Los albores de la vida en la Tierra son un misterio para la humanidad. Mucho antes de que habitáramos este mundo, nuestro planeta fue el punto de nacimiento de las primeras formas de vida orgánicas. Pero… ¿de dónde vinieron? Un antiguo experimento para intentar entender el origen de la vida nos dio una explicación, pero subestimó el rol que tuvo el vidrio en todo el proceso.

El antiguo experimento para determinar el origen de la vida

A estas alturas, todos habremos escuchado algo sobre el experimento de Stanley Miller. Durante 1952, el ensayo se encargó de combinar agua, gases y electricidad para determinar si era posible que la materia inorgánica diera pie a compuestos orgánicos.

Para poder lograr eso, Miller creó un tanque que contendría agua y gases de metano, amoníaco e hidrógeno, para simular las condiciones de la Tierra primitiva. Adicionalmente, se haría reaccionar a dichos compuestos a través de descargas eléctricas entre dos electrodos. Todo con la finalidad de imitar los rayos que debieron caer por las tormentas de la época.

Efectivamente, al poner todos los ingredientes en la mezcla, Miller logró detectar la presencia de aminoácidos y otros compuestos orgánicos prebióticos en el agua. Como consecuencia, tal como se presentó en su momento, se confirmó que la materia inorgánica podía reaccionar químicamente para generar las piezas moleculares fundamentales de las proteínas (aminoácidos) y otros compuestos afines.

El detalle de todo está en que, para el momento, Miller no tomó en cuenta un elemento extra que añadió a la mezcla. La “sustancia X” de este experimento fue el vidrio que colaboró como parte de los compuestos que se usaron para imitar el origen de la vida.

El vidrio como factor determinante en el experimento sobre el origen de la vida

Una investigación mucho más reciente, publicada este año en Scientific Reports, sí ha tomado en cuenta ese factor y analizó el efecto que tuvo en el experimento de Miller. Para eso, fue necesario identificar con claridad el tipo de vidrio que se usó en el ensayo para simular el origen de la vida.

Específicamente, se sabe que se empleó un tipo particular de vidrio con óxidos de silicio (sílice) y boro para crear el tanque del experimento. Entonces, para la investigación más nueva, se realizaron tres modelos de prueba.

El primero tenía un tanque de vidrio de borosilicato –tal como el experimento original–. Luego, se tenía un segundo, pero con vidrio de un material químicamente inerte (teflón). Finalmente, el último también era de teflón, pero se añadieron partículas de vidrio de borosilicato al agua. Solo los modelos en los que estaba presente el vidrio químicamente reactivo generaron las mezclas necesarias para crear partículas orgánicas.

¿Por qué?

Según lo que se observó, los gases que imitaban a la atmósfera primigenia lograron interactuar con el vidrio y descomponerlo. De esa forma, sus partículas terminaron el agua generando un pH básico. Uno que, además, luego funcionó como catalizador para que se dieran las reacciones que permitieron la creación de aminoácidos y otros componentes prebióticos.

¿Qué significa eso?

Según lo explicado por los científicos, la inesperada participación el vidrio en el experimento sobre la formación de la vida igual nos habla de los primeros años de la Tierra. Específicamente, nos cuenta cómo las rocas del planeta pudieron actuar igual que él vidrio y ser las proveedoras de los compuestos necesarios para crear un pH básico en el agua.

Por lo que, junto a los demás elementos, fueron también una parte vital del proceso inicial que dio pie a la creación de los primeros compuestos que darían paso a la vida orgánica.

Referencia:

The role of borosilicate glass in Miller-Urey experiment (2021) Scientific Reports: DOI: 10.1038/s41598-021-00235-4

Mineral self-organization on a lifeless planet (2020) Physics of Life Reviews: DOI: 10.1016/j.plrev.2020.01.001

A Universal Geochemical Scenario for Formamide Condensation and Prebiotic Chemistry (2018) Chemistry Europe: DOI: 10.1002/chem.201803889

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