo no se trata solo de reputación profesional. El estatus de co-inventor tiene amplias implicaciones para la distribución a largo plazo de la vacuna y miles de millones de dólares en ganancias futuras.

Disputa patente Moderna - NIH
Ante los señalamientos hechos por los NIH, la compañía insiste en que “solo los científicos de Moderna diseñaron la vacuna”.

En una entrevista, el doctor Francis Collins, director de los NIH, declaró:

“Creo que Moderna ha cometido un grave error aquí al no proporcionar el tipo de crédito de co-inventor a las personas que desempeñaron un papel importante en el desarrollo de la vacuna con la que ahora están ganando una buena cantidad de dinero”.

Moderna espera ganar en ventas de la vacuna de COVID-19 entre 15 y 18 mil millones de dólares en 2021 y prevé ingresos de hasta 22 mil millones de dólares para el año 2022.

En este caso, no se discute que Moderna recibió aproximadamente 1.400 millones de dólares de la Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado, una división del Departamento de Salud y Servicios Humanos, y la propia Moderna informó que “todo el tiempo ha reconocido el papel sustancial que los NIH han desempeñado en el desarrollo de la vacuna COVID-19”.

Pero la compañía insiste en que “solo los científicos de Moderna diseñaron la vacuna” y, de hecho, la solicitud de patente específica en cuestión, titulada “Vacunas de ARN de coronavirus”, pertenecía a la secuencia de ARNm específica utilizada en la vacuna.

Los NIH afirman que desarrollaron la secuencia genética que impulsa a la vacuna a producir una respuesta inmune y la compartieron con la empresa, por lo tanto, deben figurar en la “solicitud de patente principal”.

Por su parte, el NIH expresó que “no está de acuerdo con la determinación de inventor de Moderna” y argumentó que “omitir a los inventores del NIH en la solicitud de patente principal priva al NIH de un interés de copropiedad en esa solicitud y la patente que eventualmente se emitirá de eso.”

Collins indicó que durante algún tiempo los NIH han estado tratando de resolver el conflicto de patentes con Moderna de manera amistosa, pero estos esfuerzos han sido infructuosos. No obstante, puntualizó el director de los NIH: “No hemos terminado. Claramente, esto es algo que las autoridades legales tendrán que resolver”.

A medida que la pandemia se prolonga, e incluso con las ventas por las nubes, las acciones de Moderna han bajado de valor recientemente en medio de recortes de suministro y una mayor utilización de la vacuna de sus competidores Pfizer y BioNTech.

Referencia: What the Moderna-NIH COVID vaccine patent fight means for research. Nature, 2021. https://doi.org/10.1038/d41586-021-03535-x

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