La frase “cada cabeza es un mundo” hoy tiene más vigencia que nunca. Todo gracias a que recientemente la ciencia ha corroborado que el cerebro humano posee una “huella dactilar” única para cada individuo. Por lo que, cada registro que se hace de nuestras señales neuronales es un reflejo inconfundible que se corresponde solo con nuestra mente.

Para poder comprobar dicha cualidad los investigadores Dimitri Van De Ville, Younes Farouj, Maria Giulia Preti, Raphaël Liégeois trabajaron en equipo bajo la dirección de Enrico Amico. Al final, el resultado de sus esfuerzos se publicó en Science Advances.

La “huella dactilar” de nuestro cerebro

La actual no ha sido la primera investigación que nos ha permitido ver que nuestros cerebros tienen identificadores únicos para cada uno de nosotros. Sin embargo, sí se ha posicionado como una de las más profundas y detalladas del ámbito.

Todo gracias al esfuerzo especial colocado por el equipo de investigación de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), en Suiza. Con ellos, no solo se ha logrado determinar qué signos de actividad cerebral conforman la “huella dactilar” de nuestro cerebro, sino como ellos pueden cambiar en el tiempo.

Neurociencia de redes: trazando el mapa de la “huella dactilar” del cerebro

Huella dactilar única del cerebro.
Crédito: Enrico Amico.

La mente detrás de todo el nuevo estudio ha sido Amico, científico y becario de la SNSF Ambizione en el Laboratorio de Procesamiento de Imágenes Médicas de la EPFL y en el Centro de Neuroprótesis de la EPFL. Gracias a su interés en el tema, ahora hemos podido dar los primeros pasos para entender realmente qué hace únicas a nuestras mentes.

Mi investigación examina las redes y las conexiones dentro del cerebro, y especialmente los vínculos entre las diferentes áreas, con el fin de obtener una mayor comprensión de cómo funcionan las cosas. (…) Lo hacemos en gran medida utilizando escáneres de resonancia magnética, que miden la actividad cerebral durante un periodo de tiempo determinado”, acotó Amico.

A dichas lecturas se las conoce como ‘conectomas cerebrales funcionales’ y son producto de una técnica de modelado llamada neurociencia de redes. Con ella, se construyen mapas o redes de actividad neuronal que permiten observar con más claridad los patrones a través de los cuales se maneja el cerebro.

Ahora, gracias a investigaciones como las de Amico, sabemos que cada uno de esos patrones es una “huella dactilar” única de cada cerebro. Para representarlos, se los ha graficado como matrices de colores que presentan patrones únicos.

La precisión toma su tiempo

Su investigación además también buscaba averiguar cuándo demoraba el cerebro en manifestar nuestros patrones de pensamiento únicos. Inicialmente, se pensaba que tal vez 7 segundos serían suficientes, pero luego se probó que ello no era cierto.

De hecho, las nuevas mediciones demostraron que se requería al menos 1 minuto con 40 segundos para poder tener una lectura clara. Además de eso, se notó que los patrones tendían a aparecer en un orden específico.

Por ejemplo, las áreas sensoriales del cerebro (y particularmente las asociadas al movimiento de los ojos, a la atención y percepción visual) solían ser las primeras en manifestarse. Un poco más tarde, otras regiones asociadas a funciones cognitivas más complejas (ubicadas en el córtex frontal) empezaban a aparecer también.

Posibilidades futuras

De acuerdo a Amico, las lecturas de la huella digital del cerebro pueden cambiar en una persona con el paso del tiempo. Sin embargo, esos cambios podrían verse de forma particularmente notoria en personas con enfermedades neurodegenerativas.

Es como si una persona con Alzheimer perdiera su identidad cerebral”, comentó Amico. En un futuro, ese conocimiento no solo podría ayudar a detectar tempranamente el avance de las enfermedades neuronales sino a comprender mejor cómo afectan a nuestros procesos cerebrales. Algo que, a la larga, nos ayudará a hacer frente de mejor forma a ese tipo de condiciones.

Referencia:

When makes you unique: temporality of the human brain fingerprint: https://doi.org/10.1126/sciadv.abj0751

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