La salud de nuestra boca es un punto vital que debemos cuidar si queremos tener un estilo de vida saludable. Pero, para poder hacer eso, es necesario tener claro qué nos beneficia y qué nos perjudica. De allí que valga la pena saber cómo los alimentos duros tanto ayudan como dañan los dientes, dependiendo de la forma en la que nos relacionemos con ellos.

En ocasiones anteriores, hemos visto que comportamientos como comerse las uñas o masticar hielo pueden ser malos para el organismo. Pero, ¿morder otros elementos duros podría ser tan dañino?

Para responder a esa pregunta, InfoSalus entró en contacto con el doctor Xavier Gimeno Medina. Él se desempeña como cirujano oral y maxilofacial y es jefe de Servicio del HM Dental Center Sant Jordi. Gracias a su experiencia, tenemos una idea más clara de los efectos que tiene el masticar alimentos duros en nuestra dentadura.

Los alimentos duros no siempre dañan nuestros dientes

De hecho, según explicó el Dr. Medina, el consumir alimentos duros a veces puede ser bueno para nuestra salud bucal. Específicamente, desde su perspectiva, los mayores beneficios se encuentran en la infancia, cuando la mandíbula y el resto de los huesos faciales aún están en formación.

Masticar alimentos duros.
Vía Pxfuel.

Durante ese periodo, el masticar comidas duras podría ayudar a la boca y los dientes a fortalecerse. Como resultado, en la adultez tendrán una mayor tolerancia y serán menos propensos a sufrir daños o movimientos dentales.

¿Por qué se dice que los alimentos duros dañan los dientes?

La diferencia principal entre alimentos duros y blandos reside en la facilidad de quedar pegados a los dientes cuando comemos alimentos blandos-pastosos. Estos quedan depositados en la anatomía dental y si no tenemos una buena higiene, aumentamos el riesgo de caries, y de problemas periodontales”, explicó el Dr. Medina.

Desde ese punto de vista, podríamos pensar que los alimentos blandos son más dañinos. Sin embargo, el problema con los alimentos duros es que dañan los dientes al desgastarlos o que generan complicaciones para el movimiento de la mandíbula. Como consecuencia, las personas pueden terminar desarrollando distintas condiciones dentales como fracturas en los dientes y hasta dolor articular.

Evolución que nos juega en contra

De acuerdo al también jefe de la Unidad Dental del Hospital HM Nens de Barcelona, la necesidad de “fortalecer” la mandíbula y la boca se debe a los cambios evolutivos que se han producido a causa de nuestra dieta. Con el paso del tiempo, cada vez consumimos alimentos más blandos, que no requieren de dientes o mandíbulas particularmente fuertes.

Como consecuencia, evolutivamente cada generación va perdiendo cada vez más ese rasgo. Sin embargo, eso termina dejándonos vulnerables a más problemas dentales a la larga cuando consumimos ciertos tipos de comidas. Por eso, los alimentos duros en la infancia no dañan tanto a los dientes, como ayudan a fortalecerlos.

Claramente, la exposición a dicho tipo de alimentos debe hacerse con medida y también ser acompañada con buenos hábitos de higiene dental. Solo de esa forma se podrá garantizar la buena salud bucal posterior.

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