Una de las personas más importantes en el mundo de la ciencia, específicamente en cuanto a divulgación científica se refiere, es sin duda Carl Sagan. Este defensor del pensamiento crítico se encargó de contagiar su pasión por la ciencia a más de 400 millones de espectadores gracias al programa Cosmos, y también logró hacerse notar en el medio gracias a su mente abierta.

Comenzó su carrera en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, en donde contribuiría por gran parte de su vida. Uno de sus mayores aportes fue en la misión de la sonda Mariner 2, la cual llegó en 1962 a Venus y verificó una de sus teorías: que el efecto invernadero era el causante de que Venus fuera tan caliente que se podría derretir el plomo.

También trabajó con la agencia espacial instruyendo a los astronautas, pero su pasión por la vida fuera de la Tierra lo llevó a otro tipo de proyectos, como lo fue el Disco de Oro de las sondas espaciales Voyager, el cual contiene un mensaje universal dirigido a los posibles extraterrestres fuera del Sistema Solar.

Una mente abierta

El secreto del que Carl Sagan no pudo hablar

En la década de los setenta ya era un profesor reconocido en Harvard, específicamente en la ciencia planetaria. En esos años también escribió un ‘Los Dragones del Edén: Especulaciones sobre la evolución de la inteligencia humana’, el cual fue merecedor del  Premio Pulitzer en 1978.

Sagan también se preocupaba por el medio ambiente, por lo que no dudó en entrar en la conversación sobre el cambio climático en la década de los ochenta. En 1983 publicó un estudio sobre el cambio de clima causado por nubes de polvo levantadas en las pruebas nucleares, lo cual atrajo la atención de la comunidad científica.

Tanto la idea de los OVNI como la del calentamiento global lo llevaron a cuidarse las espaldas de personas que no consideraban lo mismo. Era una época en la que el famoso terrorista Unabomber atacaba a los profesores e intelectuales, y luego de recibir cartas de amenazas, debía cuidarse al acceder a su oficina a través de la puerta trasera, prácticamente de incógnito.

Para la época, Cosmos ya se encontraba en emisión, pero no todo fue negativo, la serie también tocó los corazones de muchas personas. Dicho programa fue creado por él y coguionizado por su tercera esposa, Ann Druyan, y fue tan exitoso que fue visto en más de 60 países y fue galardonado varios premios, como el Emmy y el Peabody.

Cosmos by Carl Sagan | Librería Castro

Luego de que finalizara la serie, Sagan escribió el libro ‘Cosmos’ de 13 capítulos a modo de continuación de la serie. A lo largo de su vida, el científico escribió unos 20 libros y cientos de estudios que aportaron a la comunidad científica.

Además, Sagan era un defensor y consumidor de marihuana, pues creía en sus beneficios en el campo de la medicina. De hecho, incluso en 1971 escribió ‘Marihuana Reconsidered’, en donde explicaba que el consumo de esta droga lo ayudaba en el desarrollo de sus proyectos.

En la lucha contra la desinformación

Life on Venus? Carl Sagan predicted it in 1967. He may be right.

Desde que empezó su carrera como profesor, se encargó de enseñar la habilidad de detectar información falsa para defenderse contra los farsantes que se aprovechaban de los demás. 

Con el auge de la astrología, las abducciones alienígenas o la medicina alternativa, Sagan se encargó de debatir en contra de estas nuevas demostraciones de pseudociencia. Así, utilizó un espacio en su columna semanal en la revista Parade para desacreditar a los defensores de estos postulados y, simultáneamente, para fomentar el interés de los lectores en los últimos descubrimientos científicos.

Así, en 1995 publicó ‘El mundo y sus demonios’, en el cual enumera nueve reglas del pensamiento escéptico:

  1. Confirmar la realidad.
  2. Debatir sobre la prueba con todos los puntos de vista posibles.
  3. No confundir experto y autoridad.
  4. Reconocer que siempre hay más de una hipótesis.
  5. No aferrarse a una hipótesis porque sea la nuestra.
  6. La cantidad numérica es clave para discriminar las hipótesis.
  7. En una cadena de argumentación, todos los eslabones deben funcionar.
  8. Lo más sencillo suele ser lo más probable.
  9. Las proposiciones que no pueden comprobarse ni demostrarse falsas no tienen mucho valor científico.

Grandes reconocimientos

Así, Sagan obtuvo la atención de la comunidad científica y fue galardonado por su esfuerzo y pasión, tanto con premios importantes como con cargos muy altos en el gremio. Fue miembro del Consejo de Administración del Instituto SETI, Presidente de la Sección de Astronomía de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, editor de la Revista Icarus y cofundador de la Sociedad Planetaria.

Además, su juicio y fama lo llevaron también al cine, específicamente a colaborar con el director Stanley Kubrick en su película ‘2001: Una odisea del espacio’ como asesor.

Sin duda alguna, Carl Sagan fue un hombre dedicado plenamente a la divulgación científica, por lo que, gracias a él, la ciencia se ha convertido en un área de interés para miles de personas y muchos medios, como el nuestro, han continuado con esa labor.

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