Muchos creen que los besos son manifestaciones y de afecto y socialización únicas de los seres humanos, pero un nuevo estudio sobre los perros de la pradera sugiere lo contrario. Entre estos pequeños roedores regordetes las relaciones sociales son particularmente intrincadas, pero la frecuencia de este tipo de contacto puede adelantarnos un poco sobre la relación entre dos o más individuos.

Más allá de ser un dato curioso para los estudiosos de la vida animal salvaje, el hallazo podría ser útil para futuros esfuerzos de conservación. Jennifer Verdolin, profesora asistente de biología de la conservación en la Escuela de Recursos Naturales y Medio Ambiente de la Universidad de Arizona, explica en su artículo en la revista Behaviour el porqué.

Los perros de la pradera tienen una estructura social intrincada

Verdolin ha estudiado a los perros de la pradera durante casi dos décadas, aprendiendo sobre sus relaciones sociales y mecanismos de supervivencia. Aunque lucen desvalidos y son confundidos frecuentemente con ratas, la realidad es que se trata de una especie fascinante.

Para empezar, tienen un lenguaje único diferenciado con dialectos, como ocurre también entre los humanos. Y aunque se pensó por mucho tiempo que sus sociedades se basaban en jerarquías, la investigadora descubrió que son muy colaborativos y afectuosos a pesar de las diferencias culturales entre colonias.

Pero quizás lo más curioso es cómo los besos son una expresión habitual entre los perros de la pradera. “Se saludan con un beso y los individuos que se besan y no pelean después pertenecen al mismo grupo social y territorio”, dice Verdolin. “Todo lo que necesitas hacer es mirar. Cuantas más veces se hayan besado, más fuerte será la conexión”.

Casi libres de jerarquías

Verdolin observó 80 perros de la pradera entre los cuales había unas 14 redes sociales establecidas, y obviamente besos entre ellas. Después de analizarlas, descubrió que en realidad no tienen una estructura social jerárquica; es decir, no había una estructura de harem como se pensaba. En cambio, la mayoría de estas redes están formadas por varios hombres y varias mujeres.

“En realidad, esto va en contra de la mayoría de la literatura sobre los perros de la pradera, que dice que hay un solo macho y un harén de hembras. Eso simplemente no es lo que estamos viendo ”, dice Verdolin. “Todo el mundo está besando a todo el mundo, y los bebés son el resultado de toda esa actividad”.

Perro de la pradera sobre el suelo mirando hacia arriba a la derecha.

Ahora bien, esto no quiere decir que todas las relaciones sociales establecidas entre ellos sean iguales. De hecho, hay puentes y centros comunitarios; los primeros los establecen los miembros que besan a miembros de grupos sociales vecinos; los segundos, los constituyen aquellos que parecen recibir todos los besos.

Consciente de ello, la investigadora se propuso mapear de forma más detallada las complejidades de la dinámica social de estos roedores. El resultado fue una compilación de datos que iban desde cuántos amigos tenía un individuo en particular (centralidad de grado) hasta cuántas conexiones sociales facilitó un perro de la pradera individual (centralidad de intermediación).

¿Por qué los besos entre los perros de la pradera son importantes para su conservación?

Comprender las intrincadas redes sociales de la especie es de vital importancia para plantear mejores esfuerzos de conservación. Factores como la presencia de depredadores en su hábitat, las condiciones ambientales y la disponibilidad de alimentos tienen gran influencia en la cohesión de estas relaciones y el comportamiento de supervivencia.

El estudio de los besos entre los perros de la pradera podría a los individuos más cercanos, y podría ayudar a predecir los grupos que se formarán en caso de que los recursos alimenticios sean escasos.

Aunque suene cruel incluso en una sociedad en la que todos se están besando, las leyes de la naturaleza con implacables; este tipo de comportamiento de “fusión por fisión” constituye un mecanismo de supervivencia. Una vez que los recursos vuelven a abundar, los grupos pueden volver a unirse y compartir nuevamente.

“Aquí, básicamente tenemos una especie que mantiene un territorio durante todo el año, mantiene un grupo social durante todo el año, y la cantidad de comida disponible cambiará la forma en que interactúan entre sí, la fuerza de esas interacciones y la frecuencia de esas interacciones”.

El éxito de los esfuerzos de conservación es bajo, pero podría mejorar

El éxito de la mayoría de los esfuerzos de conservación de esta especie es muy bajo, lo que a su vez acarrea consecuencias para las más de 100 especies que se benefician de su presencia. Es por ello que, siendo vulnerables a ciertas amenazas, la reubicación no puede ser simplemente moverlos a un sitio similar a su hábitat.

Los perros de la pradera de Gunnison, la especie en la que Verdolin se centró para este estudio, no solo se besan y mantienen relaciones en función de la abundancia de los alimentos. Otros factores como el tamaño del grupo, la orientación espacial de sus miembros y el impacto de ellos sobre las relaciones sociales son dignos de consideración a la hora de reubicarlos.

Referencia:

Resource availability influences global social network properties in Gunnison’s prairie dogs (Cynomys gunnisoni). https://brill.com/view/journals/beh/aop/article-10.1163-1568539X-bja10118/article-10.1163-1568539X-bja10118.xml

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