Tener la atención y los cuidados de las abuelas durante la infancia es altamente beneficioso para la crianza de los niños. De forma empírica, quienes pudieron crecer con sus abuelos cerca, saben que esa es una realidad casi irrefutable. Pero, ahora, se han encontrado las primeras evidencias que dan un soporte científico a dicho clamor.

Los científicos que comprobaron tal premisa fueron James K. Rilling, Amber González y Minwoo Lee. Su estudio, realizado con unas 50 abuelas voluntarias, se publicó recientemente en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences.

Una “instantánea neuronal”

Para la investigación, se trabajó con media centena de abuelas que se ofrecieron a observar imágenes mientras se tomaban resonancias magnéticas funcionales (fMRI) de sus cerebros. De esa forma, los investigadores lograron tomar “instantáneas neuronales” de las áreas del cerebro que se activaban en las abuelas cuando veían a los nietos.

Cuando inició el experimento, los investigadores de la Universidad de Emory en el estado de Georgia, en el sur de EE. UU. mostraron a las abuelas cuatro tipos de fotografías distintas. Las primeras eran de sus nietos (de entre 8 y 12 años); las segundas de otros niños contemporáneos pero desconocidos. Luego, se mostraron imágenes de sus hijos adultos y de otras personas contemporáneas pero extrañas.

Vía Maxpixel.net

Como se esperaba, al ver rostros conocidos el cerebro mostró la mayor actividad. Pero, al mirar de cerca los registros, fue claro que la respuesta neuronal para los hijos y los nietos fue distinta. Algo que demuestra que las abuelas tienen un rol particular en la crianza de los niños –uno que difiere del de la perspectiva de madre–.

Las abuelas podrían estar “programadas” para mejorar los procesos de crianza de los niños

Según se observó en las imágenes, cuando las abuelas vieron a sus hijos se activaron diferentes áreas de la corteza cerebral relacionadas con la empatía cognitiva. En otras palabras, los cerebros de las mujeres buscaron entender qué sentían o pensaban sus hijos dependiendo de la emoción que mostraran en la foto.

Por su parte, ante los nietos, las reacciones cerebrales fueron diferentes. De hecho, en esos casos se activaron las áreas relacionadas con la empatía emocional. Es decir que, dependiendo de si sus nietos expresaban felicidad, tristeza, miedo, angustia o demás en las fotos, las abuelas también experimentarían dichas emociones.

Gracias a eso, se observó que las abuelas parecen tener una forma distinta de conectar con los niños, por lo que pueden ofrecer un punto de vista único para su crianza. Uno que, evolutivamente, la naturaleza podría haber estado favoreciendo durante milenios.

Crianza cooperativa

A diferencia de otras especies de primates, los humanos nos hemos destacado por trabajar con sistemas de “crianza cooperativa”. En otras palabras, las madres suelen contar con un sistema de apoyo para cuidar a sus hijos.

Ahora, por lo que parece, las abuelas podrían existir biológicamente justo con el propósito de ser ese apoyo único para otras generaciones. Después de todo, las mujeres suelen vivir mucho más allá de su vida fértil, algo que no suele ser tan común en otras partes del mundo animal.

Cuando mucho, se han visto casos similares entre elefantes e incluso orcas –que también experimentan la “menopausia”–. En ese tipo de grupos, las hembras más ancianas suelen tomar un rol de cuidadoras ante las crías de su descendencia.

Abuelas en la crianza de los niños.

Aunque aún no se haya probado, es probable que la especie humana también haya notado el valor de las abuelas en la crianza de los niños. Por lo que, evolutivamente, siguió desarrollándose para que ellas pudieran estar presentes durante los cruciales primeros años de vida de los infantes.

Referencia:

The neural correlates of grandmaternal caregiving: https://doi.org/10.1098/rspb.2021.1997

Escribir un comentario