Los medicamentos homeopáticos, a pesar de no tener sustento científico, se han hecho cada vez más populares en la sociedad como una cura mágica para infinidad de condiciones. Sin embargo, detrás de cada uno de ellos, existe una historia que podría abrir los ojos de muchos. Como un ejemplo de eso, tenemos el caso de la homeopatía y los patos utilizados para crear “fármacos contra la gripe”.

Según se ha asegurado por años, la homeopatía sirve como una disciplina que utiliza “lo similar para sanar lo similar”. No obstante, aunque se han hecho estudios por décadas, no ha aparecido la primera investigación que dé validez a los métodos y clamores presentados por dicha pseudociencia.

La homeopatía, la pseudociencia de la nada

Como ya mencionamos, la homeopatía se sostiene sobre la premisa de que lo similar es capaz de curar lo similar. Dicha postura fue presentada por primera vez a finales del siglo XVIII por el médico sajón Samuel Hahnemann.

Según ese pensamiento, un elemento que suele causar un efecto puede ocasionar el resultado opuesto si se lo administra en pequeñas cantidades. Como ejemplo, El País hace referencia a la cafeína, que se usa en “cantidades infinitesimales” como un remedio contra el insomnio.

Dichas cantidades, según la principal empresa de tratamientos homepáticos en España, Boiron, son el secreto del “éxito” de sus medicamentos.

La homeopatía se basa en los efectos terapéuticos de sustancias cuya toxicidad se suprime utilizando dosis muy pequeñas, hasta el nivel conocido como ‘infinitesimal’”, escribe la compañía en su sitio web, según El País.

A estas alturas se ha pensado que la homeopatía puede combatir todo, desde resfriados hasta problemas conductuales o psicológicos. Incluso, en la actualidad, se ha llegado a afirmar que podría ser efectiva contra el coronavirus.

Sin embargo, ninguno de sus clamores se ha probado científicamente, pero los “medicamentos” se siguen distribuyendo entre la población produciendo grandes ganancias para las compañías. De entre todos los casos, uno de los más icónicos en el mundo de la homeopatía podría ser el de los “patos de los 20 millones”.

Así es como los patos llegaron al mundo de la homeopatía

De acuerdo a lo relatado por el abogado y socio fundador de Círculo Escéptico y miembro de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, Fernando Frías, los patos llegaron al mundo de la homeopatía debido a Joseph Roy, un médico militar francés.

A través de sus estudios durante los años veinte, Roy “descubrió” una bateria a la que denominó “oscillococcinum” por un movimiento oscilatorio que el médico creyó conseguir en ella. Hoy en día, sabemos que la bacteria en realidad no existe y que, incluso en su momento, solo Roy era capaz de “encontrarla”.

Luego de “ubicarla” por primera vez, determinó que ella tenía una relación directa con los casos de gripe. Después de eso, procedió a descubrirla en tejidos de personas, animales y plantas. Nuevamente, siendo él el único realmente capaz de verlas.

Al ser tan abundantes, Roy pensó que se las podría utilizar de la mano con los postulados de la homeopatía, para combatir la gripe, y fue allí cuando los desafortunados patos entraron en escena.

El “pato de los 20 millones de dólares”

En su momento, Roy comenzó a utilizar al pato almizclado como su fuente de Oscillococcinum. Como la bacteria no existe, claramente los intentos del hombre para “aislarla” fueron en vano.

Como consecuencia, decidió usar directamente los órganos internos del animal para crear sus soluciones. Con esa iniciativa, dio pie a una industria multimillonaria cuyo legado es continuado por entidades como los Laboratorios Boiron.

En su caso, trabajan con tan solo una porción del corazón y el hígado del pato, según contó Simon Singh para Times Online. Por lo que, con tan solo una parte del animal, era posible hacer suficientes diluciones para obtener ganancias de 20 millones de dólares al año. Mientras tanto, el resto del animal probablemente terminó siendo parte de alguna parrilla dominguera de celebración.

¿Medicamentos que no existen?

La capacidad de utilizar un solo pato para ganar más de 20 millones de dólares anuales viene de la mano con la idea de las propiedades de las “cantidades infinitesimales”. Durante sus procesos de “preparación” se pueden diluir los compuestos en niveles que van desde 1k, 10, y 30k hasta los 200k y más.

En la homeopatía, se utiliza una dilución de 200k para obtener la bacteria imaginaria de algunos pedazos de los órganos de los patos. En consecuencia, luego de que el proceso de adición y dilución se ha repetido más de doscientas veces, es seguro decir que lo único que queda en la mezcla (y en las pastillas que luego nos venden) es un concentrado de agua.

Una que, según los defensores de la homeopatía tiene “memoria” y recuerda los principios que componían a la bacteria que estuvo en ella. Esas afirmaciones tampoco se han comprobado, pero, incluso, en caso de hacerlo… a los homeopatistas aún les faltaría por explicar cómo el líquido es capaz de recordar algo que nunca existió.

¿La homeopatía realmente tiene beneficios?

Hasta el momento, según recalca Frías, la única cualidad que se le ha comprobado realmente es el “efecto placebo”. En otras palabras, el fármaco en sí no ha producido cambios positivos en el organismo de las personas. Pero, la creencia de que las medicinas homeopáticas las ayudarán sí ha causado que algunas personas “mejoren”.

Claramente, si la efectividad de los fármacos homeopáticos depende de las creencias de quienes lo toman, no se los puede ver como un medicamento confiable o que realmente produzca resultados.

De hecho, como vimos más arriba, la mayoría de los medicamentos homeopáticos (pastillas, soluciones, etc…) no tienen ni una molécula de su “agente sanador” debido a su dilución infinitesimal. Por lo que lo único que las personas llevan a su organismo es un concentrado de agua u otro elemento sin propiedades sanadoras adicionales.

Un detalle que se comprobó hace más de 13 años a través de una edición especial en la revista médica The Lancet. La publicación, titulada “El fin de la homeopatía” incluso recomendó que no siguiéramos perdiendo tiempo y recursos estudiando un tratamiento que claramente no funciona.

Sin embargo, como vemos en la actualidad, los patos siguen siendo víctimas de la homeopatía y la industria continúa en crecimiento. Un fenómeno que la editorial de The Lancet capturó en una corta pero significativa frase: “Cuanto más se diluyen las pruebas en favor de la homeopatía, mayor parece su popularidad”.

¿Cambiará eso en algún momento? Tal vez la solución esté en nosotros, puesto que la ciencia ya ha dicho todo lo que necesitaba decir.

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