Sus conceptos sobre el mundo han sido objeto de debate desde mediados del siglo pasado, y a pesar de que en su vida hizo críticas filosóficas de los postulados de Sócrates, Platón, Aristóteles, Immanuel Kant, Martin Heidegger y Karl Jaspers, ella misma no se considera una filósofa como tal. Hannah Arendt fue, sin duda, un personaje polémico del siglo pasado, y hoy te contaremos su historia.

Nació en Linden-Limmer, Alemania, el 14 de octubre de 1906, en el seno de una familia de judíos secularizados, pero posteriormente se mudaría a Königsberg, ciudad de donde provenían sus antepasados. Sin embargo, Hannah Arendt no permanecería para siempre en esta ciudad, sino que se mudaría a Hesse en 1924 para estudiar Filosofía en la Universidad de Marburgo.

Ahí conoció a su profesor Martin Heidegger, de quien se enamoró a pesar de los 17 años de edad que los separaban. Con este aprendería acerca del planteamiento de que pensar es una actividad, es decir, que las ideas no son simples conceptos abstractos sino que tienen el poder de transformar al mundo.

Debido al ambiente académico, Arendt y Heidegger tuvieron que mantener su relación en secreto, al punto que Arendt tuvo que cambiarse de universidad en 1926. Dos años después, se había doctorado en filosofía en la Universidad de Heidelberg, pero su relación con el filósofo no saldría a la luz sino hasta 1995, luego del fallecimiento de ambos.

Posteriormente conoció al que se convertiría en su primer esposo: Günter Stern, un académico del área de sociología.

Víctima del nazismo

Retrato de Hannah Arendt

Con la llegada de los nazis al poder, las cosas se tornaron difíciles para Arendt. En 1933 fue detenida durante ocho días por la Gestapo luego de hacer un estudio sobre la propaganda antisionista nazi. El mismo año, defendía activamente que se debía luchar contra el régimen nacionalsocialista.

Esto le costó la amistad con varios de sus compañeros como Leo Strauss, Benno von Wiese, e incluso rompió su relación con el propio Heidegger, quien ese año se unió al partido nazi para convertirse en Rector de la Universidad de Friburgo. Tiempo después, Hannah Arendt aseguraría que él solo estaba siendo utilizado por el partido, pero que realmente no compartía sus ideales.

Así, huyó a París, en donde residía su esposo, y se convirtió en apátrida. Esta condición moldeó su pensamiento filosófico, el cual se acercaba más al sionismo. Debido a diferencias ideológicas entre ella y Stern, quien estaba más integrado en el ambiente comunista, la pareja se terminó separando en 1937.

Posteriormente, Arendt conoció a Heinrich Blücher, alemán y ex comunista que se había opuesto a la política de Stalin, con quien se casaría en 1940. Este mismo año los franceses empezaron a deportar a los extranjeros de origen alemán y a ella la encerraron en el campo de internamiento de Gurs, de donde logró huir tras cinco semanas de confinamiento.

Su llegada a Norteamérica

Retrato de Hannah Arendt

Con ayuda del periodista estadounidense Varian Fry, logró obtener pasaportes para Lisboa para ella, su madre y su esposo. De ahí, volarían a Nueva York en mayo de 1941.

Desde entonces, comenzó con su carrera como autora y divulgadora. En 1951 publicó su obra más célebre, ‘Los orígenes del totalitarismo’, en la cual analiza las causas de la llegada del nazismo y del régimen soviético. Tal libro continúa vigente hoy en día, al punto que los ejemplares de este se agotaron en Amazon luego de la llegada de Donald Trump al poder en el año 2017.

En 1958 también publicó otra de sus grandes obras, ‘La condición humana’, una análisis histórico sobre el estado de la humanidad en la contemporaneidad, de y de cómo las personas son seres sociales por naturaleza. Esta además está ligada a su obra anterior, pues la misma defiende que el ser humano es incompatible con el totalitarismo, pues bajo este tipo de regímenes el humano no tiene espacio para la búsqueda de sentido a su propia vida.

En 1959, Hannah Arendt se convirtió en profesora en la Universidad de Princeton y posteriormente también fue catedrática en la Universidad de Chicago y en la New School for Social Research de Nueva York. Su pensamiento continúa siendo parte de las discusiones filosóficas actuales debido a lo extensa y detallista de su obra.

La banalidad del mal

Sesenta años del juicio a Adolf Eichmann: «Era como un molino que trituraba  a los judíos»
Adolf Eichmann durante su juicio, 1961

Un momento importante en la vida de Arendt fue en 1961 durante el juicio de Adolf Eichmann, un teniente coronel que había estado estuvo a cargo de los transportes de los deportados a los campos de concentración en Alemania y Europa del Este. Este juicio se convertiría en un elemento clave para su libro ‘Eichmann en Jerusalén’, una de las principales reflexiones acerca del mal durante esta época oscura.

En este juicio, y a pesar de lo que muchos esperaban, Eichmann se veía como un hombre ordinario. Literalmente no había nada malévolo en él que lo hubiera delatado como un criminal del Holocausto, ni siquiera rastros de fanatismo. Arendt describió lo siguiente al respecto:

Únicamente la pura y simple irreflexión (…) fue lo que le predispuso a convertirse en el mayor criminal de su tiempo. No era estupidez, sino una curiosa, y verdaderamente auténtica, incapacidad para pensar”.

Arendt llamó a esto “la banalidad del mal”, un nuevo tipo de maldad que, según ella, transforma a las personas en simples funcionarios que cumplen órdenes sin pensar. No habían pensamientos maliciosos, sino simples tareas por cumplir.

Sin embargo, esta reflexión no hizo que Eichmann se salvara de la pena de muerte ejecutada en 1962. Simplemente añadió la idea de la falta de reflexión en criminales que estaban “arrastrados por la propia maquinaria”.

Años después, un curioso experimento confirmaba lo que Arendt había estado planteando. Este es conocido como el experimento de la cárcel de Standford, del cual hablamos previamente. En este, encerraron a varios voluntarios en una cárcel y les asignaron los roles de policía o preso. Tuvieron que cancelar el experimento debido a los graves abusos de poder por parte de los carceleros hacia los reclusos, a pesar de que todos estaban al tanto de que se trataba de un estudio.

¿Por qué no fue una filósofa?

Retrato de Hannah Arendt

Arendt aseguró en varias oportunidades que ella no se consideraba a sí misma como una filósofa ni como una filósofa política, sino que su especialización estaba centrada en la teoría política. Sin embargo, aún así la incluyen en debates filosóficos actuales gracias a sus aportes.

Pero la verdad es que, según su punto de vista, hay una gran diferencia entre filosofía y política, al punto que considera incompatibles y contradictorias, aunque ambas podrían ser dos caras de la misma moneda. La primera está en el espectro de la contemplación de lo eterno, mientras que la segunda, en el de la acción relacionada a lo perdurable.

Por lo tanto, cuando Arendt aseguraba que su rama es la teoría política más allá de la filosofía, es porque su labor era observar la política en sí misma para entenderla, pero sin aplicar intenciones filosóficas en el asunto. Por lo tanto, esta paradoja ha causado debate en el gremio, pues hay quienes deciden aceptar su opinión y considerarla como una pensadora en teoría política, mientras que otros simplemente la encasillan en el marco filosófico.

De cualquier manera, esto no neutraliza el hecho de que Hannah Arendt fue una de las pensadoras más importantes del siglo pasado, cuyos postulados sobre el totalitarismo, la filosofía existencial y la modernidad se consideran como conceptos muy valiosos en la actualidad.

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