La ceguera ha sido uno de los grandes desafíos que han tenido que enfrentar los médicos y científicos a lo largo de la historia. Incluso hoy, con varias opciones prometedoras tanto en prevención como en tratamiento, es una condición difícil de abordar. Sin embargo, un logro reciente podría revolucionar por completo la forma en que estos se conciben. Y es que una mujer ha logrado recuperar la vista gracias a una prótesis implantada en su cerebro.

Suena sencillo, pero claramente no lo es. Aún así, tanto la ciencia como la paciente se arriesgaron y el resultado ha sido fenomenal. Los científicos a cargo publicaron los detalles de esta proeza en un artículo en Journal of Clinical Investigation.

Neuropatía óptica tóxica

Berna Gómez fue diagnosticada con una condición médica denominada neuropatía óptica tóxica a la temprana edad de 42 años. En poco tiempo, la enfermedad destruyó los nervios ópticos que conectan sus ojos con su cerebro y le causó una ceguera permanente.

Gómez vivió con su diagnóstico durante mucho tiempo hasta que, en 2018, a sus 57 años de edad, decidió darse otra oportunidad. Entonces se ofreció como voluntaria para recibir una prótesis visual implantada directamente en su cerebro, un procedimiento innovador pero que prometía devolver la vista.

Una prótesis visual que se implanta directamente en el cerebro

La apuesta era un electrodo diminuto con cien microagujas que se implantaría en la región encargada del procesamiento visual a nivel del cerebro. Este medía aproximadamente 4 mm por 4 mm, y estaba destinado a retirarse seis meses después.

El dispositivo, conocido como Prótesis de Moran|Cortivis, va más allá del ojo y del nervio óptico, dirigiéndose directamente a la fuente de percepción visual en el cerebro. Es por ello que, para implantarlo, fue necesario hacer una neurocirugía.

4 horas de pruebas visuales diarias durante seis meses

La cirugía para implantar el dispositivo se llevó a cabo en España. Tras superar esta fase, Gómez cumplió un estricto período de pruebas durante los siguiente seis meses. Todos los días someterse a pruebas y entrenamiento especial en un laboratorio para adaptarse a su nueva prótesis mientras los científicos monitoreaban su progreso.

El proceso fue lento. Los primeros dos meses, Gómez debió aprender a diferenciar entre los puntitos de luz espontáneos que aún eran “visibles” en su mente en la ceguera y los puntos de luz inducidos por la estimulación directa de su prótesis. Y lo logró, pasando así a pruebas más minuciosas.

Puntos de luz de intensidad y color variables

Lo siguiente fue estimular un electrodo de su prótesis, luego dos simultáneamente. Al principio, Gómez informó que vio un pinchazo de luz denominado fosfeno, cuya intensidad dependía de la fuerza de la estimulación. Podría presentarse más brillante, difuminado, de color blanco o de un tono sepia, pero ella lo veía, y se hicieron más evidentes con estimulación doble.

Entonces empezó a ver líneas, y aunque le tomó tiempo diferenciar correctamente entre patrones horizontales y verticales, también lo logró. Según escriben los autores en su artículo, Gómez informó que estas “percepciones tenían formas más alargadas cuando aumentamos la distancia entre los electrodos estimulantes”.

De ahí concluyeron que el tamaño y la apariencia del fosfeno que veía la paciente no dependía únicamente del número de electrodos estimulados; también dependía de su distribución en el espacio.

Capaz de ver letras nuevamente

Berna Gómez con anteojos especiales después de la implantación de la prótesis que restauró su vista desde el cerebro.

Durante el último mes de pruebas, los investigadores quisieron evaluar la posibilidad de que Gómez, una profesora, viera letras con la prótesis visual implantada en su cerebro. Para ello, estimularon simultáneamente hasta 16 electrodos en diferentes patrones.

Fue este el momento más importante de este largo trayecto de recuperación. Gómez pudo identificar algunas letras como I, L, C, V y O, incluso diferenciando la versión minúscula de la mayúscula en esta última.

Luego, los investigadores le colocaron a Gómez anteojos especiales vinculados a una cámara de video en miniatura; esta escaneaba los objetos que se encontraban frente a ella y luego estimulaba las diferentes combinaciones de electrodos en su cerebro a través de la prótesis. Este proceso daba lugar a imágenes visuales simples en la mente de la paciente.

Diferenciando formas bidimensionales

Por último, los anteojos le permitieron diferenciar los bordes contrastantes de las barras blancas y negras sobre cartón. También logró encontrar la ubicación de un gran cuadrado blanco en la mitad izquierda o derecha de la pantalla de una computadora.

La mejor parte fue que la práctica parecía mejorar la agudeza de Gómez en las tareas. Mientras más practicaba, más rápido veía, por lo que los resultados de la implantación de la prótesis visual en el cerebro son realmente alentadores.

Por si fuera poco, tampoco hubo efectos adversos notables en el período posterior a la neurocirugía. Los científicos no encontraron evidencia de muerte neuronal ni ataques epilépticos como podría sugerir un procedimiento de este tipo. Esto quiere decir que la microestimulación es una vía segura para restaurar la visión funcional en personas con daños irreversibles en sus nervios ópticos.

Referencia:

Visual percepts evoked with an Intracortical 96-channel microelectrode array inserted in human occipital cortex. https://www.jci.org/articles/view/151331

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