Todos hemos experimentado esa incómoda sensación de náuseas que puede o no venir acompañada por otros síntomas como el mareo. Igualmente, también hemos tenido la oportunidad de comprobar cómo salir a tomar aire fresco o abrir una ventana para dejarlo entrar puede hacer que la náusea se detenga.

En la actualidad, la idea de que un poco de aire puede ayudarnos a superar dicha sensación incómoda es de conocimiento general. Pero… el por qué es capaz de ayudarnos es una historia totalmente distinta. Por ese motivo, vale la pena profundizar un poco en el tema para entender los procesos que se llevan a cabo dentro de nuestro organismo.

¿De dónde vienen las náuseas?

Antes de preguntarnos cómo el aire fresco nos ayuda a controlar la náusea, es conveniente que entendamos de dónde viene. En general, ella es producida por un desequilibrio térmico en el organismo. Pero él no aparece de la nada, por lo que también vale la pena conocer su origen: el mareo por movimiento.

A pesar de que es un mal que nos ha aquejado por décadas –siendo detectado por primera vez entre marineros hace 150 años–, solo hace poco se lo ha comenzado a estudiar.

Persona con náusea.
Vía stock.adobe.com

El primer estudio sobre el tema se presentó en el 2014 en la revista Temperature. Desde entonces, hemos podido asociar el mareo por movimiento con síntomas como las náuseas, el vómito y la sudoración. Asimismo, se observa que la temperatura corporal de las personas suele descender cuando sufren dicha condición.

Por un lado, parte del descenso se debe a la dilatación de los capilares de la piel. Debido a eso, más sangre fluye cerca de la superficie de la piel y pierde calor al liberarlo al ambiente. Como si fuera poco, a pesar de que la temperatura central baja, nuestro sistema nervioso central hace que nos sintamos acalorados (en un intento por regular nuestra temperatura nuevamente).

Debido a eso, las personas pueden comenzar a tener un “sudor frío” que termina por bajar incluso más su temperatura. Al final, se pueden presentar incluso casos leves de hipotermia. Es justamente ese vaivén térmico el que termina por generar la sensación de náusea.

Entonces… ¿cómo el aire fresco nos ayuda a controlar la náusea?

Básicamente, el aire frío nos ofrece una herramienta de regulación térmica que alivia un poco el desequilibrio que originó la náusea en primer lugar.

En otras palabras, el recibir un poco de aire fresco o incluso el colocar una compresa fría en zonas como el cuello o la cabeza pueden ayudar al organismo a equilibrarse un poco de nuevo. Eso debido a que disminuirán la sensación de calor y sofoco que se puede desencadenar en muchas personas.

¿Por qué pasa esto?

Por ahora, no se sabe exactamente qué lleva al mareo por movimiento a causar toda esta cadena de desequilibrios térmicos. La ciencia sospecha que podría ser simplemente el resultado de una respuesta adaptativa que recibe la influencia de mecanismos a nivel celular que son mal entendidos.

Asimismo, tampoco se tiene una idea clara de cómo los cambios de temperatura terminan originando la sensación de náuseas. Sin embargo, se tiene la teoría de que tanto las náuseas como el bajón de temperatura pueden ser mecanismos correlacionados que hacen presencia cuando nuestro organismo debe defenderse de las toxinas.

Después de todo, la náusea nos ayuda a eliminar las toxinas de nuestro sistema; mientras que el bajón de temperatura puede estar ligado a la “hipotermia defensiva”. Esa última consiste en la concentración de la energía del organismo en un solo punto para defenderlo contra una posible amenaza, por lo que el resto del cuerpo no genera tanto calor.

Referencia:

Insurmountable Heat: The Evolution And Persistence Of Defensive Hyperthermia (2016) The Quarterly Review of Biology: http://www.danielmtfessler.com/wp-content/uploads/2013/12/Clint-and-Fessler-2016-Insurmountable-Heat.pdf

Motion sickness, nausea and thermoregulation: The “toxic” hypothesis (2014) Temperature: https://dx.doi.org/10.4161%2F23328940.2014.982047

Current concepts of active vasodilation in human skin (2016) Temperature: https://dx.doi.org/10.1080%2F23328940.2016.1200203

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