Cuando se habla de vacunas, algunas personas podrían sentir temor, pero no necesariamente por desconfiar de su efectividad, sino por su forma de administración. Las agujas causan dolor y para muchas personas tan solo verlas puede resultar traumático. Por ello, en el contexto de la pandemia de COVID-19, los científicos han propuesto una forma diferente de administrar las vacunas: a través de parches cutáneos.

En un artículo publicado en Sciende Advances describen las particularidades de esta ingenio médico tan prometedor. Entre ellas, su tamaño, estabilidad a temperatura ambiente y posibilidad de administrarse sin personal especializado. Pero, por sobre todo, esta podría ser una solución para aquellos países en las que mantener la cadena de frío es costoso o imposible.

Las metas de vacunación aún están lejos de cumplirse

Si bien muchas personas ya se han vacunado por completo contra el coronavirus SARS-CoV-2 y esperan plácidamente una tercera dosis, la realidad a nivel mundial es un poco menos prometedora. Se estima que el 49 por ciento de las personas han recibido al menos una dosis de la vacuna Covid-19, pero miles de millones más todavía están esperando su primera inyección.

La Organización Mundial de la Salud ha planteado como meta vacunar al menos al 40 por ciento de los habitantes de África este año; pero a este ritmo, se proyecta que apenas cinco de las 54 naciones del continente lograrán dicho objetivo.

Desde fases tempranas de la pandemia los investigadores advirtieron que la distribución de las vacunas contra COVID-19 sería un gran desafío. Entre las razones figuraron los diferencias económicas en las naciones del mundo, así como las dificultades de almacenamiento en frío. Aún hoy estos siguen siendo grandes obstáculos.

Sin embargo, hay muchos problemas adicionales. Uno de ellos es la reticencia de muchas personas a las vacunas, el escepticismo respecto a los riesgos que supone la COVID-19 y la escasez de jeringas para administrarlas a tantas personas en tan poco tiempo.

Otra forma de administrar las vacunas contra COVID-19

Conscientes de todo esto, los investigadores han estado evaluando otras vías de administración más sencillas que no sacrifiquen la eficacia ni la seguridad de las vacunas contra COVID-19, y entre las opciones más prometedoras figuran los parches.

“Queríamos encontrar una alternativa que fuera lo suficientemente estable como para llegar hasta el último kilómetro, especialmente en entornos con recursos limitados”, dice David Muller de la Universidad de Queensland en Brisbane, Australia.

Él y sus colegas han dedicado años de investigación al desarrollo de un parche cutáneo para administrar vacunas contra la influenza, la poliomielitis, el dengue y otras enfermedades sin necesidad de agujas o de los costosos congeladores de vacunas. En el contexto de esta pandemia, un desarrollo de este tipo podría ayudar a acelerar la administración de las vacunas contra el coronavirus.

Un parche pequeño, estable a temperatura ambiente y accesible

Parche comparado con una jeringa para administrar vacunas contra COVID-19.
El parche HD-MAP y la aguja de calibre 27. Crédito: DOI: 10.1126/sciadv.abj8065

La propuesta que arrojó su nuevo estudio es un parche de piel de un centímetro de ancho salpicados de 5,000 picos de plástico. Cada uno de los picos mide un cuarto de milímetro de largo y está recubierto con una vacuna seca que es la que administrará a las personas. El parche administraría la vacuna contra COVID-19 con un aplicador que la presiona e introduce en la capa superior de la piel sin causar dolor.

Los investigadores sostienen que la vacuna seca es más estable que las formas líquidas a las que estamos acostumbrados. Pero sus ventajas son aún más numerosas pues las vacunas administradas de esta forma tienden a provocar respuestas inmunes más fuertes que las inyectadas. Al parecer, la explicación radica en la alta presencia de células inmunes en la piel.

Parches probados con HexaPro, una vacuna contra COVID-19 aún no aprobada

Y aunque ya hay varias vacunas contra COVID-19 disponibles en el mercado mundial, los investigadores decidieron probar el desempeño de los parches cutáneos con HexaPro, una candidata desarrollada por la Universidad de Texas en Austin que aún se encuentra en fase de ensayos clínicos.

La razón fue simple: practicidad. Esta vacuna es más resistente a los cambios de temperatura que las de Pfizer y Moderna. Según el artículo, HexaPro se mantuvo estable durante al menos un mes en el parche cutáneo almacenada a 25 °C y durante una semana a 40 °C. Además, es más fácil de fabricar en comparación con estas y otras en el mercado.

Las pruebas se realizaron en ratones y los resultados de estas fueron muy alentadores. Los roedores que recibieron la vacuna contra COVID-19 a través del parche desarrollaron más anticuerpos contra el coronavirus que los inyectados. De hecho, parecían completamente protegidos con una sola dosis.

Para el próximo año, el equipo espera poder probarlo en humanos a fin de evaluar su eficacia y seguridad con mayor detalle. De aprobarse, no solo tendríamos la solución para quienes se resisten a vacunarse por miedo a las agujas, sino una opción que podría acelerar la vacunación a nivel mundial.

Referencia:

Complete protection by a single-dose skin patch–delivered SARS-CoV-2 spike vaccine. https://www.science.org/doi/10.1126/sciadv.abj8065

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