Las consecuencias del cambio climático impulsado por el efecto invernadero son cada vez más evidentes. Con ellas, también nos hacemos cada vez más conscientes de los elementos que fomentan el crecimiento de dicho problema. Entre tantos, la emisión de metano por parte de las vacas parece ser un factor de peso, por lo que se han buscado formas de evitar que sigan produciendo tanto de tal gas dañino.

De acuerdo a Phys.org, la AFP ha reportado que entre la agricultura y la ganadería se genera al menos el 40% del metano relacionado con actividades humanas. Por su parte, el porcentaje restante queda ligado con la industria de los combustibles fósiles.

¿Por qué debemos cuidarnos del metano?

Al igual que el dióxido de carbono, el metano es un gas que colabora de forma exponencial a la formación del efecto invernadero. La diferencia entre ambos radica en la potencia y duración de cada uno.

Por un lado, el CO2 es el más duradero de ambos, pudiendo quedar atrapado en la atmósfera por siglos. Por su parte, el metano suele desaparecer poco después de una década, un unos aproximados 12 años específicamente.

Ahora, su relativa “breve” estadía en las alturas se compensa con un efecto mucho más fuerte y notorio sobre el calentamiento de la Tierra. De hecho, el metano es 25 veces más potente que el dióxido de carbono como gas de efecto invernadero. De allí que se estén pensando en formas de evitar las emisiones de metano en todos los ámbitos, lo que por supuesto incluye a las vacas.

¿Podemos evitar que las vacas emitan tanto metano?

Según recientes iniciativas… sí. De acuerdo a lo que se sabe, la mayor proporción de metano emitido por las vacas viene de sus fosas nasales y boca. Por ese motivo, si queremos evitar su producción, entonces esas son las áreas a las que debemos prestar atención.

Al menos eso es lo que ha pensado el gigante agrícola estadounidense Cargill. Actualmente, se ha asociado con la empresa británica ZELP (Zero Emissions Livestock Project) para desarrollar una “máscara para las vacas”.

Con ella, se puede evitar que las vacas liberen metano al ambiente al atraparlo en la máscara. Luego, se filtra el metano y se lo transforma en CO2 antes de ser liberado. De esa forma, los efectos inmediatos sobre el efecto invernadero se harían menos fuertes, reduciendo las emisiones de metano a casi la mitad.

Por otro lado, otra idea posible es trabajar con cambios en la dieta de las vacas que ayuden a evitar que emitan metano. Para eso, Cargill ha propuesto el uso de un aditivo alimentario de nitrato de calcio. Con tan solo 200 gramos se cree que se podría reducir hasta un 10% de las emisiones.

A pesar de eso, la corona indiscutible se la llevan las algas rojas, que podrían disminuir las emisiones en un 80%. El al menos según un estudio recientemente publicado en Estados Unidos, de acuerdo a lo dicho por la AFP.

Los beneficios para el mundo

Como bien sabemos, el efecto invernadero está desatando los efectos del cambio climático. Un elemento que, a su vez, está causando desequilibrios ambientales en todo el planeta afectando a los ecosistemas animales, aumentando en índice de incidencia de desastres naturales e incluso interfiriendo con nuestra cotidianidad.

Evitar que las vacas y otros elementos de diferentes gremios emitan metano podrá ayudar a controlar un poco más la situación del efecto invernadero. Un detalle que, en tan solo décadas, podría mostrar con creces sus positivos frutos.

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