Hace unos 70 años, las mujeres debían esperar una semana para saber si estaban embarazadas luego de dejar una muestra de orina en un laboratorio. Sin embargo, una diseñadora visionaria llamada Margaret Crane decidió que cambiaría eso.

En 1967, mientras Crane, de 26 años, trabajaba con el diseño gráfico de la compañía Organon Pharmaceuticals en West Orange, New Jersey, observó una fila de probetas sobre una superficie con espejo. Al preguntar de qué se trataba, le explicaron que estas eran muestras de orina para pruebas de embarazo.

En una entrevista a BBC Mundo, Crane comentó: “Mirándolos, inmediatamente pensé que sería muy sencillo que las mujeres lo hicieran ellas mismas en casa… así que intenté hacer lo posible para que así fuera”.

Así, con ayuda de algunos químicos de la compañía farmacéutica, se puso manos a la obra para diseñar un dispositivo casero. Pero primero, debía entender cómo funcionaba la prueba de laboratorio original.

Esta se llama Prueba de Inhibición de la Hemaglutinación y funciona con reactivantes químicos que detectan la hormona gonadotropina coriónica (hCG), que es la que generan las mujeres durante el embarazo. Al ser detectada, se generaba un círculo rojo en la base, el cual se reflejaba en el espejo.

Esta es una Prueba de Inhibición de la Hemaglutinación. Las muestras con el círculo rojo, son de mujeres que están embarazadas.

Luego de entender el mecanismo, Crane llegó a su casa en Nueva York y, con sus conocimientos en diseño, buscó la manera de idear algo que pudiera sujetar un tubo y un espejo. Luego de pensarlo mucho, encontró la solución en un objeto que veía todos los días:

Tenía una pequeña caja de plástico donde guardaba clips y me di cuenta de que era perfecto, tenía la forma perfecta, podías ver a través de él, poner un espejo e incluir un cuentagotas”.

Así, logró crear Predictor, el primer prototipo de prueba de embarazo casera. Una idea novedosa que pronto cambiaría todo el proceso.

Sin embargo, luego de presentarlo a sus jefes, estos no estaban tan convencidos. Creían que no era buena idea y, según cuenta Crane, casi se reían de su invento.

Temían que poner directamente en manos de las usuarias un producto así acabaría con el negocio del laboratorio y pensaron que además a los médicos no les gustaría la idea”.

Sin embargo, a finales de los sesenta, Margaret Crane logró comercializar su Predictor, pero no gracias a sus jefes. Lo hizo con ayuda de la casa matriz de la farmacéutica ubicada en Holanda, a quienes la idea les pareció excelente debido al mercado europeo:

A los directivos holandeses les pareció una estupenda idea porque en Europa ya tenían productos de venta directa al consumidor que funcionaban”.

Un giro inesperado

En 1969, la compañía ya estaría comercializando dos patentes a nombre de Margaret Crane. Sin embargo, ella misma confesó que se le había dificultado gestionar todo el proceso por sí misma, pues le costaría miles de dólares.

Debido a eso, decidió renunciar a la patente a cambio de un dólar.

Sin embargo, a pesar de todo, está feliz con su decisión:

Estoy contenta de haberlo hecho porque realmente quería que este producto saliera adelante”.

Así, la compañía contrató a un equipo de diseñadores de producto y publicistas para empezar a lanzar el producto. Crane pidió asistir a las reuniones para poder llevar su prototipo.

Al finalizar su presentación, uno de los publicistas, Ira Sturtevant, se acercó a ella para ver el producto y preguntarle más sobre él. En ese momento, Margaret Crane supo que pasaría el resto de su vida con él.

Y así ha sido, pues se casaron y estuvieron juntos hasta que este falleció en el año 2004. Durante su matrimonio, ambos fundaron Ponzi&Weill, una agencia de publicidad que estuvo a cargo del mercadeo del producto.

Digno de un museo

Primer prototipo de Predictor, 1968

Sin embargo, la verdad es que la historia del Predictor era conocida solamente por familiares y amigos de Margaret Crane, pues nunca se animó a darla a conocer. Sin embargo, en el año 2012 los Institutos Nacionales para la Salud de EE.UU. (NIH, por su sigla en inglés), la institución Smithsonian y la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) decidieron investigar sobre los primeros tests de embarazo caseros.

Fue ahí cuando Crane se animó a contar su historia, y como aún guardaba su prototipo, lo puso a disposición para el archivo de estas organizaciones.

Hoy en día, el museo de Historia de América mantiene en exposición dicho dispositivo, pues según Alexandra Lord, directora y conservadora de la división de Ciencia y Medicina del Museo, este “cambió la forma en que las mujeres supieron de su embarazo, dándoles más control para saber en sus propios términos y en la privacidad de su casa”.

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