Einstein, una de las mentes más brillantes del siglo pasado, vivió en Alemania durante una época muy complicada para la humanidad, y sobre todo para los judíos como él: la persecución antisemita durante la Segunda Guerra Mundial.

Su fama y el éxito de sus teorías hicieron que la atención se centrara en él, y en una Alemania en la que los judíos eran perseguidos, rápidamente sus descubrimientos científicos fueron catalogados como “física judía”. Con esto, empezó una campaña contra el brillante físico, apoyada por otros de sus colegas que fueron reclutados por los nazis para denunciar sus descubrimientos. Algunos de ellos fueron los premios Nobel Philipp Lenard y Johannes Stark.

En 1922, la situación en el país se había agravado y Einstein ya sospechaba lo que ocurriría. Debido a esto, le escribió una carta a su hermana en la que le explicaba que temía por su seguridad y la de los otros judíos, y le notificaba que abandonaría Berlín. Se cree que se había mudado a la ciudad de Kiel, al norte de Alemania, en donde permanecía incógnito para resguardarse de los nazis.

Para 1931, un libro en su contra se había publicado. Se titulaba ‘Cien autores contra Einstein’ y fue una recopilación de opiniones de varios científicos para desprestigiar sus investigaciones. Como probablemente sabes, Einstein era reconocido por su buen humor (lo demuestra una famosa fotografía en la que aparece sacando la lengua), así que cuando le preguntaron qué opinaba sobre las opiniones de los cien científicos, él solo exclamó:

¡Si yo estuviese equivocado, uno solo habría sido suficiente!”.

Einstein sacando la lengua: el origen de la famosa fotografía - La Tercera

Sin embargo, no todo podía tomárselo con gracia, pues ya las amenazas estaban comenzando a escalar de nivel, al punto que una organización nazi publicó una revista con la foto de Einstein y la leyenda “Aún no colgado”. También le habían puesto un precio a su cabeza.

El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler se convirtió en canciller de Alemania. Einstein, quien había estado en el Instituto Tecnológico de California para entonces, en lugar de llegar a su casa, se fue directamente hacia el consulado de Alemania en Bélgica, y en ese mismo lugar renunció a su nacionalidad alemana.

Ya en este punto, Einstein comenzó a justificar la utilización de armas en la defensa contra los nazis. Por su parte, el nuevo gobierno alemán comenzó a remover a los profesores universitarios judíos de sus cargos y, al mismo tiempo, quemaron sus libros.

Einstein se mantuvo en Bélgica por algunos meses, luego se fue a Gran Bretaña. Allí, el genio prestó su apoyo a otros científicos judíos alemanes que habían perdido su empleo, por lo que le solicitó a distintos gobiernos y universidades de toda Europa que contrataran a sus colegas.

Cuando se le ofreció la ciudadanía británica, y a pesar de lo que podía esperarse, Einstein la rechazó y, en su lugar, se mudó a Estados Unidos en 1933. Jamás volvió a pisar Alemania. 

Una nueva vida en América

Albert Einstein - Canal HISTORIA

Einstein empezó a trabajar en el Instituto de Estudios Avanzados en Princeton, Nueva Jersey. Este se convirtió en el nuevo centro de física del mundo, y las noticias bromeaban con que el “Papa de la física” se había mudado a América y que Princeton era “el nuevo Vaticano”.

Pero estos no fueron años felices para el físico. Apenas en 1930 su hijo Eduard fue diagnosticado con esquizofrenia e internado para el resto de su vida, en 1933 su amigo cercano, el físico Paul Ehrenfest, se había suicidado. En 1936, su esposa también fallecería.

Y no conforme con todo esto, otros científicos habían empezado a considerar que su famosa ecuación, E = m c² , podría ayudar a crear una bomba atómica. ¿Por qué? Pues porque la fórmula indica que la energía (E) es igual a su masa (m) multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado (c²), es decir, que una pequeña cantidad de masa equivale a inmensas cantidades de energía.

En 1939, Einstein fue persuadido por el físico Leo Szilard y envió una carta al presidente Franklin D. Roosevelt en la que le hablaba sobre estas armas explosivas. En la carta explicaba que Alemania estaba desarrollando investigaciones y podría estar en camino en la creación de bombas atómicas, con lo cual le explicaba a Roosevelt que debía mantener contacto con los físicos expertos en el tema y destinar fondos para la experimentación.

Carta Einstein- Szilard, 1939

Si bien nunca sugirió la creación de una bomba atómica, muchos expertos consideran que esta carta fue crucial para su desarrollo, pues había instado al gobierno a impulsar la investigación nuclear.

Sin embargo, la participación de Einstein en el desarrollo de la bomba en el Proyecto Manhattan se mantuvo al margen. Años después, se descubrió que el gobierno de Estados Unidos temía que el genio se asociara a organizaciones pacifistas y socialistas. Incluso se consideró que debían mantener a Einstein fuera del país, pero la propuesta fue anulada por el Departamento de Estado.

Para 1940, el genio ya poseía la residencia norteamericana, aunque mantuvo su nacionalidad suiza. En lugar de participar en el Proyecto Manhattan, se le pidió que estudiara el diseño de futuras armas junto a la Marina.

El estallido

Portada de la revista TIME, 1945

Einstein se encontraba de vacaciones cuando se enteró de la terrible noticia: Estados Unidos había lanzado las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Para diciembre de ese año, se calculó que unas 110.000 personas habían muerto en ambas ciudades, ya fuera por el impacto como por la radiación que habían absorbido. Otros estudios aseguraron que el número ascendía a más de 210.000 fallecidos.

Einstein inmediatamente se unió a una agrupación internacional formada por el Comité de Emergencia de Científicos Atómicos, el cual tenía como objetivo frenar eventos como este y controlar la bomba atómica. Poco a poco, Einstein comenzó a interesarse por las actividades contra la guerra y los derechos civiles de los afroamericanos.

Aunque la revista TIME lo catalogara como “el padre de la bomba”, la verdad es que su aporte no había sido tan significativo. La ecuación que él había planteado realmente no daba las indicaciones para hacer una bomba, solo ayuda a entender cómo funciona.

Esto persiguió al científico durante toda su vida y mostró su arrepentimiento en varias oportunidades. De hecho, en 1952 se comunicó con la revista japonesa Kaizo para explicar que su motivación detrás de la carta era evitar que los alemanes fabricaran la bomba.

Cometí un gran error en mi vida cuando firmé la carta al presidente Roosevelt recomendándole que se fabricaran bombas atómicas”.

El genio dedicó la última década de su vida a los asuntos sobre pacifismo y prevención en la creación de armas nucleares. Semanas antes de morir, se pronunció por última vez sobre su temor a que Alemania fabricara bombas:

Si hubiera sabido que ese miedo no estaba justificado… no habría participado en abrir esta caja de Pandora”.

Einstein falleció en 1955 de un aneurisma aórtico. Sus teorías continúan siendo una fuerte referencia para la actualidad y, a pesar de haber sido desestimado por los nazis y haber jugado un papel importante en el desarrollo de la bomba atómica, continuará siendo una figura respetada y muy importante para la ciencia en el mundo.

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