Si bien queda mucho por explorar la superficie, los océanos siguen reteniendo mucha información importante sobre la historia de la Tierra. Por fortuna, la ciencia moderna ha logrado superar muchos obstáculos y recopilar muestras de lo que sea que haya existido incluso antes de que los humanos poblaran el planeta. Como ejemplo, un grupo de cefalópodos denominado amonita, que según un nuevo estudio, habitó dos lados del Océano Atlántico.

Hace 80 millones de años, estas criaturas marinas de tamaño humano, con brazos parecidos a tentáculos y caparazón gigantesco, bucearon durante mucho tiempo recorriendo largas distancias en las aguas. Y aunque los fósiles escasos fueron una limitante para describirlas en el pasado, los científicos finalmente lo han logrado en un artículo publicado en la revista PLOS One.

Cinco etapas de crecimiento

El fósil de amonita más grande descubierto hasta ahora corresponde a la especie Parapuzosia seppenradensis. Fue hallado en Alemania en 1895 pero, a pesar de su antigüedad, era poco lo que se había podido extraer sobre su historia evolutiva. Por tanto, no estaba ni un poco claro cómo fue que una criatura de este tipo llegó a medir los 1.7 metros de ancho que documentaron para este espécimen.

Fósil de amonita descubierto en México. Crédito: Christina Ifrim.

En un intento de aclarar el misterio, los investigadores viajaron a un sitio de campo a unos 40 kilómetros al norte de Piedras Negras en el norte de México, donde encontraron 66 especímenes de esta amonita del Océano Atlántico.

Entre ellos, una Parapuzosia seppenradensis gigante y una Parapuzosia leptophylla más pequeña, cuyos fósiles medían entre 0,1 a 1,48 m de ancho. Estos especímenes fueron particularmente útiles porque a partir de ellos lograron estudiar las diferentes etapas en su ciclo de crecimiento.

Y es que, tal y como explica la primera autora Christina Ifrim, “un espécimen pequeño no parece una versión pequeña de esta amonita gigante”. Esto se debe a que cambian drásticamente a lo largo de su crecimiento. Con más fósiles a la mano, ella y su equipo lograron distinguir cinco etapas de crecimiento en las que sus conchas crecían de forma constante mientras su morfología cambiaba.

El tamaño de las amonitas aumentó con el paso del tiempo

Con ello también pudieron fechar las capas de sedimento en las que encontraron los fósiles de amonita. Así descubrieron que P. leptophylla databa de finales de la edad santoniana, una subdivisión del Cretácico superior, entre hace 86,3 millones y 83,6 millones de años. Mientras que P. seppenradensis se extrajo de sedimentos más recientes, posteriores a la edad santoniana; específicamente del Campaniano, de hace 83,6 millones a 72,1 millones de años.

Los investigadores destacan que el más antiguo de estos fósiles medía casi 1 metro de ancho. Pero, con el paso del tiempo, las criaturas se hicieron mucho más grandes, a mediados del Campaniano temprano.

Amonitas en ambos lados del Océano Atlántico

El fósil de amonita más grande jamás encontrado.
El fósil de amonita más grande jamás encontrado. Crédito: Christina Ifrim.

El estudio de los fósiles de amonitas también reveló que estas habitaron ambos lados del Océano Atlántico, algo inesperado para los científicos. El equipo descubrió docenas de especímenes gigantes de amonita en Reino Unido en la base de un acantilado de tiza blanca en Sussex y más cerca de los acantilados de tiza del este de Kent.

Los especímenes hallados en ambas regiones eran de circunferencia similar, y de hecho, las fechas de sus orígenes parecían coincidir. “Estos gigantes surgieron, aparentemente, más o menos al mismo tiempo en ambos lados del Atlántico”, dijo Ifrim. “Debe haber habido una conexión entre las poblaciones de ambos lados, porque muestran la misma evolución , el mismo momento”.

Esta amplia distribución también es inusual, pero también hay explicaciones potenciales para ello. Y es que los cefalópodos pueden haber cruzado el océano durante sus etapas de crecimiento más tempranas, o quizás fueron arrastrados por las corrientes oceánicas.

De hecho, tanto en Inglaterra como en México había una concentración inusualmente alta de caparazones de tamaño adulto. Una posible explicación sería que estas áreas fueron sitios de apareamiento o eclosión en los que las amonitas completaron sus ciclos reproductivos y murieron, algo que se ha observado en especies de cefalópodos modernas.

Sin embargo, su tamaño inusualmente grande sigue siendo una pregunta abierta. Los investigadores creen que fue consecuencia de la presión evolutiva debido al acecho de depredadores ancestrales como los mosasaurios. Actualmente existe evidencia de que estos comían amonitas y de que estaban en el Océano Atlántico, pero no se sabe si interactuaron específicamente con P. seppenradensis.

Referencia:

Ontogeny, evolution and palaeogeographic distribution of the world’s largest ammonite Parapuzosia (P.) seppenradensis (Landois, 1895). https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0258510

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