Hace tan solo unas décadas, el castigo físico de los niños, para entonces conceptualmente distinto del abuso físico, era generalmente aceptado en todo el mundo y se consideraba un método apropiado para “moldear” conductas. Sin embargo, esta perspectiva comenzó a cambiar a medida que la investigación científica encontró vínculos entre el castigo físico “normativo”, la agresión infantil, la delincuencia y la agresión conyugal en la edad adulta.

En la actualidad, el castigo corporal se considera abuso infantil, y por eso, afortunadamente, está prohibido en muchos países. Sin embargo, según las estadísticas de 2019, solo 53 países prohíben formalmente el castigo físico a los niños.

Este bajo respaldo a la prohibición del castigo infantil, lleva a que el 63% de los niños de 2 a 4 años -unos 250 millones de niños- vivan en países donde el castigo físico está permitido, y sean sometidos regularmente por sus cuidadores. En la actualidad, hay muchos adultos que piensan que el castigo corporal es una buena idea, pero no es así. Las siguientes, son las razones que lo demuestran.

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Los castigos corporales tienen efectos psicológicos a largo plazo que conducen a una inadaptación psicológica, la cual solo puede manifestarse indirectamente o años después de la experiencia.

Aprendizaje y cerebro

La neurobiología dice que el aprendizaje es una cuestión emocional: el éxito con el que se procesará la nueva información depende del estado emocional del alumno.

Cuando estamos en un estado de pánico, el cerebro está en modo de lucha o huida y no puede integrar la información profundamente, y mucho menos permitir la expansión intelectual hacia un pensamiento de orden superior como la síntesis, la creatividad o la evaluación. Si los niños tienen miedo de ser golpeados, se distraen con la preocupación y no están en condiciones de integrar nueva información armoniosamente.

Escalada

En cualquier escuela, habrá jóvenes que no escucharán las instrucciones, que pondrán a prueba los límites y, por lo tanto, les impondrán una serie de sanciones. El mundo del castigo no es agradable. Sin embargo, cuando los estudiantes infringen las reglas, debe haber una escalada de sanciones que, en última instancia, conduzca a la exclusión.

Sin embargo, cuando el castigo es físico, el único recurso que queda es que cada vez sean más severos. Esto puede volverse extremadamente peligroso a medida que los golpes se vuelven cada vez más fuertes, causando cada vez más daño físico y mental.

La mayoría de los niños del mundo viven en países donde el castigo físico está permitido por la ley; como resultado, unos 250 millones de niños son sometidos regularmente a castigos físicos por sus cuidadores.

Modelos a seguir

Los niños ven a los adultos como modelos a seguir, en particular a los maestros. Los valores, el lenguaje y el comportamiento del profesor o del director del colegio envían un mensaje sobre lo que es normal y valorado en la sociedad. Si el castigo físico infantil es una norma, el mensaje es que la violencia es aceptable, y si la violencia es aceptable, entonces múltiples formas de abuso físico pueden convertirse en “prácticas normales”.

Daño psicológico

Los castigos corporales tienen efectos psicológicos a largo plazo que conducen a una inadaptación psicológica, la cual solo puede manifestarse indirectamente o muchos años después de la experiencia. A este respecto, hay sobrada evidencia que demuestra que golpear a los niños puede dejarles una cicatriz de por vida.

Adicionalmente, existe evidencia científica que demuestra que:

  • El castigo físico predice un aumento en los problemas de comportamiento de los niños.
  • No se asocia con resultados positivos a lo largo del tiempo.
  • Aumenta el riesgo de involucrarse con los servicios de protección infantil.

En conjunto, esta evidencia muestra, de manera convincente, que en todos los estilos de género, raza y crianza de los hijos, el castigo físico infantil no mejora el comportamiento, solo lo empeora.

Referencia: Physical punishment and child outcomes: a narrative review of prospective studies. The Lancet, 2021. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(21)00582-1

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